> En el fondo, los cambios encubren jugadas que podrán tener o no los resultados esperados, pero revelan la frialdad para jugar en política que llevó a Peña Nieto a sacar al PAN de Los Pinos en 2012.

 

A Alejandro Burillo Azcárraga en su dolor;

Dios sabe cuánto veneró a su padre, don Alejandro

Perdón si mientras la mayoría filosofa y habla de conspiraciones me atenga a los hechos.

No obstante conocerlo un poco, no me atrevo a especular sobre las motivaciones de Enrique Peña Nieto para reestructurar su primer equipo apenas bajó del avión que lo trajo a México proveniente de China. Sin embargo, la imagen que sus enemigos y amigos han vendido y fabricado del mandatario en redes sociales, y en la opinión publicada, es radicalmente distinta a la realidad; en virtud de ello creo no equivocarme si digo que las largas horas de soledad en el avión de retorno a la patria le dieron el tiempo suficiente para madurar lo que mucho antes del viaje ya bullía en un cerebro pragmático y calculador en política, como pocos.

Durante casi 4 años compartió el poder y delegó funciones en sus más cercanos, como lo hacen todos los jefes de Estado; por eso hubo crecimientos insospechados y algunos, francamente, desalentadores. Que a nadie extrañe si en los 2 que restan a su mandato, en los que tomará la decisión más importante, señalar, sin equivocarse, a quien luche por mantener la Presidencia en el 2018 (no puede darse el lujo de compartir lugar en la historia con Ernesto Zedillo y Felipe Calderón), quienes manejaron la corte de Los Pinos en su beneficio propio, y en agravio de sus malquerencias, encontrarán que su jefe decidió que las riendas ya sólo las manejará él, y nadie más; que la temporada de intrigas llegó a su fin.

Con la salida de Luis Videgaray se acabaron los favoritos en la corte y ya no hay más triada, duopolio o nada que se le parezca. Habita en Los Pinos un hombre acostumbrado a tomar decisiones en soledad, sin disposición a compartir el poder con sus empleados, que sólo eso son, aún los más encumbrados.

Y cada uno deberá entender que hasta ser investido en las urnas, como lo fue Peña Nieto en el 2012, sólo es uno más de la legión, por importante que sea y parezca, y que para convertirse en jefe necesitará algo más que zalamerías y marrullerías como las que hemos presenciado en los últimos años.

APROVECHAR LO CALIENTE DE LA PLANCHA

Vivimos tiempos de crisis política: El nuevo líder del PRI, Enrique Ochoa Reza, no encuentra aún el camino; el PAN vive una guerra fratricida que podría desembocar en la creación de una corriente independiente debilitadora de la derecha que, unida, tiene oportunidad de recuperar la Presidencia; el PRD, urgido de sobrevivir, dispuesto a colgarse de una ubre, o de lo que sea, con tal de seguir mamando, y que sólo Andrés Manuel López Obrador las tiene todas consigo, incluida la crisis económica.

Tiempos como este, decía, requieren un Presidente capaz de tomar decisiones como las del miércoles, dolorosas, sí, porque, indudablemente, Videgaray goza de sus afectos, pero en realidad pragmáticas porque, en el fondo, los movimientos encubren jugadas que podrán tener o no los resultados esperados, pero revelan la frialdad para jugar en política que llevó a Peña Nieto a sacar al PAN de Los Pinos en 2012.

En los últimos días sólo aprovechó las circunstancias, lo caliente de la plancha.

Más allá de si Luis Videgaray erró o no al aconsejar el encuentro con Donald Trump, que si por esta causa la indignación llevó a algunos miembros del gabinete presidencial a insinuar que pusieron sobre el escritorio de Enrique Peña Nieto, o que al menos cargaban su dimisión en el bolsillo o pensaron en redactarla, lo único que gira en torno a los acontecimientos de la mañana del miércoles es la sucesión de 2018.

La salida de Videgaray, quizás una de las 2 piezas más importantes del equipo original de Peña Nieto, al grado de que hubo quienes lo llamaban “Virreygaray o Vicegaray” por su supuesta condición de segundo al mando, deja en cierta soledad. en la cúpula del grupo en el poder. a Miguel Osorio Chong, por cierto, el único priísta en competencia abierta en las encuestas con Margarita Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

Pero el relevo en Hacienda otorga oportunidad al nuevo titular, José Antonio Meade, no sólo por su quinta medalla en la olimpiada política mexicana, pues ya colecciona 5 secretarías en otros tantos años, sino por su condición de una especie de león de 2 mundos, pues lo mismo se ocupa cuando el PAN gobierna que cuando lo hace el PRI.

