Política deshumanizada y caprichosa

No mide Donald Trump consecuencias colaterales de su toma de decisiones

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Nadie más que los mexicanos y los hispanos que viven en Estados Unidos, ha padecido y sufrido más los insultos del discurso de odio y racismo generados por Donald John Trump, el presidente 45 de los Estados Unidos que habita la Casa Blanca desde 2017.
Un sector poblacional utilizado como blanco de recepción de injurias y agravios, que alimenta su fobia, abona a su ego y refuerza su proyección política.
Una gestión deshumanizada y caprichosa que persigue reelegirse para seguir al mando del país más poderoso del mundo por un periodo más de tres años: para desgracia de los afectados y de los mexicanos.
Una actitud y estrategia del presbiteriano, empresario inmobiliario y personalidad televisiva, que despliega y explota desde su campaña presidencial, que le ha redituado la captación de la población nacionalista de su país; y lo más lamentable, la reactivación del “racismo” en el Estado defensor de la libertad y democracia que se daba por descontado habían superado, para una nación forjada fundamentalmente de inmigrantes.
Una aversión que se distingue como repugnancia hacia los latinos en general, que detona y revienta con el fenómeno de la migración de centroamericanos, caribeños y africanos primordialmente, que actualmente se está tornado en problema de seguridad nacional, no solamente para la Unión Americana, sino para México como suelo de tránsito y refugio de contención (el tercer país, configurado por EU), de estas incontenibles avalanchas humanas que tienen al borde del cierre de las fronteras que comunican a México con los Estados Unidos, con sus repercusiones de vecindad, pero sobre todo económicas, ya que políticamente somos insignificantes en las prioridades de Trump.

NUESTRA VECINDAD DEL NORTE
Una vecindad limítrofe de frontera que describiera de la siguiente manera Jesús Silva Herzog Flores, como embajador de México en la Unión Americana (1994-1997): “Una franja fronteriza en la que habitan cerca de 20 millones de personas, con una intensa interrelación de todo tipo: familiar, de negocios, inseguridad, contaminación, trabajo. Alrededor de un millón de personas cruzan la frontera en ambas direcciones cada día. Setenta millones de vehículos la cruzan al año. La relación es tan estrecha que se ha conformado una región con personalidad propia, distante de las capitales respectivas. Hay quien la ha bautizado con el nombre de Mexamérica”.
Una estructura social, económica y política, construida por décadas, donde ambas partes son necesarias e imprescindibles para su supervivencia y convivencia, donde un “fascista” calificativo con el que identifican los residentes mexicanos y chicanos en aquel país a Trump, no ha tomado en cuenta, persistiendo sus fines propagandísticos y su política del garrote al desquiciar los pasos fronterizos.
Un presidente que maneja a su nación como una empresa, con un liderazgo autoritario y ofensivo, lejos del revestimiento político y diplomático, que no mide las consecuencias colaterales de su toma de decisiones, aunque en ellas arrastre a sus mismos connacionales y su propio país.
Un desprecio para todo inmigrante en especial mexicano, que como señalara el ex presidente George W. Bush: “Los trabajadores inmigrantes eran necesarios para ocupar empleos que los nativos no quieren”.
Una población mexicana en Estados Unidos que dejó de ser invisible, cuyo número con papeles o sin papeles ha crecido a cerca de 30 millones.
Una comunidad que representa un poder de compra y generadora de impuestos cuantitativos y significativos.
Una población que ya no trabaja exclusivamente en el campo como antes, sino en las principales ciudades, siendo parte de ellas.
Una población que se ha superado y tratado de integrarse de la mejor forma al país que los asila como profesionistas, políticos, empresarios o comunicadores influyentes, estudiantes y obreros, que en la administración Trump han sido objeto de una creciente discriminación y maltratos; descalificado y desconociendo su aporte social, político y económico que generan para ese país, principalmente en los Estados mexicanizados como: California, Texas, Illinois, Arizona y Colorado.

