Periodismo, en la normalidad de siempre

En espera de llegar al año 72, a riesgo de lo que sea, pero manejando, y no necesariamente en papel o en el mundo digital, sino en vivo y en los salones oficiales, los asuntos más emblemáticos de la 4T

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En casi tres cuartos de siglo, IMPACTO no ha dejado de hacer su trabajo. Hoy la nueva normalidad y la modernidad lo llevan a realizarlos de manera virtual en sus diferentes plataformas de internet.

> Resistimos la tentación de celebrar significándonos en el medio sumándonos al juego de la Cuarta Transformación que, a base de filtraciones oficiosas y sin sentarlos ante el Poder Judicial de la Federación, ha declarado culpables y ejecutado a prominentes políticos de sexenios anteriores

> Día a día, semana a semana, estamos presentes y permaneceremos si conseguimos burlar de la manera que sea, entiéndase bien esto, de la manera que sea, la bien planificada y operada estrategia de acabar con la prensa libre

IMPACTO está a tres días de cumplir 71 años en la nueva normalidad y en la modernidad que nos obliga a hacerlo de manera virtual en sus diferentes plataformas de internet y no en papel, como es nuestro deseo.

Resistimos la tentación de celebrar significándonos en el medio sumándonos al juego de la Cuarta Transformación que, a base de filtraciones oficiosas y sin sentarlos ante el Poder Judicial de la Federación, ha declarado culpables y ejecutado a prominentes políticos de sexenios anteriores que estarían relacionados con los casos que tienen, por hoy, a Emilio Lozoya como único protagonista principal de la pandemia de la corrupción, cuya erradicación es misión que el Presidente López Obrador se ha impuesto, quizás por mandato divino o convicción propia.

No tendríamos mayor problema. Nuestra ventaja estriba en que, a diferencia de la mayoría de colegas periodistas, conocemos de primera mano los casos. Los lectores de IMPACTO han leído en este espacio historias documentadas que no son producto de las filtraciones, hoy tan de moda.

Sin embargo, por esta ocasión nos resistimos a participar en el juego de las filtraciones oficiosas de la 4T, ajenas sin duda a la Fiscalía General de la República porque, si surgieran de las oficinas de Alejandro Gertz Manero, incurriría en lo que tanto reclama a la Unidad de Inteligencia Financiera, cuyo titular, Santiago Nieto, nada hace sin que le sea ordenado por el mandatario, según confesión de éste. Es decir, en violaciones al debido proceso y a la presunción de inocencia de los posibles implicados cuyos nombres circulan en medios de comunicación y sus identidades son insinuadas en las conferencias mañaneras en Palacio Nacional.

No esperar a que comparezcan ante juez el ex director de Pemex, sus familiares, todas mujeres, injustamente y de manera canalla vinculadas a las acusaciones en su contra con la intención de doblegarlo, así como quienes fueron sus superiores jerárquicos y le ordenaron realizar las operaciones por las que lo mantienen bajo proceso, y los políticos supuestamente sobornados con fondos obtenidos en esas compraventas y asignación de contratos, significaría constituirnos en fiscal, jurado, juez y verdugo.

No equivocarse; no rehuimos la obligación periodística. A tiempo, como lo dije párrafos arriba, los lectores de IMPACTO se han enterado en este espacio a detalle del fondo de casos como Odebrecht, Agronitrogenados, Etileno XXI y Fertinal, esta última, empresa que parece quemar las manos tanto del gobierno federal como de la Fiscalía muy a pesar de que esta administración denunció el caso ante la Fiscalía el 5 de marzo de 2019.

Tan no rehuimos el caso que en la edición anterior le dediqué la columna titulada “La penitencia priista por dejar solo a Lozoya” (al lector le bastará con buscar en Woogle). Ahí están todos los detalles, incluida Fabiola Tapia Vargas, los pagos a panistas y a consultores extranjeros de la campaña presidencial de 2012.

Narré detalles como la presunta distribución de unos 170 millones de pesos entre panistas y el PRI; todo lo que ahora es novedad sólo porque se dan a conocer nombres de los supuestamente favorecidos con sobornos.

Me abstuve de hacerlo y lo hago hoy porque este es el momento del Ministerio Público de la Federación, del juez, de las pruebas, los testigos, y desde luego el de Emilio Lozoya que, una vez recuperado de sus padecimientos, por fin tendrá la oportunidad de hablar con libertad y amplitud y sin intermediación, algo de lo que ha carecido.

