Presión, sumisión y cesión

El panorama que tejen las acciones del Gobierno Federal ante, por ejemplo, Trump, la CNTE, los taxistas, las normales rurales, los policías federales ‘rebeldes’…

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El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha impuesto un estilo propio a la forma de tratar reclamos o advertencias

Retomando el antiguo axioma de los mandatarios priístas, en el sentido de que un Presidente nunca debe actuar bajo presión, Andrés Manuel López Obrador ha dicho que no se deja presionar y que no le permitirá, aunque el país sea paralizado, como amenazan las universidades públicas.

No dice toda la verdad. Él, precisamente él, ha mostrado el camino a seguir a los grupos insatisfechos con su gobierno: La presión, y no la ley, es la única manera de obtener lo que se quiere, por absurdo que sea, y a lo que se tiene derecho.

Que nadie se sorprenda si en el futuro inmediato se multiplican, como peces y panes, las movilizaciones para obtener prebendas del gobierno o lo mínimo a que hay derecho.

En cambio, para mantener quietos a quienes podrían tener la temeridad de oponérsele cuenta con la Unidad de Inteligencia Financiera, que paraliza al más pintado, algunos medios de comunicación y a la docilidad, cada vez más vergonzante, del Poder Judicial de la Federación.

La lista de quienes ejerciendo presión han sacado al Presidente y a otras autoridades hasta lo que no pedían probablemente no sea muy larga, pero de prueba ahí están Donald Trump, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), los taxistas de la Ciudad de México y los estudiantes de la normal Rural Lázaro Cárdenas del Río, de Tenería. Ahora ya presionan también los normalistas de Teteles, Puebla.

Pero si ante alguien el Gobierno mexicano no ha ni chistado, ese es Donald Trump, Presidente de EU
Una de las agrupaciones que más provecho ha sacado a la presión al gobierno ha sido la CNTE. Diestra en la desobediencia, ya conquistó hasta el Palacio Nacional

Pronto sabremos cómo les va a las universidades públicas que exigen el dinero que les corresponde y a qué están dispuestos sus líderes para obtener del gobierno lo que es su derecho.

Desmiente al Presidente la cesión de su gobierno, que será histórica por espectacular y, en mucho, por ser la más dolorosa y vergonzante para los creyentes más firmes de la Cuarta Transformación. Es decir, la docilidad mostrada ante Donald Trump en materia migratoria; no olvidemos a Porfirio Muñoz Ledo denunciando habernos convertido en la patrulla fronteriza de Estados Unidos.

El tratado de libre comercio no firmado aún entre los tres países de América del Norte ha obligado a López Obrador a archivar sus conocimientos de historia patria y a justificar su debilidad ante el Presidente norteamericano con supuestos mandatos del pueblo sabio en la plaza pública, al que pregunta si nos confrontamos con Trump a sabiendas de que, de antemano, sus allegados sembraron entre los asistentes la respuesta que necesita para decir que obedece el deseo popular: “¡No!”.

 

EL PESO DE SECUESTRAR A 92 CHOFERES

La más reciente de las cesiones presidenciales la causó la retención, por 10 días, de 92 choferes, con todo y sus unidades de transporte, por parte de los estudiantes de la Escuela Normal Rural Lázaro Cárdenas del Río, de Tenería, en el Estado de México.

El secuestro de los choferes nada tiene que ver con cuotas de pasaje, sino con la presión al gobierno para que pague las quincenas de septiembre, y la primera de octubre, a más tardar el 15 del mes presente.

Cuando el Presidente anunció que ya estaba resuelto el problema, obviamente, alguien lo mal informó, si no es que lo había engañado (sin duda, el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta), pues personas y vehículos seguían secuestrados, lo que, a todas luces, es delictivo, pero, al final, los secuestradores obtuvieron lo que querían, y más, mucho más; hasta entonces liberaron a choferes golpeados y hambrientos.

En contrapartida, después de lo ocurrido con el ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Eduardo Medina Mora se entiende la pasividad, ante la Cuarta Transformación, de la clase política dominante del país en los últimos tres sexenios.

Los políticos del pasado reciente han hecho válida la máxima de que para tener la lengua larga se necesita un rabo corto. El problema es que su rabo es muy largo y, además, está cubierto de estiércol.

