Reino Unido ¿sale por la puerta falsa?

Cruda realidad del egoísmo y la ambición, que contaminan la convivencia, sigue estando en la causa de lo causado

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Después de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética constituyeron los polos del capitalismo y el socialismo, Europa se quedó en medio, siendo disputada por ambos bloques. La salida fue acertada, diseñaron su propio modelo político que tenía algo de ambos. La Democracia Cristiana primero, planteó la primacía del hombre sobre el Estado y éste obligado democráticamente al servicio del bien común cuyo contenido era la justicia conmutativa, la justicia legal y la justicia distributiva. Los partidos de tendencia socialista se apartaron gradualmente del dogma marxistas y aterrizaron en una democracia-social, que equilibraba la libertad con la responsabilidad del Estado para integrar a la comunidad, en un régimen de pluralidad política con derechos económicos garantizados.

Europa sorteó los antagonismos de ambos polos. Alemania estuvo secuestrada hasta 1989 por ambos rivales. La misma Unión Soviética, desde la insurrección de Checoslovaquia, se fue debilitando hasta la casi disolución total. Estados Unidos permaneció unido a Europa a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, válido para efectos militares pero, poco a poco las economías europeas se fortalecieron y tendieron a la consolidación de una comunidad política y económica que pudiera culminar en la creación de Estados Unidos de Europa, para afianzar su propia posición frente a ambas potencias económicas, de poder atómico y misiles interoceánicos.

Nacía una esperanza para desactivar un enfrentamiento y posibilitar un mejor equilibrio de fuerzas que distensara al mundo. Hubo, sin embargo, no pocos pronósticos de que también se generaría una nueva fuerza de poder económico y militar que compitiera con los tradicionales Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sin beneficio para el resto del mundo. Lo cierto fue que la comunidad europea se iba fortaleciendo y adhería a nuevos países como España y Grecia, entró en circulación el euro y, la aparente prosperidad compartida. Apareció el Banco Central Europeo y la proliferación de acuerdos obligatorios para todos.

La reacción de Estados Unidos fue inmediata. Se vinculó más con sus socios en el Pacífico y se acercó a América Latina, aun con la reserva de Cuba con quien seguía manteniendo presiones y amagos permanentes. México fue el primero que se prestó a la estrategia norteamericana compensatoria y competitiva con la europea. En poco tiempo se logró el acuerdo global más amplio de América del Norte con un Tratado de Libre Comercio para crear frentes económicos y militares de defensa común entre Estados Unidos, Canadá y México. El mensaje era claro, también América podía agruparse.

Lo que movió el tapete  fue la emergencia de cambios políticos hacia la izquierda en el Cono Sur y la mayor ascendencia de Cuba sobre el subcontinente latinoamericano. El pretendido panamericanismo de Washington se empezó a topar con resistencias. A su vez, la situación en el Oriente Medio empezó a complicarse porque Francia y Alemania impulsaron el cambio del dólar por la moneda europea para romper la hegemonía de Estados Unidos en la cotización del petróleo con el patrón dólar  y poder hacer compras libres y directas a Kuwait e Irak, provocando el rompimiento del régimen del control norteamericano en el mercado petrolero. El invento de las plantas de energía nuclear para usos bélicos de Hussein y el Sha de Irán, desató una oleada de intervencionismo norteamericano que, al final, provocó la reacción del nacimiento del Estado Islámico (ISIS).

La crisis financiera en Estados Unidos, rompió la burbuja del crédito por encima de las capacidades de pago. Se trasladó a Europa que había imitado el mismo espejismo de desarrollo cuando el desempleo, y la concentración acumulativa del ingreso estaban en auge. La crisis en Estados Unidos se fue solventando con deuda descomunal gracias a la disposición de China para proveer recursos. En Europa en cambio, el desempleo con la inmigración de África y Asia, había causado acumulación y escepticismo para volver a despegar.

La salida entonces del Reino Unido de la Comunidad Europea se da como una decisión emocional de hipernacionalismo, ante una incapacidad de incidir en una maraña de interrelaciones europeas cada vez más complejas que no han dado resultados para resolver problemas económicos, sociales, políticos y de integración para hacer frente a realidades de un mundo que no ha podido resolver problemas fundamentales y que sí vive asfixiado por los que diariamente aparecen, como la inmigración, el Estado Islámico y el terrorismo a su máxima expresión.

¿Tendrá razón el Reino Unido en cuanto a que las ventajas de la europeización fueron para los países que se aprovecharon de los apoyos y engordaron a sus elites corruptas y no fue parejo el esfuerzo? ¿Se trata de un nuevo y peligroso ultranacionalismo influido o retroalimentado por la tendencia Trump en la Unión Americana? Es cierto que sólo la mitad de los ciudadanos votó por la separación y que ésta alentará la independencia de Escocia también con la mitad de su población hacía esa opción. Las consecuencias para Inglaterra y para el resto del mundo están por verse.

La utopía de otro mundo con política y economía centrada en la equidad y el orden, vuelve a salir como la única vía. La cruda realidad del egoísmo y la ambición que contaminan la convivencia, sigue estando en la causa de lo causado.

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