Tren Maya, realidades y mitos

Proyecto sinónimo de discrecionalidad; ejecución nunca dependió de estudios de impacto ni de consultas públicas

Compartir:

La falta de información para prever el impacto, al patrimonio cultural, que ocasionará el Tren Maya generó tensión en el seminario “El Tren Maya. Realidades y mitos”, celebrado el pasado 25 de marzo.
En ese espacio, coordinado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), científicos y académicos expresaron que existe discrecionalidad, por lo que se desconoce el impacto del proyecto.
Tal observación se suma a las realizadas sobre desarrollo sustentable y la participación de las comunidades indígenas.
Ante las dudas del tren, el gobierno no ha dejado de ser ambiguo y poco incluyente.
El proyecto Tren Maya contempla mil 554 km de recorrido y 15 estaciones; cerca de 500 corresponden al tramo de selva; 365 km al tramo Caribe y casi 700 al tramo Golfo.
Parte del trazo incluye la utilización de una vía férrea ya existente, entre Palenque a Mérida.
Se contempla brindar servicios turísticos y de traslado de mercancías, con la finalidad de impulsar el desarrollo social y económico en la región.
No suena mal, hasta que se habla de los costos culturales, ecológicos y sociales en las distintas zonas afectadas.
La tensión en el seminario se presentó cuando el coordinador nacional de Arqueología del INAH, Pedro Francisco Sánchez, señaló que en el recorrido contemplado existen 30 zonas arqueológicas y dos Zonas de Monumentos Históricos, de las cuales tres están inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial, además de la existencia de otros 3 mil 24 sitios arqueológicos.
La falta de conservación del patrimonio cultural destruye el precedente histórico de la cosmovisión de los pueblos originarios.
En la divulgación, Fonatur expresa una visión de desarrollo que no apunta a la sustentabilidad.
De una forma simplista, el director del Fonatur, Rogelio Jiménez, ha expresado que el “desarrollo social compensa el impacto ambiental”.
La conservación de ecosistemas tiene que ir de la mano con el desarrollo social para que éste se perpetúe a largo plazo.
La afectación ecológica disminuye la disponibilidad de agua, afectando la calidad de vida de la población, y termina con la riqueza natural, sustento del turismo en la península de Yucatán.
El proyecto es considerado una obra social y de reordenamiento territorial que contempla viviendas para personas de escasos recursos y empleo para las mismas.
Tal estrategia requiere que las personas se desplacen de sus hogares en busca de una nueva vivienda o para permitir el paso al desarrollo comercial y turístico.
Ello afectará, principalmente, a las comunidades indígenas.
El proyecto ya inició y las comunidades no han sido consultadas, lo que las deja en la disyuntiva “de subirse al tren o se los lleva el tren”, de acuerdo con el director del Fonatur.
La realidad del Tren Maya es que es un proyecto aprobado desde campaña; su ejecución nunca dependió de estudios de impacto ni de consultas públicas.
El mito es que se presenta como un proyecto participativo, sustentable y amigable con la sociedad, que generará progreso en la región.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...