La dificultad para “salir del clóset” en México

De acuerdo un encuesta, el 43.7 por ciento de los mexicanos no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales

Compartir:

Para una niña de 10 años, sentir cariño por una compañera de clase es normal, pero qué pasa cuando espera cada mañana para verla de nuevo en la escuela y saber que su sonrisa y compañía complementan su mundo.

Eso fue lo que sintió Luisa Fernanda, diseñadora gráfica de ahora 27 años, cuando iba en quinto año de primaria y descubrió por primera vez su atracción hacia las mujeres, de una manera natural e inocente.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) 2010, 43.7 por ciento de los mexicanos no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales.

El acudir a un colegio de puras niñas en la primaria y secundaria, la hizo reconocer su gusto por las chicas, lo cual la hacía sentir bien, y aunque en el fondo sabía que no sería bien recibido por los demás, no fue algo que la incomodara o la hiciera sentir mal.

No obstante, los juicios y prejuicios de la familia así como de la sociedad la alcanzaron, ya que al entrar a la preparatoria, la depresión, la ansiedad, la soledad y las ganas de quitarse la vida, fueron el resultado del rechazo que ella recibió de la gente de su entorno.

La psicóloga y directora del Centro de Investigación Social y Atención Psicopedagógica, Joselyn González Lugo, destacó que la sociedad no está educada para aceptar la homosexualidad.

“Lo cual lleva a muchas personas de la comunidad LGBT, sobre todo en la adolescencia, a ciertos grados de ansiedad, depresión, soledad, rechazo social y temores” resalta.

Estar dentro del clóset, refiere, es vivir una doble vida, un sufrimiento por que tienen que mantenerse dentro de un límite, o tener una vida a la que no quiere pertenecer.

En entrevista con Notimex, la diseñadora detalla que al casi concluir la educación media superior, conoció a una pareja de chicas gay en la escuela, quienes fueron un oasis en medio de su desierto. Ahora ya no estaba sola, tenía a unas cómplices que le ayudarían, a salir poco a poco del “clóset” donde se había metido.

En este acercamiento con la pareja de mujeres, así como con su grupo de amigos, la ayudó para reconocer su homosexualidad abiertamente y por primera vez en muchos años, se sintió protegida y comprendió que no era algo malo.

Sin embargo, los sueños duraron poco y sus padres se enteraron de dicha situación. Su papá la enfrentó y la corrió de la casa a los 17 años, le dijo que prefería tener una hija prostituta a una hija lesbiana, lo cual fue fulminante para ella.

A partir de ese momento, Luisa Fernanda, empezó a mentirle a sus papás sobre los lugares a los que iba o las personas con las que estaba y comenzó a beber. Cuando entró a la universidad estas malas decisiones se intensificaron.

Tiempo después comenzó a salir con hombres “no era lo mío, no sentía lo mismo con ellos que cuando besaba a una chica, solo lo hacía para buscar aceptación de mi familia y de la sociedad”.

Una vez en la universidad, se “resignó” a su homosexualidad “nunca me he aceptado”; así que sin el consejo de su mamá, hermanos o amigos, inició relaciones esporádicas con compañeras de la escuela, quienes a su vez tenían parejas y que solo provocaron más vacío y soledad.

Lo anterior, señala, se volvió en un patrón de conducta, al grado de no poder entablar ninguna relación seria con las chicas con las que salía.

En ese sentido, la especialista señala que el proceso de aceptación es complejo, lo primero es visualizarse a uno mismo como homosexual, sentirse bien con lo que se es, entender que no hay nada de malo en esto.

Nadie nace con la conciencia homosexual, destaca, sino hasta que siente esta atracción con personas del mismo sexo y le dicen que no es correcto.

Otra parte para la aceptación, expone, es la integración con otros homosexuales, la convivencia diaria, el compartir experiencias, conocer a otros personas que están dentro del proceso o ya lo pasaron, lo cual es importante.

Es normal sentir pánico o miedo, aquí entra lo de las creencias religiosas tanto de la familia como de la persona, entran sus factores sociales, “lo que va a pensar la sociedad, como se lo explico a mis papás, que van a decir mis hermanos o mi familia”.

Ello, debido a que el chico gay escucha a los papás decir, “este maricón o esta marimacho” lo que provoca miedo “no cumplo con las expectativas de mis papás, de casarme y tener hijos siendo heterosexual”.

Asimismo, precisa que para llegar a dicha aceptación total, es necesario acudir con un profesional para pedir ayuda.

Por otro lado, datos de la encuesta de Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) indica que 50 por ciento de la población mexicana que la homosexualidad es un defecto moral y 85 por ciento piensa que este sector es discriminado en el país.

Hace tres años, la también directora de Arte “salió del clóset” con su mamá por medio de una carta y una cena. Aunque su madre le mostró su apoyo y comprensión, para ella no fue suficiente, pues no haberla defendido cuando su papá la corrió de la casa, es una herida abierta que no ha podido sanar.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...