> Unos fueron de blanco; los otros de colores. Los de blanco lanzaron consignas; lo de colores, pétalos de flores

> ‘¡México, escucha, la familia está de lucha!’

> ‘¡Norberto Rivera, ya píntate de güera!’

 

Las palabras del vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, pronunciadas en el estudio de IMPACTO TV, y tomadas de una declaración del ex Pontífice Benedicto XVI, resonarán no por meses o años, sino para siempre: …“Con el tiempo, en México y en todos los países, se aprobarán las leyes ‘liberales’ que atentan contra la familia una tras otra, ‘como caen las fichas de dominó’”.

Lo deseable sería que ninguna ley liberal atentara contra la familia, base de toda sociedad. Que el Poder Legislativo analizara con lupa las iniciativas y estableciera “cordones de seguridad”.

“Ni tanto que queme al santo ni tanto que no le alumbre”.

Pero, además, ¿qué tantas “ideas liberales” nos faltan”?

En el 2015, la gestora legal de una de ellas fue la Suprema Corte de Justicia de la Nación al conceder un amparo a cuatro ciudadanos mexicanos para cultivar y consumir mariguana con fines lúdicos.

Por la histórica decisión no muchos pusieron el grito en el cielo; al contrario.

Anteriormente fue el aborto. La polémica sigue existiendo.

Hoy lo es la iniciativa de ley presentada por el Presidente Enrique Peña Nieto, en mayo pasado, sobre matrimonios igualitarios.

En su contexto, la propuesta explica:

“… A fin de reconocer el derecho de los mexicanos a contraer matrimonio sin ser sujetos a discriminación por su origen étnico o nacional, discapacidad, condición social, salud, religión, género o preferencia sexual”…

Sobre el asunto existe jurisprudencia en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, además de ser un tema apoyado, íntegramente, por la Organización de las Naciones Unidas.

La iniciativa presidencial ha sido polémica aun antes de ser analizada por el Congreso y cuyo rechazo, al menos como fue redactada y entregada, se descarta, por ahora.

El grito más sonoro lo dio la Iglesia Católica mediante editoriales publicados, en cinco partes, en su medio impreso “Desde la Fe” (“¿por qué la Iglesia se opone a la iniciativa del Presidente que promueve el matrimonio igualitario?”), en donde defiende a capa y espada –bueno, a hostia y sotana- sólo la unión entre personas de sexos diferentes, es decir, entre un hombre y una mujer.

La feroz crítica es, en el punto real, una hipocresía a manera de desgarramiento de vestidura y da la idea de una postura sincera; tal vez lo sea, pero sin predicar con el ejemplo. Para ser dócil en el comentario compararé esto con quien dice que comer cucarachas es malo, pero come cucarachas, y sabe que un 60-80 por ciento de su gremio come cucarachas.

El caso de la homosexualidad, en todas sus variantes, ha sido estigmatizado desde siempre y se ha criticado a través de décadas, además de individualmente, en muchas ocasiones, a círculos o grupos en donde su práctica está anidada, uno de ellos el de la clerecía.

Eso no implica, como bien defiende la Arquidiócesis, que se le deba dar institucionalidad legal a tal práctica.

Mucho menos ampliar la benevolencia jurídica a puntos como el derecho a adoptar niños a parejas de un mismo sexo. De entrada, eso sí suena aberrante y los legisladores deben echarlo abajo.

En fin, que el apresuramiento de entregar la iniciativa presidencial al Congreso o la idea de que sería un golpe político de “vanguardia” traería bonos electorales al priísmo fue un tiro que salió por la culata.

Pero, además, el “grito” de la Iglesia Católica, principalmente, sermones desde el púlpito, despertó suspicacias riesgosas.

Cierto: La Arquidiócesis de México no dio ruedas de prensa llamando a la rebelión ni instó, públicamente, en las calles o en panfletos a que los católicos hicieran “bola”.

Con los editoriales en “Desde la Fe” y la “palabra” en las misas bastó.

