México se asemeja a Centroamérica

Impotencia para proporcionar un mínimo de dignidad obedece a la incapacidad de los gobiernos que han engañado con sus planes de desarrollo

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Atrapados como estamos, con la migración supuestamente temporal y principalmente de centroamericanos, nos hemos olvidado que la emigración de mexicanos hacia Estados Unidos no sólo llega en lo que va del año a 136 mil, sino que se proyecta para el resto del periodo a 180 mil. Esta cifra rebasará el récord de 2018 que llegó a 152 mil. Es preocupante que a pesar del gasto que implica proporcionar un ingreso fijo de más de un salario mínimo a los jóvenes sin oportunidades de trabajo, la medida no haya incidido en una reducción de la tendencia a emigrar al norte para obtener un empleo que no existe en su propia patria. En estas condiciones lo único que podemos concluir es que México no está mejor que los países de Mesoamérica y que, pese a la extensión del territorio y la gran riqueza en recursos naturales, la impotencia para proporcionar un mínimo de dignidad a los mexicanos, para que permanezcan, obedece a la incapacidad de los gobiernos que han engañado con sus planes de Desarrollo.

Es evidente que otra de las causas por la que hay emigración de mexicanos, es la creciente inseguridad y violencia que impide a sus familias un mínimo de condiciones de bienestar. En este renglón también México no se distancia de los países centroamericanos que padecen la misma tragedia de reducir la vida al temor y a la intranquilidad que va agotando las resistencias psicológicas y de sobrevivencia de las personas. Alguna vez México fue considerado el hermano mayor de Latinoamérica por nuestra capacidad de resiliencia para resurgir de tantas épocas difíciles y haber estado situado con el ingreso per cápita más alto de los países latinoamericanos en 2002. Hoy en cambio, Puerto Rico, Uruguay, Chile, Panamá y Argentina superan nuestro promedio individual de percepción monetaria.

Así, la propuesta simplista de becar o pensionar a los jóvenes (becarios no sicarios se dice con frecuencia) para  intentar llevarlos a limitar sus deseos de arriesgarse a ir a Estados Unidos es, en el mejor de los casos, un placebo porque nunca se alcanzará el universo de beneficiarios y, por otra parte, no habrá recursos que alcancen para lograr cubrirlos a la manera del ingreso seguro. La única alternativa posible para mantenerlos en el país es la de un trabajo productivo que les permita no sólo la satisfacción del ingreso mínimo sino, además, la de su aportación a la vida económica nacional que con su esfuerzo se suma al del resto de los mexicanos.

Desde luego no sólo la pérdida de recursos humanos valiosos que se van al norte y logran pasar y subsistir, sino la de los que regresan frustrados y desesperados acceden incluso a una actividad ilícita que les puedan ofrecer las bandas en su estado o municipio. Es aquí donde se explica la gran epidemia de violencia que atrapa a los jóvenes que no tienen otra opción a su alcance.  Lo más grave es que esta cifra se acrecienta y rebasa la capacidad de las Fuerzas Armadas y policiacas para sobreponerse a ésta corriente. Así, se convierte en un círculo vicioso, en el que mexicanos jóvenes con derecho a otro futuro y también la deserción de las fuerzas del orden que no pocas veces se desvían, se integran a sus antes perseguidos delincuentes comprometiendo dramáticamente el futuro del país.

La salida de una Guardia Nacional está resultando otra pifia que se complica con el número tan amplio de ex policías federales que no encontraron sitio en esa agrupación y que también son susceptibles de ser atraídos por la delincuencia organizada para trazar un horizonte negro en estos y los próximos tiempos. Hemos insistido un grupo de profesores en derecho penal que la solución con el uso del Ejército, debió haber sido el aprovechar la estructura, experiencia y mística de estos servidores de la patria, no para exponerlos a un proyecto inviable convirtiéndolos en policías, sino aprovechando su organización para integrar temporalmente a los jóvenes a la manera del servicio militar para capacitarlos en opciones como la de ser policía, soldado o infinidad de oficios y actividades productivas que son demandadas por las industrias y servicios.

La perspectiva es incierta. A un año del triunfo de la 4T  no se sabe de un balance de resultados en materia de seguridad pública sino por el contrario, el incremento de la violencia y la población juvenil en su gran mayoría sin claridad en los años por venir, atenidos en el mejor de los casos a un ingreso mínimo, es gasolina en la hoguera que dificultará todavía más un resultado satisfactorio. Los estados de la Federación a su vez han aumentado su dependencia del Ejército y la Guardia Nacional para afrontar condiciones de gravedad y poco o nada se ha hecho para mejorar y albergar esperanzas de una acción eficaz a favor del orden y la convivencia civilizada en sus propios territorios. El tiempo apremia y parecería que la prioridad de la Seguridad Pública no ha tenido resultados palpables ni pronóstico de ellos a corto y mediano plazo. El primer informe presidencial seguramente abordará el tema pero no convencerá lo que se diga si no se traslada a la realidad misma.

¡Nada podrá hacerse a favor de un desarrollo nacional si no se parte de la mejor conducción de los jóvenes a un trabajo digno y del acierto del gobierno para garantizar la seguridad de todos los mexicanos!

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