No cogobierno con Beatriz

NI TRAICIÓN EN PALACIO NACIONAL que hagan llegar documentación confidencial a periodistas ‘fifís’, afirma Andrés Manuel López Obrador… Y para dirigir al país ‘la responsabilidad es del Presidente’

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El pasado lunes, el Presidente Andrés Manuel López Obrador y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, encabezaron el evento, en Centla, Tabasco, en donde se reveló el envío de cartas al Rey de España, Felipe VI, y al Papa Francisco

A Víctor Portela, el querido ‘Oso’ que llegó de Pontevedra a alegrar la vida de sus compañeros de secundaria, y a mis antepasados totonacas y huicholes

 

De algo sirvió la polémica, innecesaria según mi muy personal punto de vista, sobre la conquista española de los pueblos originarios de Mesoamérica, un debate que tuvo razón de ser en el siglo anterior, cuando desde el gobierno se convirtió en religión el indigenismo y anatema el hispanismo, pero que en estos tiempos se percibe fuera de lugar.
Lo importante es saber que el Presidente López Obrador tiene la seguridad de no albergar traidores en Palacio Nacional que hagan llegar su documentación confidencial a periodistas “fifís”, pero lo es más aún su afirmación de que aunque con su esposa Beatriz habla mucho, ella no gobierna, pues las decisiones las toma él.
Al contrario, digo yo, del sexenio de Vicente Fox, en el que la influencia de Marta Sahagún fue irresistible, tanto que el entonces Presidente hablaba de pareja presidencial.

El viernes, el Presidente, en su ‘mañanera’, descartó que en su equipo de colaboradores pueda existir algún filtrador de documentos

Parte de aquella historia quizás la conozca Andrés Manuel por relatoría de su secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, que se desempeñó, durante varios años, como secretario particular del Presidente Fox. Alfonso se marchó de Los Pinos exhibiendo la ambición de la media naranja presidencial por suceder a su marido.
Así fue la despedida de Durazo: “… El país ha avanzado políticamente, tanto que está preparado para que una mujer llegue a la presidencia de la República, sin embargo, no está preparado para que el Presidente deje a su esposa de presidenta…”.
El 11 de marzo de 2003 publicamos en exclusiva, en La Segunda de Ovaciones (entonces bajo mi dirección editorial), que Fox sería operado de la columna vertebral. Mucho se especuló sobre aquella intervención; se llegó a decir que se trató de una farsa para no implicarse en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la incursión bélica de Estados Unidos en Oriente. Mentira; al día siguiente fue operado. El dolor lo mantenía paralizado y estuvo fuera de servicio por algún tiempo. Las funciones de gobierno las asumió Marta, auxiliada por el jefe de la oficina presidencial, Ramón Muñoz.

Cuando se despidió del gobierno de Vicente Fox, Alfonso Durazo, hoy Secretario de Seguridad Pública, dejó claro, en una carta, que el poder presidencial es indivisible y no puede ejercerse en pareja

Fuera de la señora Sahagún no se sabe, en la historia reciente del país, de otra esposa que haya cogobernado con su marido, ni siquiera doña Esther Zuno, de carácter recio y nacionalismo a toda prueba.