Entonces se planearon dos supermarchas. Una el 10 de septiembre, a nivel nacional, y otra el 24 de septiembre, sólo en la Ciudad de México. Éstas, organizadas por el Frente Nacional por la Familia, que no requiere ninguna llamada pública de la jerarquía católica, sino sólo un guiño de ojo.

La del 10 de septiembre, contrario a lo que muchos piensan, no fue exitosa. A las calles, aunque se dio en 23 estados, no salió ni el 10 por ciento de los católicos.

Eso está bien. De entrada elimina la locura que desde hace semanas da vuelta en la mente de algunos: ¿En cierne una nueva “guerra cristera”? Ni Dios lo quiera.

Semanas después del anuncio, la parte contraria, los integrantes de los colectivos lésbicos-gay y otros grupos, anunció que también se manifestaría en la CDMX aglutinada en el Frente Orgullo Nacional MX.

FRATERNIDAD Y FLORES

Unos fueron de blanco (Frente Nacional por la Familia); los otros de colores (Frente Orgullo Nacional MX). Los de blanco lanzaron consignas; lo de colores, pétalos de flores.

Los de blanco eran como 40 veces más que los de colores. Todo fue una especie de río cromático. Además de aquellos también hubo como 2 mil azules y otros blanqui-amarillos, pero éstos, a diferencia de otras manifestaciones, la tuvieron papita. Estas fueron marchas de amor.

Una se apostó, desde las 10:00 de la mañana, en el “Ángel” de la Independencia, la del Frente Orgullo Nacional MX.

La otra partió de la estación Auditorio Nacional del Metro, precisamente rumbo al “Ángel”, cerca de las 13:00 horas.

Esta última fue encabezada por la Unión Nacional Cristiana, nutrida por evangélicos, y el senador, por Baja California, Víctor Hermosillo.

Sus consignas remarcaron que estaban en contra de la ideología del género y que pugnaban por la unión y defensa de la familia encabezada por un hombre y una mujer.

Entre los de colores había un representante de iglesias cristianas evangélicas, y pastor de la Iglesia Puertas Abiertas.

“Vamos a hacer una oración por todos aquellos que se manifiestan en contra de las familias homosexuales. Nosotros, como cristianos, oraremos por ellos para que puedan amar a su prójimo”, dijo el de los de colores, Octavio Parra.

Otro grupo en favor de la diversidad era el llamado Ministerio Abiel de Gracia Diversa. A ellos se sumaron electricistas y hasta una comitiva de Morena.

Mientras, ya avanzada su caminata hacia el “Ángel”, los de blanco (y algunos ataviados en indumentaria religiosa) coreaban: “¡México, escucha, la familia está de lucha!”; “¡Se ve se siente, la familia está presente!”.

En contraparte, Alejandro García, de una agrupación de poético nombre, como salido de la boca del “Vampiro de la colonia Roma”, “Musas de Metal”, señalaba: “Estamos aquí para defender los derechos de todas las personas. Todos tenemos derecho a amar, a formalizar la unión, a tener hijos”.

Los de blanco marchaban. Los de colores hicieron mitin.

Los de blanco oraban. Los de colores cantaban el “Noa, Noa”, de Juanga.

De hecho, ni el rencor ni el odio aparecían por ningún lado, disipando los temores a un enfrentamiento. Bueno, mientras no aparecieran, sería el colmo, encapuchados enviados por quién sabe quién.

Los del arcoíris insistían: “¡Matrimonio y adopción para toda la nación!”, “¡Si Juárez viviera, con nosotros estuviera!”. Y hasta el Cardenal alcanzó mención: “¡Norberto Rivera, ya píntate de güera!”.

A las 13:45, los dos contingentes confluyeron. El “Ángel”, azorado, los veía. Y parecía preguntarse con ojos desorbitados: “¿Cómo, un ángel, nubes blancas, arcoíris?”. Para no enemistar ni condenar a nadie, todo, mejor, en el Purgatorio. Bueno, casi.

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