Sheinbaum y Marcelo: ¿A Palacio o a Bucareli?

Forman parte del mínimo andamiaje al interior del esquema de gobernabilidad que no ha volado en pedazos

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>Quien llegue a las elecciones de 2024 como candidato tendrá que negociar con el perdedor y ofrecerle una silla en su gabinete

Entre el tumulto de presidenciables difícilmente podría encontrarse a otros personajes que cumplan con una combinación de rasgos tan peculiares: Tener la confianza de Andrés Manuel López Obrador al tiempo que operan con independencia y saben resolver problemas.

La doctora Sheinbaum es totalmente operativa, al tiempo que Ebrard es mucho más ejecutivo, sin embargo, sus estilos han funcionado. Quien la ha llevado más complicada es ella porque tuvo que atravesar el desierto: De ser una fanática incondicional migró hacia cierta independencia respecto a las ocurrencias de su patrón político.

Ebrard ha tenido una experiencia extraña: De haber sido forjado por alguien que, más allá de sus resultados, era una máquina reflexiva y con una cultura política excepcional, Manuel Camacho Solís, ahora se las ve con alguien cuya mayor gesta educativa es haber obtenido su licenciatura con 7.8 de promedio a los 36 años de edad.

Sin embargo, el pragmatismo de Ebrard ha sabido hacer las cosas y se muestra eficiente para atender cualquier problema que se le encomiende.

Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard son los presidenciables que tienen esos rasgos y, más allá de que sean ungidos por el dedo presidencial, la realidad es que forman parte del mínimo andamiaje al interior del esquema de gobernabilidad que no ha volado en pedazos.

Sheinbaum ha salvado vidas en la contingencia pandémica del Covid-19 al hacerle caso a sus asesores científicos de la UNAM y el IPN, al tiempo que Ebrard es un todoterreno que lo mismo resuelve intrigas internas que conflictos con la Casa Blanca.

La física y el internacionalista le dan seriedad a la contienda que relevará a López Obrador a partir del 30 de septiembre de 2024; para la carrilla quedan las aspiraciones de Hugo López-Gatell, a quien tampoco le viene bien el inventarse romances con subordinadas que tienen que hacer publicaciones en redes sociales para desmentir al fanático del “Método Centinela”.

 

LA FÍSICA QUE ES POLÍTICA

El 10 de junio de 2006, Claudia Sheinbaum movía con ligereza unas enormes cajas de cartón que cargaba Gerardo Fernández Noroña en un diablito. Estaba en la casa de campaña de Felipe Calderón y la física sonreía a la prensa: Junto a otros perredistas había acudido a las oficinas del panista para entregar “evidencias de las prácticas corruptas del panismo”.

El espectáculo era notoriamente absurdo: Tanto Fernández Noroña como Sheinbaum movían aquellas cajas gigantescas con una pericia de halterofilia. Jesús Ortega, con rostro de gravedad, se dirigía a Juan Camilo Mouriño como quien le profiere una fatwa.

Mouriño, César Nava y Juan Molinar Horcasitas se hicieron de los servicios de Roberto Garzón Jiménez, notario público 242, para dar fe de los contenidos de aquellas monumentales cajas con evidencias: Seguramente eran miles de folios llenos de transferencias a paraísos fiscales, fotografías inapropiadas, audios, copias de cheques… un monumento a la corrupción.

Sin embargo, las cajas traían unos pocos sobres amarillos con etiquetas. Si se hubieran juntado todos los sobres que tenían las cajas habrían cabido en un par de bolsas de supermercado. Sheinbaum, Ortega y sus acompañantes se retiraron con su diablito. Roberto Garzón terminó su labor como Notario dando fe de lo visto: “Las cajas traían unos folders”.

Las ocurrencias de Sheinbaum y sus acompañantes sólo tienen comparación con las del 5 de marzo de este año cuando se soltó la especie de que el Senado de la República tenía micrófonos y cámaras para grabar subrepticiamente a los panistas: Seguramente, López Obrador los escuchaba atento, como Gerd Wiesler, el espía de “La vida de los otros”.