EL CATACLISMO DE LA CONQUISTA
En el caso de doña Beatriz se antoja difícil aceptar que, a pesar de ser bien conocida la pasión del Presidente sobre las cusas indígenas mexicanas, no haya en la carta de reclamo a Felipe VI al menos un poco de su pensamiento. En 2002 obtuvo una maestría con la tesis “El arte de la memoria en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.
El tema ya lo manejaba entre 1992 y 1993, cuando conducía, con Fernando Crisanto, un programa de radio en la estación XHPBA. Desde entonces destacaba su interés por las ciencias sociales y el tesón con que abordaba las metas que se proponía.
El 23 de febrero pasado, la esposa del Presidente presentó su libro “La memoria artificial en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo”, editado por la Universidad Iberoamericana, basado, precisamente, en aquella tesis.
En la presentación dijo que la conquista fue “un cataclismo; es un encuentro muy fuerte lingüístico, filosófico, humano y, de hecho, es un encuentro que termina en una guerra, pero sin el cual no se puede explicar el continente americano”.
“Es muy fuerte lo que ocurrió; lo que pasa es que fue hace tanto tiempo que ocurrió que pareciera no tener relevancia, pero el idioma que hablamos hoy viene de esa conquista y mucho de nuestra forma de pensar occidentalizada proviene de ese encuentro o desencuentro, o guerra”.
Indudablemente, en las pláticas con su esposa, el Presidente debe asimilar mucho de sus ideas en esta materia, como en otras, o quizás es posible que el éxito de su relación familiar, en mucho, esté basado en el mutuo interés por algunos temas.
Por ejemplo, en los últimos tiempos, los periodistas nos hemos acostumbrado a indagar si nos viene el saco cuando el Presidente habla de prensa “fifí”, porfirista, conservadora, y también al recordatorio continuo de los últimos días del Presidente Francisco I. Madero, del asesinato atroz de su hermano Gustavo y de la celebración del crimen por parte de los “fifís” porfiristas.
Los antecedentes de este nuevo estilo de Andrés Manuel de zaherir a la prensa los podemos encontrar en el libro, de Gutiérrez Müller, “Dos revolucionarios a la sombra de Madero”, editado por Planeta en octubre de 2016. En el prólogo habló sobre Francisco y Gustavo Madero, y los “fifís”:
“A diferencia del maderismo, que no logró siquiera impulsar la organización ciudadana mediante la creación de un auténtico partido democrático (es decir, a diferencia de él, el tercer transformador no fue capaz de organizar su versión de Morena), la derecha aprovechó el ambiente de libertades para aglutinar a todos los que sentían amenazados sus intereses… (gente rica, industriales omnipotentes, banqueros acaudalados y comerciantes favoritos, según la enumeración del embajador cubano Manuel Márquez Sterling)… se formó un grupo de jóvenes reaccionarios de clases altas y medias que alentaban el cuartelazo y animaban a la población a rebelarse contra Madero. Algunos de ellos protagonizaron actos de violencia. Está demostrado que el incendio en la casa de la familia Madero, la tarde del 14 de febrero de 1913, participó ‘un grupo de aristócratas cretinos´, aún con la actuación de estos `fifis´…”.
En el mismo prólogo, Andrés Manuel habla, en extenso, de la prensa de entonces, citando a periódicos como “La Libertad”, “El Tiempo”, “La Voz de México”, pero también de los intelectuales “orgánicos” del porfiriato. “En términos generales se puede demostrar que la gran mayoría fue porfirista hasta el final y, peor aún, muchos se adhirieron, de manera zalamera y vil, al huertismo”.

En el prólogo del libro ‘Dos revolucionarios a la sombra de Madero’, de Gutiérrez Müller, pueden encontrarse los antecedentes del nuevo estilo de Andrés Manuel de zaherir a la prensa

