¿País rico con crecimiento pobre?

México ante un dilema

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Eduardo Sojo Garza-Aldape. Pregunta muy coyuntural

Sabemos bien que la economía creció apenas 2% en 2018, la tasa más baja desde 2013, y el presidente Andrés Manuel López Obrador se esfuerza, sin descanso, por convencer a los mercados y a los inversionistas de que, bajo su guía, esto puede mejorar, pero no puede dejar pasar mucho tiempo sin anunciar nuevas políticas y medidas si desea ver mejores resultados a corto y mediano plazos. ¿Cuáles son, a estas alturas del 2019, las opiniones que al respecto expresan los expertos? Me permito, como ejemplo, citar la opinión que en El Financiero publica Eduardo Sojo Garza-Aldape, economista de impecable reputación, mi paisano guanajuatense, mi amigo y mi ex jefe. Escribe Sojo: “La semana pasada buscamos responder una pregunta muy coyuntural que tenía que ver con las expectativas de crecimiento de la economía para el segundo semestre del presente año, concluyendo que las expectativas de crecimiento de la SHCP y la mediana de los pronósticos de las encuestas de los analistas entrevistados por el Banco de México y Citibanamex parecían optimistas a la luz de la información disponible. Sin embargo, la pregunta más importante hoy en día no es esa, sino la que puso sobre la mesa Ariane Ortiz-Bolín, de Moody’s, en un evento reciente: ‘La gran pregunta para nosotros es si estos años son atípicos o si estos son los nuevos crecimientos de México en el largo plazo’. Esa inquietud es lo verdaderamente relevante, es decir, preguntarnos si podemos regresar a tener un crecimiento de 2.0 por ciento promedio anual. En la encuesta mensual a analistas que hace el Banco de México empieza a asomarse la misma preocupación. Es cierto que la mediana de crecimiento esperado para los próximos 10 años es 2.05 por ciento, pero la desviación estándar ahora es mayor (0.4 en agosto vs. 0.32 de julio), con un mínimo de 1.10 por ciento, cuando el mínimo anterior era de 1.7 por ciento. Algo similar se observa en las expectativas del gobierno federal reflejadas en el apartado de perspectivas económicas y fiscales de mediano plazo 2021-2025 del documento de Criterios Generales de Política Económica 2020. Si tomamos en cuenta la mediana de crecimiento esperado de la encuesta del Banco de México para 2019 y 2020 y las expectativas del gobierno federal, el crecimiento promedio esperado para todo el sexenio es de 2.0 por ciento, con un rango que estaría entre 1.7 por ciento y 2.3 por ciento, considerando un buen desempeño de la economía de los Estados Unidos. De aquel 4 por ciento promedio anual para el sexenio ya mejor ni hablamos. ¿Cuáles serán los nuevos crecimientos de la economía de México? Depende de las reacciones que el gobierno federal tenga ante el estancamiento de la economía. Las tres principales razones que nos han llevado a la situación actual son, en mi opinión, desconfianza de los inversionistas privados, que inició con la cancelación del aeropuerto; siguió con la decisión de detener la participación del sector privado en el mercado energético y continuó con el nombramiento de perfiles inapropiados en los órganos reguladores y la aprobación de leyes como la Ley Federal de Extinción de Dominio; la decisión de apuntalar a Pemex en un entorno de finanzas públicas muy comprometidas que dejan sin ningún margen de maniobra al resto de los sectores y la caída severa de la inversión pública, que combinada con la inversión en proyectos de muy baja rentabilidad económica y social está dañando severamente las perspectivas de crecimiento. ¿Es viable cambiar estos escenarios? Yo creo que sí, pero ello requiere que el presidente modifique, con acciones, no con discursos, las tres principales causas que nos llevaron a esta situación”. Hasta aquí la opinión de Eduardo Sojo.

Sin embargo, en el lado opuesto de la ecuación debo anotar los impactos positivos que los recientes ataques terroristas a instalaciones estratégicas de Arabia Saudita han tenido sobre los precios internacionales del petróleo y, en consecuencia, sobre los ingresos de divisas que México recibe por sus exportaciones de crudo. México exporta, actualmente, 1.475 millones de barriles diarios (mbd). El precio de la mezcla mexicana fluctúa entre los 55.49 US dólares por barril. Y si se estima un aumento de más o menos 10% a consecuencia de la crisis en Arabia Saudita, México ganaría cerca de 5.54 dólares extra por barril, es decir, 8.17 millones de dólares (mdd) diarios extra. Esto equivale a 247.14 millones de dólares al mes, es decir, ingresos extra de alrededor de 980 millones de dólares en lo que resta del año en curso, 2,941 millones de dólares adicionales si el incremento de los precios persiste a lo largo del 2020, aunque ya información muy reciente, originada en Londres y Nueva York, pone en duda esta última posibilidad. En todo caso, son sumas importantes de divisas con las que el país y el gobierno no contaban, aunque, por el lado negativo, no debemos olvidar los posibles efectos sobre los precios de los significativos volúmenes de gasolina que importamos de Estados unidos y los riesgos crecientes de que la crisis petrolera contribuya a una recesión en la economía de ese país.

Ante toda esta compleja coyuntura es importante anotar también las preocupantes declaraciones de Gabriel Reyes Orona, ex procurador fiscal de la Federación, quien ha dicho que “no es lo mismo un recorte presupuestal que un ahorro en las finanzas públicas”, por lo que advierte sobre el maquillaje a las finanzas públicas para ocultar que, en 2019, el gobierno de López Obrador no va a poder cumplir su compromiso de que no habrá déficit fiscal.

También en El Financiero, Guillermo Knochenhauer apunta que “dando por buena la posibilidad de solventar el gasto público sin aumentar impuestos ni el endeudamiento del país, sino mejorando la recaudación y elevando la extracción de petróleo con participación privada, es momento de concentrar la discusión sobre el Paquete Económico 2020 en la disminución del gasto en inversión física y en fomento productivo que propone la Secretaría de Hacienda. El paquete privilegia el gasto social, pero hacerle llegar más dinero a los pobres sin el acompañamiento de inversiones y apoyos a sus actividades productivas reduce todo a acciones meramente asistencialistas”.

Es urgente que el Presidente de la República reúna a sus más confiables consejeros y asesores en materia económica, de comunicación social y de asuntos internacionales, para diseñar y aplicar una nueva estrategia que permita cambiar a favor de México, y de su gobierno, las expectativas y previsiones que hoy por hoy predominan entre los analistas de los organismos financieros internacionales y en las más reputadas publicaciones especializadas. Ya estamos en septiembre y el panorama sigue siendo incierto. El crecimiento no llega y sólo el presidente puede despejar la bruma, pero deberá cambiar sin demora su discurso de campaña por uno adecuado a su actual investidura. De lo contrario arruinará el presente y el porvenir de varias generaciones de mexicanos. Recapacite ya, señor presidente. De usted depende que el crecimiento suficiente y sostenido llegue ya a la economía mexicana.

 

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