El sabrá si mantiene lo pactado en su ausencia y en su nombre y si presenta las pruebas y testigos de lo inscrito en los presuntos criterios de oportunidad. Todo esto a condición que le cumplan, porque bastará con que los videos no aparezcan, los peritos no identifiquen los garabatos en los recibos o los presuntos testigos nieguen serlo, para que la FGR justifique el no cumplimiento de su parte y mantenga las acusaciones contra él, su señora madre, esposa y hermana.

La difusión de nombres en las filtraciones sobre los acuerdos a los que Lozoya habría llegado con la Fiscalía General de la República en busca del beneficio del “Criterio determinado” (ni testigo protegido, que no existe en nuestra legislación, ni testigo colaborador, que son las figuras de que habla AMLO) es un éxito periodístico que mete en aprietos a Gertz Manero porque, como lo dije la semana anterior, de los famosos videos que habrían captado los momentos cumbres de la corrupción, al parecer sólo hay uno tomado con un teléfono celular cuyo autor ya no puede testificar, y recibos, ninguno firmado por los supuestos beneficiarios.

Desde luego la difusión de nombres es un golpe político al PAN porque la nómina publicada de los sobornos incluye solo a militantes de ese partido, algunos hoy considerados rebeldes al gobierno del Presidente López Obrador.

Poco se dice de legisladores priistas, si acaso se menciona sólo a uno, pero eso sí a personajes de alto rango del sexenio anterior, el encargado de las finanzas del partido entonces en el poder, y los superiores jerárquicos de Emilio.

Se exhibe a algunos colaboradores de Felipe Caderón, varios con aspiraciones presidenciales, en especial un ex diputado y un ex senador.

No se mencionan, en cambio, los intentos de extorsión de que han sido objeto ciertos gobernadores.

Pero responder a las preguntas que sobre el tema se le hacen en las mañaneras, como la de este viernes en Oaxaca, constituye una delicia para el Presidente López Obrador que se mantiene en permanente campaña electoral. Cada palabra que pronuncia es una advertencia de lo que podría ocurrir al país si vuelve a ser gobernador por panistas y priistas.

Por la incontinencia presidencial es que en la FGR sospechan que la filtración de la mayor parte del contenido del compromiso a que Lozoya llegó con Gertz Manero, es responsabilidad de una de las oficinas cercanas al mandatario.

Este contexto explicaría que el viernes 17 el Fiscal mantuviera ajeno al gabinete de seguridad de López Obrador y al mismo Presidente del arribo a México y el destino temporal de Lozoya. Fue penoso ver al mandatario y a su secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, pasar apuros en la conferencia mañanera en Manzanillo confesos de no saber en dónde estaba el ex director de Pemex siete horas después de su llegada a la capital de la República, ¿en el Reclusorio Norte o en un hospital?

Todo porque Gertz Manero no confía en quienes rodean a López Obrador pues sospecha que alguno de ellos, con relaciones españolas, podría ser el filtrador de la información sobre Lozoya que constituye violación a la presunción de inocencia y, en consecuencia al debido proceso, lo que pondría en riesgo sus casos y a la Fiscalía ante un monumental fracaso porque no se olvide que el nuevo abogado del ex director de Pemex, Miguel Ontiveros Alonso, es experto en derechos humanos, materia de la cual fue subprocurador en el sexenio de Felipe Calderón.

Este domingo se cumplen los 10 días que Emilio permanecería en el hospital, de tal suerte que el lunes podrá comparecer ante el juez. Entonces regresaremos formalmente al tema.

Este es el momento del Ministerio Público de la Federación, del juez, de las pruebas, los testigos, y desde luego de Emilio Lozoya que, una vez recuperado de sus padecimientos, por fin tendrá la oportunidad de hablar con libertad y amplitud y sin intermediación, algo de lo que hasta hoy ha carecido.

A PESAR DE LOS PESARES

Entre tanto, permítaseme decir sobre nuestro aniversario que los últimos 71 años, muy en especial los dos de la Cuarta Transformación, lo han sido todo, menos virtuales y normales.

Día a día, semana a semana, estamos presentes y permaneceremos si conseguimos burlar de la manera que sea, entiéndase bien esto, de la manera que sea, la bien planificada y operada estrategia de acabar con la prensa libre, no la facciosa porque a la vista goza de cabal salud gracias a la generosidad para alimentarla hasta el hartazgo.

