Monreal intenta que AMLO incurra en corrupción

El coordinador de Morena en el Senado ahora ofrece al Presidente crear en la Corte una Sala dedicada a extirpar ese cáncer maligno; si la oposición no la rechaza, el Ejecutivo impondrá a quien le plazca, como en el caso de la CRE

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Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena. Vivillo desde chiquillo

Es evidente que Ricardo Monreal está dispuesto a lo que sea para ganarse la buena voluntad de Andrés Manuel López Obrador quizás porque conoce su preferencia, para el futuro, por Claudia Sheinbaum.
Ahora está explotando, a su favor, la obsesión del Presidente por desterrar la corrupción de la vida nacional y por eso le ofrece crear en la Suprema Corte de Justicia de la Nación una Sala dedicada, únicamente, a extirpar este cáncer maligno, insoportable para la Cuarta Transformación, mediante el procedimiento que ya mostró su eficacia en la designación de los nuevos miembros de la Comisión Reguladora de Energía (CRE).
Es decir, si la oposición no logra impedir la creación de la nueva sala en la Corte, el Presidente, en uso de sus facultades constitucionales, estará en condiciones de imponer como modernos Savonarolas a quien le plazca, incluso a corruptos, sin importar que el Senado le rechace, hasta en dos ocasiones, las ternas por manifiesta corrupción o incompetencia, como ocurrió con las propuestas para la CRE, de las que López Obrador seleccionó, al final, lo peorcito de lo reprobado dos veces por la Comisión de Energía de la Cámara Alta.
Lo increíble es que, siendo abogado de profesión, el coordinador de los senadores de Morena ignore, o aparente ignorar, que la corrupción no es un delito, sino una voz general que no tiene una definición legal específica. Se entiende como la desviación de los principios, normas y procedimientos que rigen la organización y el funcionamiento de los órganos del Estado, lo cual es muy amplio.
Las acciones particulares a las que de manera genérica se alude como corrupción corresponden a tipos penales que aparecen en la legislación, como peculado, cohecho, malversación, por ejemplo.
En otras palabras, todo lo relacionado con corrupción tiene naturaleza penal.
Digamos que ejemplo de corrupción es que un abogado ignore, o aparente ignorar, lo anterior, como también lo es que un legislador del nivel de Monreal, que se supone ducho en la materia, intente sobornar al Presidente con una propuesta a todas luces absurdas y que encontrará el rechazo unánime de la oposición.

UN OBSEQUIO DESCARADO
Monreal va en serio. No anunció la presentación de la iniciativa de ley para crear la Sala Anticorrupción en una entrevista banquetera ni en su cuenta de Twitter, sino en un comunicado oficial de la bancada de Morena.
La Sala, dice el boletín, “debe contar con la competencia exclusiva para tratar temas de responsabilidad administrativa y delitos que tengan por origen hechos o actos de corrupción en los que participen servidores públicos y particulares, así como en materia de responsabilidad patrimonial del Estado y atribuciones establecidas por la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación”.
Corrupción es, cuentan en primero de plastilina de la Facultad de Derecho, incluso en las universidades patito de Morena, el ofrecimiento al Presidente de una Sala en la Corte a sabiendas de que no tiene razón de existir, pero que, de aprobarse, le daría, casi de inmediato, la mayoría de votos que el Poder Ejecutivo necesita para imponer su voluntad, sin mayor problema, en el Judicial.
Igualmente lo es ofrecer un billete al policía, comprar un examen, bloquear con violencia la Cámara de Diputados para evitar la aprobación de la Reforma Educativa, ofrecer una propina por ocupar los primeros lugares en la lista de aspirantes a la donación de un órgano, aceptar un cargo público a sabiendas de que se carece de competencia para desempeñarlo… y así hasta el infinito.
Pero todo eso, como dicen los constitucionalistas, ex procuradores generales de la República y litigantes consultados por este espacio, todo lo relacionado con la corrupción tiene naturaleza penal y cualquiera sabe que ya existe una Sala Penal.
Para no ser exhaustivos, es descarada corrupción proponer la repetición de un procedimiento que causó escándalo en la semana que termina e hizo ver mal al Presidente, aunque él haya aprovechado el episodio para presumir que rompió con la práctica corrupta del neoliberalismo.

TENTAR AL PRESIDENTE
Sin embargo, partamos del supuesto de que Morena se impuso en el Congreso y ya existe la Sala Anticorrupción en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Lo que sigue es integrarla con los cinco ministros que necesitará, conforme al cálculo de Monreal.
Se repetirá el procedimiento conocido: El Presidente enviará las ternas; el Senado las rechazará una y otra vez, sólo para que al final, en uso de sus facultades, López Obrador designe a quien quiera.
Sólo a manera de broma registremos que podría dar otra oportunidad de ser ministras (la tercera y cuarta) a Loretta Ortiz y a Celia Maya, que perdieron con los ministros Yasmín Esquivel y Juan Luis González Alcántara porque los senadores coincidieron en que no son elegibles, al menos, por su filiación partidista.

La propuesta del también presidente de la Jucopo incluye aumentar a 16 el número de ministros de la Corte, lo que daría la oportunidad, quizá graciosamente, a Loretta Ortiz y Celia Maya de llegar al cargo

Si este supuesto llegara a ocurrir, Monreal orillaría al Presidente a incurrir en corrupción porque ha criticado una y otra vez, hasta el hastío, la práctica “neoliberal” de repartirse los partidos políticos los asientos no sólo en la Corte, sino en los organismos autónomos, como el INE.
Sin violar la ley, el Presidente impondría a quien le viniera en gana en la Sala y, de esa manera, ya tendría cinco nuevos votos en el todavía autónomo Poder Judicial, sin embargo, sería un acto de corrupción porque no hay basamento legal para la existencia de la Sala y, sin duda, los nuevos ministros serían puros abogados morenistas.
El anuncio de Monreal coincidió con el encuentro a desayunar entre López Obrador y el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, al que asistió el consejero jurídico presidencial, Julio Scherer.

El anuncio de Monreal coincidió con el encuentro a desayunar entre López Obrador y el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar

Previamente, en la conferencia de prensa mañanera, el Presidente dijo que el Poder Judicial debe explicar cómo se ejercieron los fondos para la implementación del nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, si se cumplió con el propósito de mejorar la impartición de justicia y si se deben revisar todas las aplicaciones nuevas y procedimientos.
Explicó que algunas de las innovaciones en la época neoliberal se hicieron por moda y por copiar a otros países.
Y, entonces, entró a uno de sus temas favoritos: “Se hablaba de nuevas políticas públicas; por eso también se llenó al gobierno de organismos de transparencia, anticorrupción, puros órganos para simular, porque era también una moda; los cambios que se dieron en el Poder Judicial obedecen a eso; fueron promovidos por la llamada sociedad civil y, en algunos casos, no funcionaron, por lo que hay que evaluar, analizar resultados”.
Desde luego, repitió su discurso de respeto a la autonomía de los Poderes Judicial y Legislativo.
Poco después salió Monreal con su domingo 7, que quizás no cayó tan mal en el ánimo del Presidente, comprometido a extirpar la corrupción a cualquier precio, pero que en el gabinete presidencial, en la Fiscalía General de la República, en el Poder Judicial y mundo de la abogacía, cayó como patada en los testículos por oportunista y su falta de fundamento legal.

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