Cuando peritos de la PGR y de la Agencia de Investigación Criminal identificaron que esos equipos estaban sobre un plafón y que formaban parte de la Entrega-Recepción como parte del activo entregado de una Legislación a otra, los quejosos guardaron conveniente silencio.

El caso es que las cajas milagrosas forman parte de la historia de Claudia Sheinbaum junto a López Obrador hasta que, un día, esa mujer llegó a las oficinas de gobierno en la Ciudad de México. Y comenzó a tomar las cosas con seriedad.

En su primer año de gestión, Sheinbaum arrancó la construcción del “Cablebús”, un transporte público que va de Cuautepec a Indios Verdes, y de tres puentes vehiculares nuevos en Iztapalapa, además de comprar docenas de trolebuses nuevos.

También ha impulsado la pensión alimentaria para adultos mayores y la Red de Información de Violencia calcula que unas 20 mil mujeres han recibido apoyo por parte de las autoridades, de las que 13 mil fueron atendidas por la Procuraduría capitalina.

Su programa estrella, “Pilares”, lleva unos 60 puntos inaugurados, de 300 planificados, sin embargo, la pandemia arrasó con el avance que se había generado con estos centros, que recuerdan a los famosos “Faros”.

Y si algo le han reconocido los capitalinos es la reducción de tiempos en la tramitología para toda clase de asuntos, siendo, justamente, el punto positivo más identificado por los habitantes de la Ciudad de México.

Sin embargo, los problemas llegan en cascada, particularmente en tres rubros: Seguridad, reconstrucción y contaminación ambiental.

En seguridad, el homicidio doloso es el más preocupante, sin omitir que los datos de la autoridad local no empatan con los de distintas organizaciones no gubernamentales; no hay coincidencias en las cifras de aumento o disminución de ningún delito.

En reconstrucción, la Comisión respectiva tiene identificados a 20 mil afectados, alrededor de 240 edificios por reconstruir y una cifra que espanta: Unas 800 familias deberán ser reubicadas por los estragos sufridos, en Iztapalapa y Tláhuac, por los sismos de 2017.

Y en contaminación ambiental, los frentes más graves son tres: El primero es la emergencia ocurrida entre el 11 y 17 de mayo de 2019, que encendió las alarmas; el segundo es la imparable producción de desechos sólidos, y el tercero es la contaminación del agua.

Con todo y estas calamidades, Sheinbaum ha ido perdiendo, poco a poco, el posicionamiento de que es un títere de López Obrador y cuenta con un 50 por ciento de aprobación de los habitantes de la capital, de acuerdo a una investigación del periódico Reforma.

 

EL INTERNACIONALISTA LOCAL

Marcelo Ebrard era parte del “Dream Team” de Manuel Camacho. El resto lo integraban: Ignacio Marván Laborde, Enrique Márquez, Alejandra Moreno y Juan Enríquez Cabot. Era una palomilla que operaba lo que el antiguo profesor de El Colegio de México traía en mente sobre un montón de temas.

Ebrard y Camacho se conocieron, justamente, en el Colmex, dado que el segundo acostumbraba dictar ahí su cátedra y el joven que vivía en Chimalistac estaba, claramente, interesado en temas políticos tanto de México como del exterior.

Camacho le vio potencial y lo impulsó dándole trabajo aquí y allá: Su prueba de fuego fue la expropiación de casi 5 mil predios para impulsar el Proyecto de Renovación Habitacional, que contemplaba la construcción de unos 50 mil espacios.

A nadie le sorprendió que cuando Camacho llegó a la oficina principal de la Ciudad de México, su segundo de a bordo fuera Ebrard cuando se lanzó como candidato para ser Jefe de Gobierno.

En 2000 declinó a favor de López Obrador y quedó claro que el internacionalista sabía negociar.

De 2002 a 2004 fue secretario de Seguridad Pública hasta que ocurrió algo espeluznante: Una turba asesinó de la peor forma a agentes federales, quienes daban seguimiento a una célula insurgente en San Juan Ixtayopan, Tláhuac.