El año anterior, en ocasión de cumplir 70, a sabiendas que no sería fácil sobrevivir a la Cuarta Transformación, nos comprometimos a cumplir muchos más, uno a uno, y en eso estamos.

Dijimos entonces que “Hoy, la revista política más antigua de México llega a los 70 años de edad luchando por sobrevivir en la llamada Cuarta Transformación, el régimen encabezado por el presidente López Obrador dispuesto a derruir todo lo construido en el pasado para crear un sistema ideal, ausente de corrupción, en el que priven bondad y austeridad.

“Ha advertido que la única manera de sobrevivir en estas condiciones es portándonos bien y siendo buenos, lo que, debo confesar, no nos resulta fácil, y no por malos, sino por vagos”.

Reiteramos entonces que “sólo los adivinos saben qué vendrá, pero nosotros no tenemos duda de lo que haremos en tanto existan papel, tinta y mundo digital: Reportear y ejercer la libertad de pensar y opinar, derechos que consiguieron para los periodistas mexicanos muchos que arriesgaron y, en algunos casos, perdieron vida, libertad y patrimonio. En suma, nos concretaremos, como siempre, a no sucumbir ante el peor enemigo que George Orwell identificó para escritores y periodistas, la cobardía intelectual.

“Es decir, la cobardía propia”.

El papel se acabó, pero aquí seguimos, todavía.

‘LOS AMIGOS ASÍ’

En este aniversario no se trata de hablar de heroicidades, de libertad y vida, aunque estén en permanente juego, sino de ejercer el oficio mientras podamos sin ataduras y dignidad, y en riesgo de incurrir en error por las razones que se quiera, limitaciones personales y profesionales y hasta ingenuidad, por más que esto se antoje difícil de creer.

Hoy no se trata de formular declaraciones de principios, que eso ya lo hicieron en su momento nuestro fundador don Regino Hernández Llergo y el continuador de su obra, don Mario Sojo. Ni siquiera de replanteamientos porque en esta, en la pasada o en futuras normalidades o transformaciones, el periodismo sigue y seguirá siendo el mismo a despecho de los transformadores.

No obstante, permítaseme un poco de nostalgia.

En otros tiempos estaríamos preparándonos para el festejo en grande, con los muy pocos hermanos que la vida nos puso en el camino (algunos de ellos especiales y ahora con problemas que también son nuestros porque, fieles al estilo de la casa, seguimos y seguiremos a su lado, cual sea el desenlace); con los escasos amigos que tanto extrañamos dado que las reglas de los tiempos, no solo a causa del coronavirus sino de las persecuciones para mejorar los pronósticos electorales de Morena, imponen el distanciamiento físico, social y hasta telefónico.

Ya estarían listos harto tequila y mezcal con ponche de granada (en realidad zarzaparrilla porque no alcanzaría para más); la suculenta comida de los Colín, Los Xochimilcas y el jabalí hidalguense.

Y, cómo no, el Real de Jalisco de Humberto, “El Viejón”, y mi paisano, el insuperable Valente Pastor, cantándonos “Los amigos así”, esos que quizás no se ven muy seguido, pero cuando nos encontramos, lo festejamos. Y ¡vaya que sí!

Tiempos que ya volverán. El Real de Jalisco de Humberto, “El Viejón”, y el insuperable Valente Pastor, durante un festejo anterior en IMPACTO.

No sólo por Susana Distancia y el coronavirus, sino por la austeridad y anexas lo haremos de manera virtual en espera de un tiempo, si lo llega a haber, al menos para este tecleador, en el que podamos volver a nuestra normalidad que, dicho sea de paso, como la entendemos siempre fue anormal, con éxitos nada glamorosos, fracasos monumentales y persecuciones encarnizadas.

Por lo pronto, la única manera que tenemos de celebrar es ejerciendo el bendito oficio de periodista.

Nunca terminaremos de agradecer al Presidente López Obrador la valiosa e histórica oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos si somos capaces de ejercer el oficio como lo entendemos en un régimen que se presume diferente, por lo menos a los de los cinco sexenios anteriores.

Se trata de un reto magnífico que afrontamos día a día, desde el inicio del régimen de la Cuarta Transformación.

