De siempre supo Enrique Peña Nieto cuál sería el clima en que comparecería ante los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, pero, la noche del jueves, cualquiera que hubiese accedido a las redes sociales le habría aconsejado no asistir.
El plan para “darle la bienvenida” circuló instruyendo preguntas “incómodas”, manifestaciones tipo “performance”, en donde predominara el rostro del ex presidente Carlos Salinas, y hasta el uso de teléfonos celulares para documentar, en video, los supuestos impedimentos a ingresar al auditorio, o a la Universidad, de los comprometidos en la “bienvenida”.
Contra los supuestos, el candidato del PRI no se arrugó; se presentó a tiempo en la Ibero, escuchó de todo, propuso y contestó las preguntas “incómodas” referentes a Atenco, Salinas y la profesora Elba Esther Gordillo.
No fue una jornada fácil para Peña Nieto, pero, alertado sobre lo que ocurriría, se concretó a cumplir con el compromiso contraído. Una vez fuera de la institución, después de mantener la calma ante una turba aleccionada, reiteró su propósito de dialogar con los jóvenes y su respeto a todas las posturas.
No es extraño que en una universidad como la Ibero, reservada a las clases privilegiadas, haya manifestaciones como la de ayer. Es el espíritu de toda universidad; si ahí no predomina la libertad de pensamiento, ¿en dónde?
Pero el espectáculo fue planeado y operado, al margen de la Universidad, por los grupos afines a Andrés Manuel López Obrador; se trataba de amargar el día al candidato priísta.
Habrá que esperar la visita de Josefina Vázquez Mota. Siendo su alma mater, es de esperarse que la bienvenida sea diferente, sin embargo, es probable que con el pretexto de que en el ITAM se disculpó por haber estudiado en sus aulas (“perdón, no soy perfecta, estudié en la Ibero”), quizás le propinen una dosis como la recetada a Peña Nieto. Roberto Gil debe prepararla.
A todas luces, este tipo de espectáculo son montajes intencionados que los candidatos deben enfrentar más allá de que evitándolas ganen más, pero es un hecho que quien aspire a la Presidencia debe estar preparado para esto y para eventos peores.
No obstante, ahí queda el episodio, como muestra de que el candidato priísta no está hecho sólo para los climas controlados. Lo demostró en el debate y lo confirmó en la visita a la Ibero.
Sin embargo, el evento debe ser una lección para los organizadores en esta clase de instituciones porque podría ocurrir que, en el futuro, los candidatos las rehuyan.
Las universidades deben ser, ante todo, ejemplo de tolerancia para el pensamiento ajeno. Ayer no se cumplió la premisa en la Ibero. El debate no debe rehuirlo nadie, como no lo hizo Peña, empero, los organizadores deben evitar que sus visitantes se excusen con el pretexto de posibles agresiones, verbales o físicas.