Para decirlo de otra manera, el secretario de Hacienda vendría a ser la materialización de lo que López Obrador llama el PRIAN, pero, doble contra sencillo, si gana Morena, Meade también tendrá trabajo.

Los cambios en el gabinete pusieron en vigencia, de nueva cuenta, al priísta a quienes preocupa o detestan los peñistas más conspicuos, Manlio Fabio Beltrones; en 2011 compitió con Peña Nieto por la candidatura presidencial y el 5 de junio pasado sufrió las consecuencias de una serie de factores concatenados: Corrupción tolerada de gobernadores, golpes bajos entre presidenciables que buscaban no sólo su derrota, sino las de sus oponentes, y hasta la presumible complicidad de panistas-calderonistas enquistados en el gobierno, cuyo poder se incrementa con el crecimiento, imparable, del nuevo secretario de Hacienda.

No fue casual que al día siguiente de los cambios se desatara la falsa versión de que fue citado a Los Pinos, en donde se le habría ofrecido ocupar el lugar de Meade en Desarrollo Social, pero que en un desplante habría agradecido la oferta para no contaminarse con la mala fama de un equipo que no pasa por sus mejores momentos. Ganas de enemistarlo con el Presidente.

Beltrones es el único priísta capaz de competir, desde la frialdad de la banca, con los mejor colocados en la cúpula burocrática y política; su capacidad de crearse oportunidades es infinita; los priístas lo sienten suyo y tienen la certeza de que las derrotas del 5 de junio fueron consecuencia de una estrategia que obró el milagro de unir a competidores irreconciliables  entre sí con la única intención de sacarlo de la jugada, como ahora parece estarlo Videgaray. La diferencia es que éste, para competir por “La Grande”, sí necesita un trampolín; desde el suelo no puede brincar.

Como si fuera poco, para fortalecer la versión de que el miércoles todo giró en torno a la sucesión presidencial, Videgaray habría salido cobijado por el escándalo causado por la visita de Trump para sacudirle los negativos de su gestión en Hacienda.

Conforme a la versión generalizada, suya es la culpa de todo lo malo que ocurre en el país; es probable que le carguen, incluso, la caída de los precios internacionales del crudo, el verdadero factor atrás de la falta de crecimiento en la economía y la devaluación del peso.

En este contexto, la real causa de los cambios sería colocar a Luis en posición de arranque para suceder a Eruviel Ávila en el gobierno del Estado de México; no olvidemos que son como hermanos, comen una vez a la semana, por lo menos, y que, 6 años atrás, Videgaray coordinó la campaña de su amigo antes de hacer lo mismo con la de Peña Nieto.

Eruviel es, con Manlio y Osorio Chong, otro a quien los priístas consideran suyo, pero, además, es experto electoral, tiene presupuesto y el padrón electoral del Estado de México es el más grande del país. La dupla ganadora Ávila-Videgaray aseguraría el futuro inmediato y mediato, como en 2011 lo hizo la dupla Peña Nieto- Eruviel Ávila.

MIRANDA, OPERADOR NATO

Pero el movimiento más importante, más allá de la confianza que inspire Meade a los mercados nacional e internacional, y el descontrol que impacta, ya, en el PAN, pues Margarita y Ricardo Anaya lo ven como un contrincante al que no podrán atacar, pues a la vista nada hay con qué señalarle presunta corrupción o para crucificarlo (vaya, es posible que esté más limpio que ellos y que el panismo cupular lo prefiera sobre la esposa del ex Presidente y del líder nacional del PAN), está en el nombramiento de Luis Miranda como secretario de Desarrollo Social.

Desde su creación para impulsar el exitoso programa “Solidaridad” de Carlos Salinas, lo que hoy es Sedesol fue una especie de la cara bonita del gobierno. Allí estuvieron Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho, pero también Josefina Vázquez Mota y Ernesto Cordero, y José Antonio Meade. No obstante, hasta hoy no ha producido un Presidente. A “Pelo Chino” lo asesinaron en Lomas Taurinas, pero a Salinas le permitió apoderarse del Congreso en su segunda Legislatura.

No significa esto que Miranda sea precandidato presidencial; su relación con Peña Nieto, la más estrecha que alguien del gobierno pueda tener con él, se lo podría garantizar si quisiera, pero el fondo de su presencia en Sedesol es su capacidad operativa, sólo que para moverse necesita con qué.

No olvidemos que fue quien cerró el gobierno de Peña Nieto en el Estado de México como secretario de Gobierno y que, además, fue el protagonista de la negociación que evitó la alianza PAN-PRD para enfrentar al candidato priísta a la gubernatura. Redactó el documento firmado por Beatriz Paredes y César Nava, pero también por él y Fernando Gómez Mont. Por cierto, un error en la fecha ocasionó que recuperara el texto original, redactara uno nuevo y recopilara las firmas por segunda ocasión.