La versión oficial habló de que los habitantes confundieron a los federales con malvivientes; fuentes de Inteligencia consultadas señalaron que la célula belicosa identificó a los policías y, en minutos, esparcieron el rumor de que eran secuestradores.

En un parpadeo, los federales fueron capturados por un tumulto, para posteriormente ser linchados. Los medios querían comerse vivo a Ebrard y éste respondió con una obviedad inapelable: “Tuvimos que juntar a unos 600 policías para entrar”. Y lograr semejante concentración, combinada con la lejanía del lugar, hizo el resto.

Ebrard fue removido, por Vicente Fox, junto al comisionado de la Policía Federal Preventiva, José Luis Figueroa, y fue arropado en la Secretaría de Desarrollo Social capitalina, la niña bonita de cualquier gabinete en esos tiempos.

Fue jefe de Gobierno del Distrito Federal de 2006 a 2012, siendo el primer mandatario electo de la Ciudad de México. Sin embargo, pocos lo recuerdan por darle la indicación a Armando Ahued para que en su carácter de Secretario de Salud paralizara a la Ciudad de México el 23 de abril de 2009 por el virus A H1N1.

Igual le fue con el operativo fallido de la discoteca News Divine del 20 de junio de 2008, que terminó con la muerte de 12 personas, además del relevo de Rodolfo Félix por Miguel Ángel Mancera, conocido, éste último, por repetir, incesantemente, que no había crimen organizado en la Ciudad de México.

Cuando concluyó su ciclo, Ebrard supo que vendría una tormenta por la corrupción en la construcción de la Línea 12 del Metro y se fue a París, adonde pasó una larga temporada, esperando a que bajaran las aguas.

De repente, Ebrard ha derrapado en su nueva posición como todoterreno de López Obrador, como ese video en el que se da cuenta, demasiado tarde, que su Rolex Submariner no queda cubierto por el sweater que viste el 15 de junio de 2020, lo que le costó una vapuleada mediática frente a la pasividad de López Obrador, quien era el convidado a la exhibición involuntaria de su aliado-colaborador y su reloj de 14 mil dólares, que, dicho sea de paso, está apuntado en su Declaración Patrimonial.

 

LOS RUMBOS: PALACIO Y BUCARELI

Sheinbaum tiene menos poder político y alcance global que Ebrard, quien tiene contactos con innumerables personajes en todo el mundo.

A su vez, la física podría ser elegida por el tabasqueño, justamente, por esa condición, que podría suponer que no tendría margen de maniobra suficiente si no se sigue apoyando en Morena.

Por supuesto, la inteligencia de Sheinbaum se encargaría de subsanar esa supuesta debilidad: El tema es que siga en las preferencias del tabasqueño, que no está contento con ella por su insubordinación frente a los desvaríos de Hugo López-Gatell.

Más allá de las consideraciones de López Obrador, quien llegue a las elecciones como candidato tendrá que negociar con el perdedor y ofrecerle una silla en su gabinete: Bucareli parece ser el territorio natural para recibir a quien le levante la mano al otro.

Ebrard puede moverse, con entera naturalidad, en Seguridad Pública, Gobernación y, como queda claro, en la Cancillería. Sheinbaum podría despachar en Bucareli, pero también en Salud, Bienestar y hasta en Educación Pública.

Ambos comparten una pesadilla: Nemesio Oseguera y el CJNG.

A la jefa de Gobierno le intentaron ejecutar a su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch; al Canciller lo amenazaron por firmar la Orden de Extradición en contra del hijo del capo.

Estos son dos perfiles que podrían ser candidatos a suceder a López Obrador bajo un entendido: Que el actual Presidente quiera lo mejor que pueda darle al país, pero nunca se sabe.

Un día de éstos puede dar la sorpresa alguien que apueste su resto por la lisonja perpetua.

 

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Twitter @fercrisanto

Facebook: Fernando Alberto Crisanto

 

 

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