> ‘Mi deber es defender a los mexicanos’, aclaró el Mandatario mexicano, en Los Pinos, al aspirante estadounidense

 

Cualquier periodista lo sabe: Lo aconsejable es hablar con la fuente de la información, no servir de instrumento a los filtradores.

Antes de entrar en materia dejemos claro lo irrefutable: El jueves, después del encuentro con los jóvenes, con motivo de su mensaje por el Cuarto Informe de Gobierno, el Presidente Peña Nieto se reunió con el gabinete. Estaba por partir a China y le era menester dar algunas recomendaciones.

Desde luego, Peña Nieto abundó en las razones por las cuales tomó la decisión de dialogar, en corto, con Donald Trump; habló de otros temas menos atractivos, pero no hubo consigna de cerrar filas, defender el tema o aliviar tensiones inexistentes, por ese asunto, entre sus colaboradores.

En realidad, lo destacable fue que al arribar el Presidente, que llegó a la reunión proveniente de Palacio Nacional, donde se reunió con los jóvenes en esa especie de “town hall”, el gabinete en pleno lo ovacionó de pie.

Por cierto, ahí estaba la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, que ni en ese momento, ni antes ni después, habló de su supuesta renuncia.

Y como acotación al margen, ya que tanto se ha insistido en su supuesta ignorancia de la invitación y visita de Trump, sólo recordar que acompañó al Presidente en la reunión con el candidato republicano.

Sí, en ocasiones vale la pena hablar con la fuente primigenia de la información para evitar la manipulación.

Pero dejemos la grilla interna; dejemos en paz a la fuente de toda información y vayamos a lo importante.

PONE EN SU LUGAR AL BRAVUCÓN…

Nunca terminaremos de agradecer a Donald Trump su apresuramiento (que denota los problemas electorales en que anda metido) en aceptar la invitación a charlar en Los Pinos sobre los problemas bilaterales entre México y Estados Unidos. Sirvió para que aquí y allá, en especial  quienes han convertido la denostación del mandatario mexicano en el mejor de los negocios, comprobaran que Enrique Peña Nieto culmina su cuarto año de gobierno muy al contrario de como sus críticos lo ofrecen ante la población.

Si nos atenemos a la información proveniente de Estados Unidos, el Presidente mexicano consiguió lo ¡impensable!: Hacer encabronar al candidato republicano a suceder a Barack Obama, de tal suerte que si alguien se encargó de decir aquí, como el bocón de Vicente Fox, que Trump chamaquearía a nuestro mandatario, debió atragantarse con sus palabras porque lo último que Enrique Peña Nieto habría aceptado sería no tocar el tema del pago del supuesto muro que Donald pretende construir en la frontera.

En realidad, no fue para otra cosa que lo invitaron a venir.

Más allá de la numeralia preparada por Luis Videgaray sobre intercambio comercial y la conveniencia, para ambos países, de mantener vivo y renovado el Tratado de Libre Comercio, a Peña Nieto le interesaba reiterar a Trump, frente a frente, mirándolo a los ojos, algunas posiciones mexicanas indeclinables:

Nos agravian sus amenazas de deportaciones masivas de inmigrantes ilegales,

El gobierno mexicano no tolerará insultos a nuestros connacionales que, por la razón que se quiera, inmigran a territorio norteamericano, y

Dejarle bien claro que es una pendejada amenazar con la construcción de un muro entre ambos países y que es más fácil que le salga pelo, para mantener vigente el ridículo fleco con que cubre su macilento cráneo, a que México desembolse un peso para erigir una pared que nuestros connacionales se encargarán de derribar paulatinamente, por más que despliegue al ejército de su país para cuidarlo.

No hay duda: Trump regresó encabronado a su país no porque Peña Nieto rompiera un inexistente acuerdo de caballeros de no hablar  en público sobre la financiación del muro; sabía que mientras permaneciera en territorio mexicano, el extremadamente caballeroso Presidente mexicano no tocaría a su huésped ni con el pétalo de una rosa, mucho menos en la conferencia de prensa, porque no se invita a nadie a casa para ofenderlo o ponerlo en evidencia. Eso puede hacerlo un periodista mexicano en Estados Unidos, en busca de reflectores, o Nicolás Maduro; no el inquilino de Los Pinos.

La estrategia consistió en que en cuanto su visitante abandonara espacio aéreo mexicano, el Presidente Peña Nieto no mantendría oculta su posición, por cierto, más que conocida, sobre el muro y su financiación, en el sentido en que lo mencionó al inicio del encuentro con su invitado: México no pondrá un peso ni un ladrillo.

Y eso fue suficiente para enfurecer a quien quedó exhibido ante sus electores como un bocón. Sólo atinó a comentar: “Ellos no lo saben aún, pero van a pagar por el muro”, dijo Trump para sacarse lo que le llegó hasta el cuello.

Se trata de una declaración ridícula que exhibe el peligro ya advertido públicamente por Peña Nieto.

Desde luego que si gana y cumple con su amenaza, Trump tiene mil maneras de hacernos pagar: Con impuestos a las transferencias de las remesas que nuestros paisanos envían a sus familiares; incrementando aranceles a productos que les vendemos y hasta embargando pagos petroleros, pero esos serán actos de guerra que ya el Presidente de México sabrá cómo enfrentar, pero se equivoca Trump si piensa que saldrá un  peso del erario nacional para su muro.

