Traición del subconsciente

Imperativo que timonel del cambio previera, administrativamente, la ejecución y evaluación de resultados con los medios precisos para su logro

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Evidente falta de rigor histórico de presidente de México

Sigmund Freud profundizó y explicitó el subconsciente psicológico de todo ser humano.  Lo llamó el superyó por ser algo que si bien no siempre percibimos existe y es parte integral de nuestra personalidad. Surge y se sumerge con frecuencia reflejándose silenciosamente en nuestros actos, conductas, manifestaciones y con mayor peso en nuestros sentimientos, estímulos y reacciones. A través de éstas introspecciones nos damos cuenta de nuestras inclinaciones, convicciones y también prejuicios, pasiones, lagunas y fijaciones que con o sin pertinencia irrumpen continuamente. Sólo el psicoanalista o un serio autoanálisis podrían explorar a fondo con fines terapéuticos para conocer los secretos del subconsciente y evitar que puedan estar obstaculizando u ocasionando traumas que impiden al ser humano manejar mejor su libertad y conocimiento de sí mismo, para una plena realización humana con plenitud de conciencia.

Tales deliberaciones surgieron de mi propia inclinación al conocimiento histórico que considero, hace las veces de subconsciente colectivo del pueblo y, con frecuencia, surge e influye en comportamientos políticos. Andrés Manuel López Obrador denominó su proyecto presidencial la Cuarta Transformación y optó por seleccionar a los principales protagonistas de las tres primeras, siendo por consecuencia él mismo, el que encabezara la cuarta. Así, resulta obvio que la Independencia, la Reforma y la Revolución, serían las transformaciones precedentes. Lo mismo que Hidalgo, Juárez y Madero alcanzarían la cúspide en la representatividad de tales sucesos.

Lo que de principio me salta en duda es el por qué, la simplificación y reducción a transformaciones y no llamarlas revoluciones como el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) los ha denominado para conceptuar una dinámica y alcance mayor a la de una mera transformación, en tanto su significado de cambios culturales profundos, fueron definiendo etapas claras de la vida de la nación. La segunda duda es el por qué se reduce a sólo un personaje destacado, cuando justamente, la riqueza de los resultados implicaron a otros más merecedores de la distinción porque le dieron sentido y finalidad a lo que, en ocasiones, era sólo una irrupción o detonador.

Así, me parece que la Independencia si bien la inició don Miguel Hidalgo y Costilla en su fase  de insurrección, el precedente de Francisco Primo de Verdad y Ramos dos años antes, anticipó su declaración como regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México (que le costó la vida) siendo digno de mencionarse en esa cúpula de heroísmo, pero sobre todo, la aportación de José María Morelos y Pavón que dio cauce constitucional a una verdadera Independencia y, no sólo a la supresión del Virreinato como la inició el Padre de la Patria. Si tal precisión histórica se exige para la Independencia, con mayor razón para la Revolución de 1910 porque, sin demérito de la preparación y arranque de don Francisco I. Madero, sería imprescindible reconocerle a don Venustiano Carranza el haberla rescatado, restituyendo al pueblo su dignidad  al derrocar al usurpador y asesino que había suplantado al presidente pero,  principalmente haber convocado y promulgado a la Constitución que nos pudiera dar futuro en paz y una convivencia de justicia con soberanía nacional.

Indagando esos reduccionismos históricos en cuanto a la posible motivación subconsciente de Andrés Manuel López Obrador, no es difícil descubrir que la falta de rigor histórico, no sólo pudiera ser a causa del desconocimiento, sino también, de una fuerza oculta dentro de él que le hace eludir la comprensión de los fenómenos históricos revolucionarios de principio a fin. Ello puede ser especie de repetición, involuntaria en su conducta que explique también el por qué ahora procede de la misma manera, cuando sus impulsos se quedan en el enunciado y se estancan en una realización imaginaria sin resultados constatables y verificados. Por lo mismo, si esa fuera la causa de los hasta ahora evidentes desaciertos en el balance de su gestión, sería lógico revisar si se trata de una psicoproyección susceptible de  ser autocontrolada para su correspondiente rectificación.

Refuerza ésta revisión la ahora inclinación a darle al General  Felipe Ángeles en su centenario luctuoso, no sólo un reconocimiento en una solemne ceremonia por su participación sobresaliente en la Revolución de 1910, que incluso se afirma que de no haberse cometido el error Madero de enviarlo a Morelos, cuando se sabía que la conspiración de la ciudadela actuaría, Ángeles con del Villar hubieran evitado la entrada de los mercenarios huertistas a Palacio Nacional, pero… también el hidalguense tuvo debilidades como la de haber fortalecido la disidencia con Carranza al aliarse con Villa. Truncaron su contribución a la etapa constitucionalista para, no sólo demorar sus realizaciones, sino permitir el alto costo de sangre y posteriormente, revivir el falso camino de que los méritos militares se pagan necesariamente con honores de poder cuando, el gran constitucionalista  de Cuatro Ciénegas abrió el horizonte del futuro civilizado, asentando para siempre, que el poder político sólo podía ser de origen y ejercicio civil.

No es por tanto aventurado señalar que se requiere un serio autoanálisis psicológico, para detectar los actos reflejos equivalentes a una traición del subconsciente que se presenta muy particularmente en las valoraciones históricas parciales y sesgadas. Éstas pueden ser fijaciones inflexibles condicionantes de una conducta dirigida a la asertividad en las propuestas pero, sin vinculación racional a los resultados, lo que conlleva una limitación grave en la contabilidad del cargo presidencial. Una respuesta lógica requeriría que el timonel del cambio previera administrativamente la ejecución y evaluación de resultados con los medios precisos para su logro.

 

 

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