Nuestra vida con la política

Aunque nosotros no la busquemos y no nos guste, está con nosotros 24/7

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Cierto día, una dama dedicada al hogar me dijo que no quería saber nada de la política. Que todo lo que acontecía en ese universo le resultaba muy repetitivo. Que por eso no veía ni oía los noticieros, ni leía los diarios y semanarios. Que su vida estaba, para su fortuna, muy lejos de la política.

Sus palabras me produjeron una involuntaria sonrisa. Desde luego que no por burla ni por sarcasmo, sino por haber escuchado una ingenuidad que merecía una explicación, pero nuestra conversación fue fugaz y no tuve oportunidad para decirle lo que hubiera deseado.

Me hubiera complacido explicarle que, aunque ella no quisiera, la política, a diario, se metía en su casa y convivía con ella. Pensé en la vida diaria de un mexicano común de clase media. Digamos un ejecutivo de empresa privada de mando medio. Quizá él, como la dama de mi interlocución, tampoco quisiera convivir con la política, pero imaginemos su día.

Suena su despertador, posiblemente coreano. Si es importado allí están la política comercial y la política arancelaria. Si es de “fayuca” allí están, aunque fracasadas, la política de combate al contrabando y la política de combate a la corrupción. Todas ellas en su recámara. Más aún, en su buró.

Se sienta en el borde de la cama y enciende la luz. Recuerda el último recibo de electricidad y trata de imaginarse el siguiente. Allí aparece la política energética, con todo y su reforma, así como la política de precios públicos. Abre la llave de la ducha y se enciende el calentador de paso. Se han metido al cuarto de baño la política de hidrocarburos, la política hidráulica y la política de servicios públicos.

Todas las mencionadas se volverán a repetir durante los siguientes 30 minutos de nuestro imaginario amigo y, por ello, las omito, pero no olvidemos que ellas están presentes en el shampoo, el jabón, la navaja de afeitar, los desodorantes, los perfumes, el vestido y el calzado.

Termina de arreglarse y cuando se sienta a desayunar aparecen un simple par de huevos, unos frijoles fritos, un jugo y un café, pero de manera invisible también se sientan en el desayunador la política agraria, la política agrícola, la política hidráulica, la política de fomento, la política de subsidios, la política de transporte, la política de abasto, la política de precios, la política de comercio y la política fiscal. Se movieron 20 organizaciones privadas y ocho secretarías de Estado para que nuestro protagonista pudiera tomar su frugal desayuno.

Al concluir, revisa su portafolio y un pequeño maletín que le servirá para un brevísimo viaje relámpago al vecino país. Allí se encuentran el pasaporte y la visa. Política exterior y política migratoria. También está el boleto de avión. Política aeronáutica, política de transportes y política de reciprocidades aeronáuticas. También se encuentran sus tarjetas de crédito. Política bancaria y política crediticia.

Aborda su automóvil, pero también se suben al auto la política de importaciones, la política de combustibles y la política de aranceles. Revisa mentalmente si trae consigo su licencia de conductor. Allí se encuentra la política de permisos y autorizaciones. Piensa un par de segundos la vía más cómoda y rápida al aeropuerto. Eso tiene que ver con la política de vialidad y la política de obras públicas.

Camino a su destino hace varias llamadas a través de su teléfono celular. Sin darse cuenta, sus otros interlocutores son la política de telecomunicaciones, la política de competencia económica y la política de concesiones gubernamentales. Al llegar, la política aeroportuaria lo recibe con la terminal en proceso de obras de ampliación y remodelación. Piensa que ya es tiempo de hacer otro aeropuerto. Eso tiene que ver con gobernabilidad, con ejercicio de funciones públicas y con uso de derechos individuales. Todo eso se llama política de gobierno.

Documenta su vuelo y empieza a pasar filtros de revisión. Política de seguridad aérea y política de seguridad nacional. Por fin aborda su avión y, ya instalado en su asiento, una sobrecargo le ofrece algún diario. Lo toma y piensa en cómo habrá amanecido la política. Apenas son las 11:00 de la mañana de ese día.

Esto es lo que le hubiera querido decir a mi amable interlocutora, a la que aludí al principio. Que la política está con nosotros 24/7, aunque nosotros no la busquemos y no nos guste. Que tenemos que aceptarla aún en contra de nuestros gustos y de nuestras preferencias. La política convive con nosotros y lo mejor es visitarla antes de que ella nos visite a nosotros.

Abogado y político
[email protected]
twitter: @jeromeroapis

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