CÓMO NOS VEN
Rescatando las declaraciones de Jeffrey Davidow ex embajador de Estados Unidos en México (1998-2002): “Para los estadounidenses, la migración es una cuestión de leyes. Algunos tienen una posición matizada hacia la migración ilegal por prejuicios, preocupaciones sociales e intereses económicos propios”. Agregando: “Los norteamericanos ven la entrada de mexicanos u otros sin un permiso, como una falta de respeto a nuestras leyes e instituciones”.
Concluyendo el diplomático: “Para los países que exportan su migrantes, les reduce el número de desempleos y les genera divisas por las remesas que envía a su país de origen, trasladando esos problemas para los EU”.
Sobre esta visión de identificación, se trae a colación lo señalado por el ex presidente Ronald Reagan: “EU ha perdido el control de sus fronteras. En el imaginario colectivo estadounidense, la frontera desordenada y fuera de control es la frontera de México”.

POLÍTICAS ANTIMIGRANTES
Bajo este historial, en un proceso largo y tortuoso, queda marcada la lucha por la permanencia y residencia en territorio estadounidense.
Con todos sus riesgos, humillaciones y muertes, ha tenido que sortear y padecer una serie de medidas injustas e inhumanas sobre su regulación, destacando la Proposición de 1987, la cual negaba a los inmigrantes indocumentados servicios médicos y de educación y, obligaba a los funcionarios involucrados denunciar su condición ilegal.
La Ley 287, aprobada en 1996, facultaba al Departamento de Justicia a realizar acuerdos con las policías locales para que sus agentes inmigrantes detuvieran a inmigrantes indocumentados, aunque esta medida fue suspendida, el presidente Trump ha señalado que la pondrá en marcha nuevamente.
Conocida como Sensenbrenner Bill, en 2005 se aprobó una de las leyes más punitivas de EU contra los inmigrantes, la cual plantea que es un delito ayudar a inmigrantes ilegales a permanecer en esa nación, incluso proponía que los niños nacidos de inmigrantes ilegales en EU pasarían a custodia del Estado.
En esa secuencia normativa, aparece la ley Arizona, que propone abiertamente que los oficiales pudieran intervenir en detener personas y vehículos en caso de sospecha de que fueran trabajadores indocumentados. Esta ley fue diseñada por Kris Kobach, quien es el hombre que asesoró al actual mandatario en materia migratoria.
Con esa línea de actuación, no se puede desechar que Trump busque impulsar políticas más crueles contra los inmigrantes y solicitantes de asilo; incluyendo la separación de niños de sus familias, que tantos reclamos le ha producido.
Ante la problemática con la inmigración que está padeciendo su país, que lo ha obligado a tomar medidas más que radicales, parece que no se apartara de su guión establecido, donde mantiene latente la famosa construcción del muro fronterizo.

LAS CARAVANAS
Las migraciones forzadas o voluntarias que buscan una mejor calidad de vida de oriundos de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, a los que se les han sumado originarios de Haití y Cuba, incorporándose representativos de diferentes países de África; alentados por la política mexicana de respeto a los derechos humanos y tránsito seguro por su territorio, que les ha despertado el deseo desmedido por emprender el viaje con rumbo al sueño americano; ahora que se le abrieron las puertas de territorio azteca.
México y EU se encuentran en una crisis de derechos humanos y, con el gobierno de Donald Trump, se augura que se vivirán momentos de turbulencia, tanto para los migrantes como para el país.
México debe prepararse para este escenario, pues si bien se incrementa el número de solicitudes de refugio, la realidad es que la mayoría de los indocumentados no buscan esa figura, hay un gran porcentaje que ven a México como su primer destino, ante la postura irracional estadounidense de acogerlos.
Antes esta problemática, México debe planear y programar, muy a su pesar de que no tiene presupuestado, el costo del tránsito, atención médica, refugio y manutención de estos inmigrantes que se siguen aventurando.
Una responsabilidad humanitaria que no comparte EU y, nos recrimina por su escasa contención.
Una responsabilidad donde no ha colocado en la mesa una compensación económica para México, por recibir, filtrar, contener y eventualmente hospedar a cientos de miles de inmigrantes, convirtiéndose en latentes problemas sociales, de seguridad, refugio y alimentación en la ciudades fronterizas nacionales que los contienen.
Eventos para lo cual, no están preparadas, convirtiéndonos en una frontera como zona de peligro para los EU, teniendo que soportar a un Trump que seguirá aplicando una política de tolerancia cero, adicionalmente de todo lo que esté en su poder para detener a los migrantes, como parte central de su agenda política rumbo a la reelección del año que entra.
Ante esta problemática y los embates de Trump, están evidenciando a Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y Olga Sánchez Cordero en una situación que todavía no se acaba por dimensionar y mucho menos, detectar sus consecuencias futuras.

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