Lo hemos hecho, como lo pueden atestiguar algunos personajes del grupo dominante del nuevo régimen, manejando, y no necesariamente en papel o en el mundo digital, sino en vivo y en los salones oficiales, los asuntos más emblemáticos del momento, los verdaderamente trascendentes que hoy dominan la agenda del Presidente López Obrador.

Por esas bendiciones del oficio y la confianza que sólo se puede obtener a base de lealtad y de nunca incurrir en traición con fuentes informativas, hermanos y amigos, conocemos los temas como pocos de nuestros colegas y, si mucho me apuran, hasta de los investigadores. Lo saben la 4T, los protagonistas y nuestros lectores.

No es nuevo, por regla general IMPACTO ha estado en el centro de los acontecimientos, en muchos como testigo de primerísima fila y, en otros, hasta de protagonista. No es petulancia; así es y así ha sido, como también ocurre a muchos colegas y medios de comunicación, pero en estos asuntos somos los únicos. En más de una ocasión algún Presidente ha preguntado directamente de dónde proviene la información. Se han quedado sin respuesta a pesar de la amistad.

FOTOGRAFÍA Y EPITAFIO

¿Qué sigue?

¿Quién puede saberlo?

Como la intención es acabar con el pasado quizás corramos la misma suerte, pues a querer o no, aunque no seamos señalados públicamente porque tal vez nos consideran pequeños, lo representamos al igual que la legión formada por quienes encontraron en la 4T el instrumento útil para cumplir sus ambiciones pulverizadas en los 36 años anteriores, lo que también atestiguamos, informamos y participamos, como ellos no olvidan.

Seguiremos porque pelear mientras respires fue la herencia y porque, como me recuerda un hermano, sólo los guajolotes mueren en la víspera.

Y si el semáforo y la austeridad llegan a permitirlo, cualquier día de estos los hermanos y amigos que podamos nos reuniremos en “El Pancho´s Bar” a cantar con Valente y “El Real de Jalisco”, y a brindar por los que no estarán; unos porque ya se fueron, como el inolvidable Marco Murillo, varios porque se alejaron cuando tuvieron conciencia que con nosotros sólo hay pasado y nada de futuro, y otros pocos porque la vida los obliga a lo que en política llaman bajo perfil.

A punto de concluir la columna para enviarla a Roberto Cruz para su revisión y crítica inclemente, tomo un respiro y la mirada se topa con el maravilloso obsequio de mi hermano Tomás Flores. Es una pintura, obra de su paisano Fernando Ortega a partir de una fotografía que muestra a doña Clemen dando la bendición a su hijo afuera del Estadio Cuauhtémoc, en la Ciudad de Puebla, en una de las ocasiones en que “La Franja” eliminó de la liguilla futbolera al “Rebaño Sagrado”. Como siempre, hago la señal de la Santa Cruz y me persigno.

Mirarla siempre al final de la jornada es un ritual gratificante.

Y entonces, apilado con otros libros descubro mi favorito. Hojeo el destartalado ejemplar de “La última confesión” (Grijalbo) y busco el epílogo de la novela sobre los últimos días de Giordano Bruno que, por encargo de Joy, la viuda del genial novelista Morris West, escribió Berly Barraclough, dado que la vida no permitió a Morris relatar los postreros momentos de su alma gemela porque murió, como dice el prologuista de la novela, Tom Keneally, “en su escritorio y al final de un párrafo particularmente bueno”.

Encuentro un párrafo hipnótico escrito por Giordano para “el gallo”, uno de los personajes de su comedia De Monade, publicada en junio de 1590 en Frankfurt con seudónimo para eludir a la Santa Inquisición. Berly quiere pensar que el monje indomable escribió involuntariamente su epitafio:

“Mucho he luchado; pensé que podía ganar, pero el destino y la naturaleza sofocaron mis meditaciones y esfuerzos. Pero ya es algo estar en el campo de batalla, porque ganar depende mucho de la suerte. Pero hice cuanto pude y no creo que nadie en las generaciones futuras lo niegue. No temí a la muerte, nunca me rendí ante nadie; en lugar de una vida cobarde, elegí una muerte valiente”.

Levantemos las copas, que choquen y se desparramen, no mucho porque el líquido es bendito, mientras Valente canta “Nuestra vida es así, ganar, perder, es siempre lo mismo. Y al final los amigos no se olvidan de sus amigos”.

¡Salud!

En espera de llegar al año 72, a riesgo de lo que sea.

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