EL PODER NO SE EJERCE EN PAREJA
En ese texto, el ahora Presidente se refiere a doña Beatriz de la misma manera que lo hizo el pasado viernes: “Mujer de criterio”.
Explica López Obrador que a pesar de resistirse a escribir el prólogo lo hizo porque Gutiérrez Müller sostuvo el criterio de “que es necesario comprometerse, que no era válido, menos en época de transformación, que un periodista, artista o escritor, se mantenga indefinido, al margen de acontecimientos trascendentes…”.
Es evidente que comparten intereses intelectuales y que las ideas de uno influyen en el otro, lo cual no es anormal, sin embargo, a partir de estos textos, y después de años de observar a Andrés Manuel y con la experiencia de sus primeros cuatro meses de gobierno, es posible inferir que escucha a los más cercanos de sus colaboradores, al igual que a su esposa, pero las decisiones las toma él, nadie más, y que no hay todavía quien sea capaz de hacerlo cambiar de opinión. Su mayor o peor defecto es la tozudez, misma que lo ha llevado a la Presidencia, y no sabemos hasta dónde más.
En ocasiones resulta evidente que los secretarios de su gabinete se enteran de algunas de sus decisiones cuando las hace públicas ante los reporteros que acuden a la conferencia de prensa mañanera. Se notan los apuros que pasan temiendo que les ceda el micrófono para explicar o defender un asunto del que hasta minutos antes no tenían noticia.
Es bien conocido que a pesar de la resistencia de lo más granado de su equipo, lo obligó a hacer públicos sus bienes; no le permitió cumplir sólo la obligación legal de enterar a la Secretaría de la Función Pública, sino que, bajo amenaza de despido, lo “convenció” de ponerlos a disposición de quien quiera escudriñar sus fortunas.
No está de más insistir en que el saldo más relevante y saludable para el país de la polémica sobre la carta cuyo borrador contenido hizo público el periódico Reforma es saber que el Presidente no comparte el poder ni con sus seres más queridos.
Regreso a la histórica dimisión de Durazo a la Secretaría Particular de Fox: “En el contexto de estas reflexiones me resulta también obligado abordar el tema de la necesidad de despejar dudas sobre el liderazgo presidencial. Nuestra cultura reclama una presidencia fuerte, sin embargo, no se trata de plantear la restauración de las viejas atribuciones presidenciales de carácter meta constitucional. Desde mi punto de vista, este reto inicia por asumir que el poder presidencial es constitucionalmente indivisible y, en consecuencia, acabar con la idea cada vez más generalizada de que el poder presidencial se ejerce en pareja”.
Zanjado el tema por el propio Presidente, capaz, incluso, de bromear diciendo que un personaje lo calificó de “mandilón” por su estrecha relación con su esposa, vale la pena poner atención, de nueva cuenta, en la especulación que publiqué, el jueves por la noche, en IMPACTO El Diario en torno a cómo pudo llegar al periódico Reforma el borrador de la carta de López Obrador a Felipe VI.
Por mi experiencia de 44 años en la Ciudad de México, más mi paso por el periódico Oriente de Teziutlán, Puebla, afirmé, “sin temor a errar, que el borrador de la carta de Andrés Manuel a Felipe llegó a manos un periodista por traición o venganza contra el Presidente de uno de sus cercanos, o porque algún empleado con acceso a los recintos más íntimos del mandatario entregó las cuatro cuartillas a cambio de una buena cantidad de billetes”.
Hablé, entonces, de la probabilidad de “que aún haya quien imagine al heroico periodista investigador, propio de novelas, películas y series de televisión, que se introduce subrepticiamente a los salones del poder a sustraer documentación comprometedora”.
Sin embargo, “la realidad atrás de las grandes exclusivas periodísticas suele ser vulgar: Por regla general ocurre que por traición, venganza o unos billetes, funcionarios de todo tipo, del más alto nivel al menor, entregan documentos importantes a reporteros o directivos comprometidos solamente a mantener sus fuentes en el anonimato”.
López Obrador se encargó de medio darme la razón y despejar a su manera el misterio, pero es necesario apuntar ciertos detalles, que si en verdad el Presidente estuviese siendo acosado por una prensa a la que llama “fifí” por “neoliberal, porfirista, conservadora…” (en referencia a la que, según el Bloque Renovador de diputados maderistas, manipulaba el secretario de Justicia, Manuel Vázquez Tagle, en contra de Francisco I. Madero), lo ocurrido la mañana del viernes en Palacio Nacional habría sido utilizado para especular que, con o sin su consentimiento, se presentaron hechos extraños con la intención de ayudarlo a superar preguntas comprometedoras.
En realidad se trató de incidentes técnicos que resolvió echando mano de su sentido del humor.

