Videgaray disculpa a EU

Estúpido soslayar origen y causa de problema del narcotráfico; gala de supuesta cortesía no cabe en asuntos de gran envergadura

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Colombia dio un ejemplo al mundo cuando logró replegar a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) mediante un acuerdo que exigía, no sólo confianza frente al interlocutor sino, además, una gran capacidad de perdón, por el tiempo en que la violencia secuestró la vida de la nación como por los innumerables crímenes probados de hijos, hermanos, padres y madres en esa horrible pesadilla de décadas de desesperanza para alcanzar la paz. Hoy, sin embargo, el panorama no resulta claro porque existe la obsesión de Álvaro Uribe de volver al poder después de que perdió su postura contra el acuerdo, y porque, el vacío de las FARC lo está ocupando otro tipo de delincuencia atomizada de secuestros, extorsiones, pandillerismo, asaltos y muertes de policías en servicio.

Para colmo, Donald Trump insiste a través de sus voceros en el Departamento de Estado que publica The Washington Post, que el consumo de cocaína en Estados Unidos está creciendo porque en Colombia se ha incrementado la producción de hoja de coca. Los expertos en la materia, por el contrario señalan que tal versión es falsa porque Colombia no ha aumentado su producción y en cambio las incautaciones de la droga sí han subido por lo que el balance es absurdo. Por otro lado, si el aumento de consumo en Estados Unidos fuera cierto, las mediciones están viciadas porque no hay otros proveedores. La conclusión es definitivamente que los datos obedecen a intereses políticos del resentimiento norteamericano contra Juan Manuel Santos porque utilizó la vía del diálogo y no la de la extinción de las FARC.

El caso Colombia nos interesa sobremanera a los mexicanos toda vez que cuando una economía se sustenta en el narcotráfico y se suprime ésta fuente drásticamente, se produce un vacío que tiene que llenarse con otros ingresos. El caso de nuestro país fue parecido. Felipe Calderón por condescendencia con George W. Bush, que convalidó su triunfo en el 2006, desató la guerra contra el narcotráfico que aquí no estaba de ninguna manera vinculado a la guerrilla y, con ello, dejó un gran vacío económico que hizo emigrar a los delincuentes a otras prácticas delictivas como lo son la extorsión, el secuestro, el asalto a transportistas, el robo a ductos de Pemex, etcétera, etcétera, de esta suerte se ayudó a Estados Unidos, aunque sea sólo en apariencia porque buscarán otros abastecedores a su demanda de drogas, siendo evidente que también con la deportación de los capos se le entregó la información estratégica sobre los cárteles, finalmente se generó un agravamiento por el crimen diversificado y extendido geográficamente en todo el territorio nacional.

Viene a cuento este análisis si observamos lo ocurrido en la reciente reunión bilateral de seguridad nacional en la que participaron el Secretario de Estado Rex Tillerson y el titular de Seguridad Nacional John Kelly y, por nuestro lado, Luis Videgaray, de Relaciones Exteriores y Miguel Ángel Osorio Chong de Gobernación. En un gesto de sinceridad Rex Tillerson dijo: “Los estadounidenses deben aceptar que tienen un problema de adicción a las drogas, si es que quieren poner fin a este flagelo del narcotráfico y la violencia trasfronteriza. Hay familias estadounidenses devastadas por las drogas; nadie tiene por qué pasar la pesadilla de las adicciones. Debemos (EU y México) confrontarnos con organizaciones que operan en México y Estados Unidos que está produciendo tanto dolor a ambas naciones”.

Tillerson remató: “Como estadounidenses debemos asumir este problema. Es nuestro… necesitamos aceptar que nosotros somos el mercado”. El canciller mexicano presa de amnesia del “Rápido y Furioso” que nos envió más de 2 mil ametralladoras, del permanente tránsito de contenedores con todo tipo de armas y de más de 100 mil víctimas en México con motivo del narcotráfico, no tuvo más inteligencia que condolerse de la confesión de Tillerson y ofrecerle que se tiene que superar “la asignación mutua de culpas y señalamientos recíprocos” pues se tiene que combatir tanto la oferta como la demanda.

Así de insulso y absurdo estuvo Videgaray reduciendo el problema a la mano invisible del mercado, cuando con más altura Tillerson está planteando por primera vez tan claro, que el inicio y por lo tanto el final del problema, está en el lado de la adicción creciente de sus ciudadanos y que de la necesidad de reconocerlo tiene que partir el remedio. Videgaray ignora que el propio gobierno norteamericano propició el vicio cuando en las guerras de Corea y Vietnam entretenía a sus soldados con las drogas para evitar deserciones. Tan elemental como haberle dicho a Tillerson que los mismos 3 mil kilómetros de frontera hay de ambos lados por lo que son ellos los que deben empezar, impidiendo el acceso de droga y cerrando la exportación de armas.

No es un problema sentimental de culpas. Es mucho más que eso, es un problema crucial de ética política y Estados Unidos debe acabar con el mismo. El gobierno mexicano debe, por su parte, dar opciones de empleo y respeto a su población acabando con la corrupción y el desastre del manejo de la economía, para dar ejemplo de rectitud y responsabilidad.

Cada quien, en su terreno, pero es estúpido soslayar el origen y la causa para hacer gala de una supuesta cortesía que no cabe en asuntos de esta envergadura.

 

 

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