Pensar en México

Preferible creer en un destino infalible; muchas las victorias que pueden alentar nuestro espíritu y sedar nuestro dolor

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En estos días patrios, cuando pienso en el presente, el ánimo se decae profundamente, pero cuando pienso en la historia, el ánimo se levanta decididamente. Pienso en nuestra situación actual y no puedo hacer otra cosa que inquietarme, pero, por el contrario, repaso nuestra historia y no puedo más que enorgullecerme de mi pueblo porque no olvidemos que la victoria ha sido una constante casi siempre presente en los dos siglos mexicanos.

Es cierto que sufrimos una sola derrota, que nos costó la mitad del territorio, pero hay muchas victorias que pueden alentar nuestro espíritu y sedar nuestro dolor.

Yo, casi a diario, me veo sometido a ese ejercicio de recuerdos. Desde mi escritorio, el paisaje me muestra parte de la Ciudad de México con el Castillo de Chapultepec. Para transitar desde mi oficina hacia la principal zona de oficinas públicas cruzo por ese mágico y legendario bosque. En mi paso no puedo evitar mirar el Castillo, dolerme de la derrota y colocar la mano derecha extendida sobre mi pecho como queriendo calmar una dolencia.

Y es que me duele la invasión extranjera, la secesión de Texas y la pérdida de California, pero como dijo Vicki Baum, “si tienes alteza perdona, y si no la tienes, por lo menos, olvida”.

Entonces regreso la mirada hacia el frente, contemplo la bella avenida y murmuro, para mí mismo, el sortilegio de su nombre: La Reforma. En ese instante se va el dolor y mi mano se convierte en puño, se separa del pecho y se sacude con energía, en actitud de triunfo.

Sí, hicimos la Reforma y vencimos. Nos gobernaba Santa Anna y lo vencimos. Expedimos las nuevas leyes y eso provocó una guerra civil de tres años, pero los vencimos. Los derrotados pidieron ayuda extranjera y provocaron una intervención, pero la vencimos. Nos trajeron un monigote real, pero a él también lo vencimos. Después parecía imposible restaurar a la República y reunir a unos mexicanos con los otros, pero vencimos. Total, 10 años de guerra, desde 1858 hasta 1867. El país se reunificó, los conservadores fueron desplazados y los extranjeros quedaron advertidos.

Somos vencedores. Veo la Columna con la Victoria Alada. Viene a la memoria que, a principios del siglo XIX, hicimos la Independencia con Hidalgo, con Morelos, con Allende, con Guerrero y con muchos más. Redactamos Apatzingán. Nos federalizamos en el 24. Total, 11 años de guerra desde Dolores hasta Acatempan.

Más tarde, a principios del siglo XX, abominamos de la Dictadura. Seguimos a Madero. Nos fuimos a la Revolución. Rescatamos el liberalismo. Proclamamos Guadalupe. Remitimos a Huerta. Y promulgamos la Carta Revolucionaria de 1917. Total, 20 años de guerra desde el primer disparo de los Serdán hasta el último balazo de la Cristiada.

Ante tantas victorias, y tan valiosas, una sola derrota, hoy, debiera parecer incidental. Por eso me reanima la Historia, pero ¿el futuro será tan lleno de victoria y gloria? En lo personal ¿habré abrazado al bando de los que ganarán o resultaremos derrotados?

Por ejemplo, seguí, desde siempre, el camino de los honestos, heredado por generaciones. Desde hace más de 200 años, ningún miembro de mi familia ha sido señalado de lo contrario. Las efigies de varios de mis antepasados adornan edificios y plazas públicas. Muchas vialidades o escuelas del país llevan sus nombres. La historia y la voz pública los califica sin mancha alguna. Los que no fuimos famosos también seguimos la misma pulcritud, pero, para el porvenir nacional ¿venceremos los limpios o seremos vencidos por la deshonestidad, la ilegalidad o la complicidad?

Y luego sigo con otras incertidumbres, en las que ya no entro en detalles, pero me inquieta si ganarán los que se aliaron con la valentía, con la lealtad, con la lucidez y con la alteza, o aquellos que se acompadraron con la perfidia, con la cobardía, con la estulticia y con la bajeza?

Por eso mis seguridades sobre lo que nos ha pasado y mis vacilaciones sobre lo que nos pasará, pero prefiero creer en un destino infalible para los mexicanos y siempre  proclamar que ¡Viva México!

 

Abogado y político

[email protected]

twitter: @jeromeroapis

 

 

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