Soberbia de Cuarta Transformación desató la rebelión

La toma de decisiones abandonó el racionalismo práctico que exige el mundo real y fue sustituida por el dogma y la certeza moral de López Obrador para llevarlo a una crisis más con la rebelión de la Policía Federal en defensa de sus derechos

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Cuando tienes el monopolio de la verdad se nubla la mente. Un síntoma inequívoco es cuando la soberbia guía tus pasos; no la razón; no la reflexión y el análisis profundo.

Una prueba más de esa debilidad en la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador es la crisis, innecesaria, de la Policía Federal, menospreciada en la conformación de la Guardia Nacional.

Esas muestras de soberbia henchida por la victoria contundente de la Cuarta Transformación ha sido la peor consejera en la toma de decisiones, provocadora de paupérrimos resultados.

La toma de decisiones abandonó el racionalismo práctico que exige el mundo real y fue sustituida por el dogma y la certeza moral de López Obrador para llevarlo a crisis tras crisis, desde la cancelación del NAIM de Texcoco, la parálisis de Santa Lucía y el Tren Maya, hasta el desabasto de medicinas y el litigio del gasoducto Texas-Tuxpan.

Sin embargo, lo de las últimas horas es inédito; la rebelión de la Policía Federal (PF), que derivó en el enfrentamiento con el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, es una sucesión de errores con grandes repercusiones, una de ellas la tensión en las Fuerzas Armadas por el mensaje del Comandante en Jefe en una entrevista con el periódico insignia de la Cuarta Transformación, “La Jornada”, en la que revela: “Si por mí fuera desaparecería al Ejército (y a la Marina) y lo convertiría en Guardia Nacional”.

La confesión revela la verdadera intención de no cejar hasta cumplirla. Por el momento, los obstáculos jurídicos se lo impiden, pero se trata de erosionar ese y otros muros para construir el Poder de los Poderes, un objetivo prioritario para el proyecto de su versión de “cambio de régimen”.

La crisis de la Policía Federal es un incidente por la inexperiencia e ineptitud de sus cuadros, nada más, aderezados con esa soberbia que llevó a la estúpida declaración del Comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, al ironizar con el calificativo de “fifís” los reclamos de la PF por las condiciones indignas al decir que querían hospedarse en los Holiday Inn y comer bufés.

Sin embargo, ni el jefe superior en la estructura de mando de la PF, el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, ni el presidente creyeron que los policías se atreverían al desafío con bloqueos y una rebelión generalizada, a la que López Obrador llamó “motín”.

Posteriormente echaron mano de la estrategia de desacreditación moral del movimiento al negar que hubiese causa justa en la petición puntual y concreta de respeto a sus derechos laborales, a condiciones de trabajo dignas y a la conversión a la Guardia Nacional.

Los brotes de rebeldía iniciaron en el Centro de Control de Mando de la Policía Federal, ubicado en Iztapalapa, bloqueos a las carreteras aledañas a la Ciudad de México, manifestaciones en edificios e instalaciones en el interior del País, y hasta en el Centro de Control de Confianza, ubicado en la calle de Varsovia, donde los médicos, poligrafistas y toda clase de técnicos y personal se declararon en protesta de apoyo a sus compañeros federales con carteles de “Nosotros también somos Policía Federal”.

El clímax de la molestia se demostró en la intención de la Comisionada de la PF en la Guardia Nacional, Patricia Rosalinda Trujillo Mariel; galardonada y con una impresionante currícula académica, fue recibida con empujones, rechiflas y gritos de “¡traidora, traidora..!” al querer mediar con los levantados en el atrio del Centro de Control.

El pánico por el rechazo y los empujones hicieron que Trujillo colapsara y tuviera que ser retirada bajo la protección de los guardias que la escoltaron hasta la salida.

Los nervios se crisparon; el presidente, en la conferencia mañanera, tachó a la Policía Federal como un grupo corrupto que no funciona, que es necesario reconfigurar para integrar la Guardia Nacional. Denunció encomiendas nimias, como la protección de inmuebles no prioritarios para la seguridad y otro tipo de trabajos, menos la protección de los ciudadanos y el combate a la inseguridad, un problema que creció y prueba la ineficiencia de la PF.

Más tarde, el titular de la SSPC, Alfonso Durazo, en medios de comunicación, reiteró la mano negra: “Felipe Calderón y el grupo que ha participado con él en las tareas de seguridad ha estado instigando francamente a la Policía Federal y demandando una dignificación o medidas que ellos no cumplieran y no atendieron en su momento. No voy a poner nombres; ustedes los conocen muy bien; no es necesario ni quiero hablar”.

La respuesta del ex presidente Calderón, vía videomensaje, fue contundente: “Señor Presidente, señor secretario, escuchen a los policías; dejen de escucharse ustedes mismos nada más”; además, pidió que se explicara cuál es el plan para la Policía Federal hacia su transición a la Guardia Nacional.

“Decir que todos son corruptos o que todos están echados a perder, eso no es cierto, y decir eso no es justo… es probable que en el sexenio pasado, al relajarse los mecanismos de control y a restarle prioridad a la seguridad y a la Policía Federal, se haya exacerbado el problema”.

“Deje de dividir a México y descalificar a quienes no piensan de la misma manera que usted”.

El ex presidente se refirió al maltrato policiaco: “Han maltratado a los policías” al recordar que se les ha llamado “fifís” por pedir condiciones dignas de trabajo.

Finalmente, negó la acusación: “Niego categóricamente la cobarde insinuación que desde el poder se hace de que yo he organizado o estoy atrás de las protestas los policías federales”.

Evidente la mala jugada de López Obrador y Durazo al subir al ring a Felipe Calderón, un tribuno muy experimentado que trae entre manos un proyecto político de creación de partido a partir de la organización México Libre de Margarita Zavala Gómez del Campo.

Cualquier misil presidencial que lo suba a los medios de comunicación será bienvenido y bien aprovechado por el michoacano que tuvo la experiencia de llevar la banda presidencial durante seis años y conoció a profundidad las entrañas y los problemas del país, y, además, hay que decirlo, en el intercambio dialéctico es mucha pieza para los otros dos.

La crisis de la Federal no es su manufactura; simplemente apareció en la escena política y la oportunidad hizo lo propio, como lo haría cualquiera con un claro proyecto para el 2024.

La solución es sencilla: Garantizar, con certeza jurídica, los derechos laborales a los Policías Federales, pero la soberbia es una nube densa que cada vez le cuesta trabajo sacudirse a la Cuarta Transformación.

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