Quiebra soberana en puerta

Menos que insignificantes, y abiertamente contradictorios, voz y papel de México en la convivencia internacional

Compartir:

Desde la llamada “Guerra Fría” después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se mantuvo una tensión permanente entre los dos polos: Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el mundo no había vivido una crisis tan sensible como ahora. En aquellos tiempos se presentaron momentos de verdadera amenaza de una tercera guerra, primero Corea, después Vietnam, seguido de Cuba, Checoslovaquia, Polonia y finalmente la caída del Muro de Berlín y el desplome del bloque soviético, rematando con el avionazo-misil entre las torres del WTC de Nueva York, constituyeron episodios en los que parecería que se desatarían bombardeos o invasiones que iniciarían lo que nunca podríamos saber dónde acabaría.
México mantenía una posición activa a la ofensiva internacionalista en la comunidad mundial, destacaba con la Doctrina Estrada de la No Intervención, sus fructíferas mediaciones en defensa de Cuba y de la paz en Centroamérica, el tratado de desnuclearización de América Latina etcétera. Fueron aportaciones significativas que nos dieron prestigio, reconocimiento y liderazgo en los países del Cono sur del Continente. La posición se sostuvo y fue el área de los gobiernos priístas que mejor nivel de aceptación tenía. La crítica se proyectaba hacia adentro del país por la incongruencia de ser: “candil de la calle y oscuridad de su casa” que a su vez caló en la opinión internacional al grado que el sistema electoral mexicano fue cuestionado en la mayoría de los foros mundiales de derechos humanos.
Hoy, pese a que el sistema electoral ha cambiado hacia comicios más libres y confiables, las plataformas de los partidos en materia de política exterior y la misma alternancia ha sido regresiva. La voz y el papel de México en la convivencia internacional es menos que insignificante y abiertamente contradictoria. Fox con su entreguismo y la estulticia revelada en el caso del comandante Fidel Castro al igual que en lo económico, fue sólo seguimiento de la sumisión de Carlos Salinas con la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC). Calderón con la Iniciativa Mérida agravó la dependencia y Peña Nieto, puso la cereza del pastel con la Reforma Energética a modo de los intereses petroleros y consorcios financieros internacionales.
En este escenario surge Trump, su soberbia y arrogancia que bien aprovechó lo que habían logrado sus antecesores al atar a México al TLC para colarse en la trastienda de nuestra economía e intervenir directamente hasta en la política interior. La previsión incluyó la posibilidad de un cambio de gobierno hacia la izquierda. Todo estaba fríamente calculado al grado de que, habiéndose cumplido la hipótesis, ahora se llega al extremo de que ni las injurias se le regresan al energúmeno, ni mucho menos se le enfrentaría con los argumentos claros de derecho internacional a nuestro favor. Se le han abierto las puertas desde Peña Nieto para darnos ordenes cuantas veces se le ocurra, en cuanto a cuál debería ser la línea de política exterior de México en cada caso.
Lamentablemente las cosas van cada día peor porque la inmigración centroamericana y el muro fronterizo se han convertido no sólo en obsesión sino en incesante propuesta de la campaña de reelección del tuitero de la Casa Blanca. El cuadro es patético porque el gobierno mexicano ha optado por la pasividad y la sumisión sin que se vislumbren cambios a corto o mediano plazo. Tal vez se espera que Trump no se reelija o estemos ya resignados a la impotencia bajando la guardia y aumentando el riesgo de una crisis. Tal como se le advirtió a Salinas en su tiempo, el TLC es el último eslabón de nuestra soberanía que se entregaría sin regreso.
Se ha abandonado la labor de cabildeo en la propia Unión Americana que otras veces se desplegó para enfrentar las agresiones y abusos con respuestas de intelectuales y políticos dentro del mismo Estado Unidos, aprovechando la afinidad en principios y convicciones democráticas con muchos de ellos. El silencio y vacío es extraño porque hasta mexicanistas, que antaño tenían información para defendernos ahora no lo hacen o están pasmados por nuestra inactividad. Cada día será más difícil remontar esa parálisis. La pasividad nacional merece un análisis y estudio que se debió haber hecho desde el momento del triunfo de la Cuarta Transformación para encontrar los huecos por donde podríamos entrar y argumentar en los foros internacionales a los que habría que acudir para postular la posición de México. Se configura ahora un déficit que nos va llevando a la quiebra soberana que nos postrará para siempre.
Tiempo es de reaccionar con la conciencia clara del grave riesgo de hundir a nuestra patria en un camino sin regreso. Tenemos los recursos del Derecho Internacional y de la Historia para reivindicar nuestra soberanía sobre las permanentes amenazas del Norte. No se ha sabido de una sola respuesta sobre la inaceptabilidad de renunciar a nuestro territorio original despojado cuya cultura y orígenes están presentes, por lo que no habrá muro que resista el aislamiento. La urgencia y elaboración de un “plan b” para la conducción de nuestro comercio exterior en caso de cancelarse el TLC es exigencia inaplazable. El solo abrir esa posibilidad le significaría a Washington un problema hacia adentro y a México la doble oportunidad de procesar el TLC u optar por otros caminos en defensa de nuestra soberanía.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...