Los Centros históricos se han revalorado incesantemente.

Después de la segunda guerra y su secuela destructiva de los bombarderos dirigidos al núcleo urbano de las capitales de los países en contienda, hasta la devastadora bomba “H” sobre Hiroshima y Nagasaki y apuntalada para repetirse en Tokio; la posterior y reflexión mundial en la búsqueda de las causas de la violencia entre los diferentes países y aun dentro de ellos mismos, llevó a la primera respuesta que fue la de la emisión de la Declaración de los Derechos Humanos y la segunda, la del reconocimiento de la educación y la cultura como el principal elemento de identidad de los pueblos y la capacidad de aceptación y respeto de la de todas las naciones del orbe.

Así nacieron la ONU y la UNESCO, como la más importante derivación de la primera para que los acuerdos para la paz entre las naciones no fueran efímeros y se consolidaran a partir de que cada una de ellas se encontrará consigo misma para convivir con las demás.

La educación para el conocimiento de la diversidad y la particularidad de cada una, para llegar a la conclusión que todas acogen los valores más profundos de optar por el arte, la música, la arquitectura, la pintura, el pensamiento, la literatura y en suma el bien humano, antes que por la hostilidad, el odio, el antagonismo y la violencia.

En este nuevo hallazgo de la mejor finalidad de la naturaleza humana radica la misión de la UNESCO para propiciar que, a través de la educación se alcance la mejor comprensión del hombre de su superior destino y que por el reencuentro de sus raíces culturales, se alcance la vocación de compartirlo con el de otras naciones, recibiendo de éstas su propia expresión cultural, reconociendo la pluralidad y conformando la coincidencia de la necesidad de conocernos a fondo para posibilitar la cercanía en un muto respeto enriquecido.

La ausencia de esta vinculación histórica en las nuevas generaciones los aísla en un vacio de su origen que le resta sentido a la vida social y a su corresponsabilidad con el destino compartido.

Por ello la cultura no es trivial, pese a que, también en términos económicos es muy productivo, porque no sólo genera ocupación, empleo y desarrollo turístico, sino principalmente porque dispone al hombre que la procura y propicia, una actitud menos individualista y egoísta.

Se fomenta la colaboración cultural sin fines de lucro y con sentido democrático de compartir y promover que los más se beneficien de los bienes culturales para su propia realización y la realización comunitaria. La cultura como actividad humana en todas sus expresiones tiene la doble función de generación económica sana no especulativa, y de elevación humana en la creación y en el compartir con los demás.

Los Centros históricos entonces, son, en las ciudades y en los pueblos, los sitios reconocidos como fundacionales de las mismas.

Donde la sociabilidad humana se materializó para una convivencia sedentaria con vistas a elevar la capacidad del hombre no sólo en su ámbito familiar y de clan, sino al de realizar obras en común y edificar, no sólo para sobrevivir, sino para crear con ello usos colectivos de carácter religiosos o civil en espacios no sólo funcionales, sino estéticamente atractivos de permanencia transgeneracional.

Desde esta óptica, el primer encuentro de Centros Históricos, que organizó el ayuntamiento de Guadalajara a través de Patronato del Centro Histórico, Barrios y Zonas Tradicionales de Guadalajara, tuvo como propósito el reunir a quienes ejercen la responsabilidad de esta tarea cultural esencial en diferentes ciudades de la República, para que se compartieran experiencias, conocimientos, organización, visiones, prospectivas y alcances en el desempeño de esta tarea.

Se tuvo como invitada especial a la responsable del rescate de la vieja Habana de Cuba, que ha acumulado interesantes y fructíferos resultados que fueron expuestos y comentados ampliamente.

Fue sensible la ponderación no sólo de patrimonio cultural material, sino del intangible que conforman lo sustancial del pasado tradicional en la música, gastronomía, folclore, en suma los usos y costumbres de la personalidad de cada ciudad.

El encuentro tuvo como sede el Palacio del Ayuntamiento de Guadalajara y sus gratas como amplias instalaciones, los tres días de duración  8, 9 y 10 de septiembre, fueron productivos porque privó siempre el ánimo de compartir, dar y recibir, así como paneles de los participantes con el público y profesionales de la arquitectura, urbanismo, historia, etc.

Se dieron datos de investigaciones de campo, de evaluaciones de resultados, de presupuestos, de participación ciudadana en las decisiones, de planes de manejo, modelos de organización, etc, etc.

Obviamente la hospitalidad tapatía y los murales de Orozco fueron la cereza del pastel acompañado en la despedida con la música mexicana más viva, que es la del mariachi.

El próximo encuentro se realizará en la Ciudad de México, en la primera quincena de septiembre del año del Centenario de la Constitución del 17, que recibirá a todos los Centros Históricos de la República reconocidos como Patrimonio Cultural de la Humanidad para celebrar el trigésimo aniversario de la declaración hecha en favor del Centro de la Ciudad de México, Xochimilco, Tlahuac y Milpa Alta; así como aquellas ciudades que han constituido como política pública la preservación y desarrollo de sus centros históricos o que se encuentran en proceso de ser reconocidos como tales por la UNESCO.

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