EL SOSPECHOSISMO
Como si se tratara de una novela, una película o una serie televisiva de espionaje, en el preciso momento en que Andrés Manuel se disponía a hablar en la conferencia de prensa mañanera sobre la presunta influencia de su esposa Beatriz en el contenido de la carta que envió al Rey Felipe VI se fue la energía eléctrica en Palacio Nacional por varios minutos y quienes seguíamos la transmisión vía Internet nos quedamos con unas cuantas palabras: “Beatriz tiene criterio…”, el mismo calificativo que escribió en el prólogo del libro ya referido.
La energía había fallado un poco antes y López Obrador lo tomó con humor, a grado que recuperó un vocablo muy suyo que parecía haber quedado en el pasado y, ante la risa de los reporteros, exclamó: “¡Compló!”.
Esa mañana circulaba mi colaboración en IMPACTO, El Diario hablando sobre la posibilidad de que el Presidente hubiese sido traicionado por alguno de sus colaboradores con acceso a su oficina en Palacio Nacional, de la venganza de alguien que no lo quiera o quien hubiese cedido a la tentación de ganarse unos billetes a cambio de entregar un borrador de la carta enviada al monarca español.
En la conferencia de prensa, el corresponsal de Radio Latino California, Marco Olvera, le habló, abiertamente, de la posible traición que pudo haber sufrido por parte de alguno de sus colaboradores.
En respuesta, el Presidente dijo: “Hay que ver de dónde salió esa carta mutilada; no está firmada; sin duda es un borrador; no está corregida la primera parte y hay que ver quién entregó esa carta al periódico Reforma…”.
Fue entonces que concedió la razón a lo que aquí se publicó antes de la conferencia de prensa: “Sí, puede ser que alguien la haya pasado”.
Y esbozó una hipótesis apoyándose en los consejeros independientes del Consejo de Administración de Pemex que recién renunciaron: “Todavía quedan gentes (sic) que son partidarios de esa política (neoliberal) y tienen vinculación con la prensa conservadora; columnistas del régimen anterior que estaban al servicio, pero, bueno… la vida pública debe ser cada vez más pública; el que nada debe nada teme…”.
Es decir, conforme a la sospecha de López Obrador, es probable que el responsable de filtrar el borrador de la carta al Rey de España no sea alguien de su círculo cercano, sino alguno de quienes trabajan en Palacio Nacional desde el sexenio pasado, o anteriores.
Es decir, una parte del misterio está resuelto: Quienes están muy cerca de él están fuera de sospecha.
La segunda parte, la influencia que su esposa, doña Beatriz Gutiérrez Müller, tuvo en la redacción de la carta que causó una gran polémica, también está descartada.
Más aún, se desengañará quien pretenda encontrar en “La Memoria Artificial en la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo” algunas de las ideas expresadas por el Presidente en la carta a Felipe VI.
La autora se dedicó a tratar de explicar quién fue el cronista de Hernán Cortés y, como lo dice el título, dedica 14 de las 139 páginas a hablar sobre el arte de la memoria en la Edad Media y en el Renacimiento. Por su interés en este arte fue que quizás escribió un libro sobre Giordano Bruno.
Conforme a quienes pudieron escuchar “en vivo”, en Palacio Nacional, al Presidente, y los que lo veían por la transmisión en directo de Milenio, es evidente que no hubo compló para sacarlo del problema de tener que hablar de su esposa. “Beatriz es una mujer con criterio. Nos comunicamos, platicamos, (pero) la responsabilidad es del Presidente”, registró Federico Arreola en SDPNoticias.
No hay sospechosismo, para utilizar el término acuñado por Santiago Creel, que valga.
Con el tiempo, después de 2021, asista López Obrador o no a la conmemoración de la conquista, Felipe VI pida perdón o no, todo quedará en mera anécdota, amarga o divertida, una más del inicio de sexenio, a menos que el gobierno español, izquierdista por ahora, tome en serio el asunto y reaccione de manera tal que se estrechen aún más los lazos entre ambas naciones o lleguemos al rompimiento diplomático si la derecha ibérica regresa al poder.
Quizás lo más penoso de esta anécdota sea el oportunismo del diputado Charly Valentino, que, tal vez en desesperado intento de que su paisano pose su mirada en él, se atrevió a pedir que el gobierno español nos pida perdón de rodillas, pero además, sin siquiera enrojecer, lamentó que en lugar de conquistarnos “la peor de las razas, la española”, no lo hubiesen hecho los ingleses o franceses, e incluso “hasta los portugueses”.
Este es el verdadero riesgo de episodios como el que desencadenó una ola de reacciones agresivas, en España, contra el Presidente y una lluvia de memes divertidos (el mejor, sin duda, el que muestra a Mauricio Garcés pidiendo perdón, aunque no era español, por sus conquistas).
Sí, el riesgo es que, utilizando estrategias del Presidente, individuos como el diputado Valentino, cuyo nombre propio, Charly, delata sus ansias de llevar sangre inglesa en las venas, no tengan el pudor de hacer el ridículo y hasta puedan causar daño al país.
Con el tiempo sabremos qué hay atrás de la carta enviada a Felipe VI y cómo fue que el borrador llegó a la redacción del periódico Reforma. Por lo pronto, durante unos días, el debate ha mantenido distraído al país mientras Mario Delgado, Ricardo Monreal y Esteban Moctezuma no encuentran la manera de cumplir la promesa de López Obrador a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación de no dejar ni una coma a la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto.

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