Y por ese rabo largo y fétido es que el país camina hacia un futuro ominoso en donde el poder público carecerá de contrapesos.

Inclusive, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en voz del Ministro presidente, Arturo Zaldívar, ha rechazado tener esa misión, pues la suya, dice, y no sin razón, consiste sólo en aplicar la ley y no servir de contrapeso, pues para eso están los partidos políticos, pero el pleno del máximo tribunal poco a poco se puebla con militantes o simpatizantes de Morena. Antes de concluir el sexenio quizás sean mayoría.

 

MEJOR LA CALLE QUE AMPAROS

Quienes se oponen a la construcción del aeropuerto en la base militar aérea de Santa Lucía y al despilfarro insultante que constituye abandonar lo construido en Texcoco equivocaron el camino. No era a través de amparos con el juez Juan Carlos Guzmán, sino echándose a la calle, como podían impedir el derroche.

En realidad intentaron ganar la calle, pero fueron tan pocos que sólo merecieron una lluvia de insultos en las redes sociales y la indiferencia olímpica de la autoridad.

Los automovilistas que sufrieron la escasez de gasolina como consecuencia de una guerra contra el huachicol que no se ha ganado, y que sólo sirvió para que el Ejército consiguiera la concesión de transportar combustible en pipas que no reúnen los requisitos mínimos de seguridad, debieron actuar como los taxistas y no contentarse con agradecimientos presidenciales por soportar molestias como las de hacer cola en las madrugadas para mendigar unos litros de gasolina.

Si, en cambio, se hubiesen comportado como los taxistas, optando por estrangular las avenidas más importantes de la capital de la República, quizás habrían obtenido sino ocho audiencias privadas con el Presidente, como los líderes de la CNTE, al menos una con un funcionario menor, pero no, el país estaba de luna de miel con López Obrador y entendimos que era justa su guerra, la que marcaba el inicio de su gobierno, como la declarada en Michoacán, contra el narcotráfico, por Felipe Calderón.

Recientemente, taxistas de la CDMX y otros estados volvieron loca a la Capital mexicana. Les bastaron mínimo 10 horas para conseguir atención y acuerdos en Gobernación

Conocemos el saldo de la de Calderón, proseguida por Enrique Peña Nieto, cientos de miles de muertos y desaparecidos. En la 4T, la noticia es que no hay guerra con el crimen organizado, como lo decretó el Presidente, y que el problema lo resolverán las abuelitas con chancla en mano. Lo cierto es que los narcos parecen gozar de un pacto no firmado para operar a sus anchas, con el compromiso incumplido, por parte de ellos, de que no habrá muerte ni derramamiento de sangre.

El saldo de la de López Obrador es que el “huachicol” sigue en auge y que se ha extendido al “gasicol”, con la diferencia de que la UIF ya no se ocupa del tema.

Narco y “huachicol” han dejado de ser noticia y al gobierno no le interesa lo que no ocupe espacio en los medios de comunicación.

 

¿CUÁL TIGRE?

También debemos reconocer que el Presidente sabe resistir presiones. Nada han conseguido los policías federales bloqueando el Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” ni lo que fue su centro de mando en Iztapalapa. La misión de Alfonso Durazo es desaparecerlos, y hacia la extinción van.

Cada vez menos, a los policías federales ‘rebeldes’ parecen ya no alcanzarles ni los bloqueos al aeropuerto. El Gobierno Federal resiste

En realidad, esto significa que López Obrador sabe ante quién conviene ceder, como Trump, la Coordinadora, taxistas y normalistas, pero también a quiénes resistir, el resto de ciudadanos, como los de Huajuapan de León, Oaxaca, a quienes recriminó le exigieran cumplir con los apoyos prometidos, que nomás no llegan. “Vámonos respetando”, les espetó.

Una de las grandes ventajas que tiene el Presidente sobre sus antecesores es que de tanto andar por los caminos del país conoce al pueblo y sabe que lo del Tigre (el México bronco) sólo fue una figura retórica del gran ideólogo del PRI Jesús Reyes Heroles. No hay tal, a menos que tenga un líder, precisamente, como López Obrador.

Los demás, los del rabo largo y apestoso, con Santiago Nieto tienen.

 

 

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