Y eso le quedó más que claro. Por eso su silencio hasta que Peña Nieto le permitió llegar a su país.

No es un tema anecdótico porque, muy a pesar de los rumores de que su campaña está en picada y que, conforme a ciertos periodistas mexicanos que trabajan allá, sea el más odiado… por los hispanos, sólo un adivino puede atreverse a hablar sobre las elecciones norteamericanas de noviembre. Lo cierto es que tiene tantas posibilidades de ser el rey del mundo como la señora Hillary Clinton, metida en líos con sus correos electrónicos y sus teléfonos BlackBerry.

Pero no nos equivoquemos: Trump y Clinton piensan de los hispanos, y en particular de los mexicanos, igual que sus paisanos WASPS, es decir, la mayoría de la población blanca. Quizás Hillary no construiría un muro ni pretendería obligarnos a pagarlo, pero si su marido, Bill, impuso la “alternancia” panista a cambio de salvar al gobierno de Ernesto Zedillo, a lo mejor nos pide, en canje por no deportar inmigrantes, que Margarita Calderón gobierne con ella.

Y DEVUELVEN A LA SECCIÓN 22 A LAS AULAS

Y he aquí, de regreso a la grilla nacional.

Por lo demás, Peña Nieto hizo bien en escuchar la sugerencia de su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, de hablar con Trump de los temas de su incumbencia, en especial el mentado muro.

Y es en este punto en donde aflora un tema primordial para nuestra política interna: La lucha interna de los colaboradores de Peña Nieto y la consabida filtración sobre la reunión de supuesta emergencia del gabinete, el jueves por la noche, para unificar al equipo dividido y lanzar la consigna de salvamento para Peña Nieto y Videgaray.

Conforme a los corresponsales favoritos o columnistas consentidos del gabinete, o de algunos muy identificados colaboradores del Presidente, que manipulan la información como moneda de pago a cambio de que a ellos no les peguen, el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, opinó sobre la inconveniencia de traer a semejante espécimen. Hizo bien en oponerse y ofrecer razones; para eso es el ministro del Interior.

No lo escucharon como cuando también, con el secretario de Educación, Aurelio Nuño, opinó en contra de la llamada “Ley de matrimonios igualitarios” o “Ley gay”, promovida por Rosario Robles y Luis Videgaray.

Encontramos, pues, que el Presidente consulta, escucha y toma decisiones, acertadas o no. Por cierto, así lo hizo saber a los obispos que en rebaño acudieron a platicarle su disgusto. Peña Nieto se concretó a explicarles no haber sufrido presiones de poderosos lobys extranjeros ni nada por el estilo; está convencido de los derechos de las personas que serán favorecidas por la ley.

En este contexto, de risa la presunta renuncia de la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, porque, según sus promotores, se enteró por la prensa de la invitación a Trump, al igual que Manlio Fabio Beltrones con la presentación, en el Congreso, de la “Ley Gay”. A  ella la habría sorprendido el tema más polémico de su dependencia en Ixtapan de la Sal, con los senadores, o en el consulado de Milwaukee.

Dice la leyenda urbana, impulsada por El Universal, que la hija de José Francisco Ruiz Massieu entró en cólera y renunció, pero he aquí que, ayer, el periódico Reforma publicó, entrecomillado, un texto que supuestamente le envió la Secretaría de Hacienda, en el que queda claro que la secretaria de Relaciones Exteriores estuvo en la reunión con Trump:

“El Secretario de Hacienda acompañó al Presidente Enrique Peña Nieto y a la Canciller Claudia Ruiz Massieu a la reunión con el candidato Trump, junto con el Jefe de la Oficina de la Presidencia, Francisco Guzmán, y el Coordinador de Asesores de la Presidencia, Carlos Pérez Verdía”.

Peor aún. Conforme a la columna oficial de ese periódico, fue necesario que el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, la convenciera de no renunciar, dado su enojo, porque la brincaron.

La cuestión es que no hubo tal brinco; El Universal, citando a The New York Times, relató ayer que el empresario “Jared Kushner fue vínculo con la Secretaría de Relaciones Exteriores, pues desde hace ‘semanas’ ya se consideraba la posibilidad de venir a México por  parte del republicano (Trump)…”.

Lo único cierto es que en el “entorno” de Ruiz Massieu niegan su renuncia, y como ya quedó asentado aquí: No la presentó ni la presentará. ¿Cómo podría hacerlo si está convencida de ser la mejor contrincante de Margarita Calderón?

Pero, en cualquier caso, ¿estuvo o no en la reunión con Trump?

Videgaray, según Reforma, dice que sí.

Y, en efecto, ahí estuvo.

Pero mientras nos distraemos con la chamaqueada a Trump, perdemos de vista lo importante. Osorio Chong o Nuño consiguieron el milagro: La CNTE regresa el miércoles a clases. Desde luego, para guardar las apariencias y no darse por derrotada, se mantiene en protesta contra la Reforma Educativa. Un porcentaje mínimo de sus militantes mantendrá plantones y bloqueos, pero los niños oaxaqueños no perderán el ciclo escolar.

Eso es la gran noticia de los últimos tiempos que Osorio Chong y Nuño están obligados a cacarear, y no las “tensiones” en el gabinete por el tupé de Trump.

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