La prevención de hacer el convenio por escrito impidió a Felipe Calderón dejar colgado de la brocha a Peña Nieto, como lo hizo con Ulises Ruiz en Oaxaca, pues éste sí confió en la palabra del esposo de Margarita. A consecuencia del incumplimiento, el entonces secretario de Gobernación, Gómez Mont, renunció, primero, a su militancia panista, y después, a la segunda posición en el gobierno.

Miranda es la garantía de que, ahora sí, el PRI tendrá el apoyo necesario que en el proceso electoral pasado le negó el coordinador de delegaciones de Sedesol, Mario Zamora Gastelum, quien, por decisión propia o cumpliendo instrucciones de Meade, operó para los candidatos panistas.

Dicho de otra manera, el operador de Meade fue el gran protagonista del triunfo en las 7 entidades que perdió el PRI, sin que esto quite mérito a la corrupción de gobernadores y mala selección de candidatos priístas.

Se dio el caso de que el PRI, acostumbrado a recibir apoyo de los delegados federales del gobierno, debió obtener dinero de donde pudo para dotar a estos de recursos para operar; ni así lo hicieron y, en todo caso, los hubo que aprovecharon la aportación priísta para ayudar a panistas.

La incógnita es si con Meade en Hacienda se repetirá, en el 2018, el episodio del 5 de junio pasado, que tuvo de personaje central a Zamora Gastelum, aunque en este último evento se trataba de descarrilar al enemigo común, Beltrones, como ocurrió.

Improbable que ocurra con Miranda en Sedesol, pero, en todo caso, ¿Meade actuará de común acuerdo con el ex Subsecretario de Gobernación que sábado a sábado está casi todo el día con el Presidente Peña Nieto? o ¿lo someterá a una sequía que deshidrate al aparato priísta hasta el desbiele total?

Veámoslo fríamente: Quizás haya choque de trenes entre Hacienda y Sedesol.

SIN NOVEDAD AL FRENTE

Todo lo dicho aquí parece rocambolesco, y lo es, pero así es la política, y lo sabe el Presidente Peña Nieto.

Presenció, en primera fila, la carnicería fratricida de priístas cuando la orfandad los obligó a pelear sin árbitro en la lucha por la candidatura, y en su momento él mismo debió crear sus oportunidades para disputar el derecho a sacar al PAN de Los Pinos. Ambas experiencias lo marcaron. Nada de lo que ha ocurrido y ocurrirá en los próximos meses le resultará novedoso.

¿Puñaladas traperas? ¿Campañas difamatorias? ¿Zancadillas? ¿Golpes bajos? ¿Intentos de aniquilación con el uso de la vida privada? Todo lo presenció y sufrió desde los tiempos de Arturo Montiel.

Más aún, los participantes en la lucha de hoy, incluida Claudia Ruiz Massieu, que se ofrece como alternativa perfecta en caso de la postulación de Margarita Calderón, y José Calzada, aun perdiendo Querétaro y exhibiendo al equipo, en que recién ingresó, con la presentación de sus “3 de 3”, no le son desconocidos.

La Secretaria de Relaciones Exteriores es hija de quien bien pudo suceder a Zedillo de no haber sido asesinado frente al Hotel Casablanca en las calles de Lafragua, José Francisco Ruiz Massieu, y, además, sobrina nada más y nada menos que de Carlos Salinas. El secretario de Agricultura es uno de sus grandes amigos.

Sabe Peña Nieto que su gobierno y el PRI no pasan los mejores momentos, pero no son peores a cuando él iniciaba su administración mexiquense y todo actuaba en su contra, incluidos quienes por aquel entonces eran los dueños del partido.

Aún en esas circunstancias construyó su candidatura enfrentando a quien desde aquel entonces ya era considerado el priísta mejor equipado, Manlio Fabio Beltrones, y derrotó a Josefina Vázquez Mota y apabulló a López Obrador, que venía de perder por milésimas con Calderón.

La gran diferencia con 2006 y 2012 es que en Los Pinos, hoy, habita un priísta, que el PRI no tiene a otro Peña Nieto con su atractivo para el electorado y los medios de comunicación, y que las redes sociales son un protagonista que López Obrador maneja con habilidad insospechada.

En esta nueva circunstancia, a Peña Nieto le queda poco tiempo para hacer crecer a quien tenga en mente y crear las condiciones para echarlo al circo a enfrentar, en especial, a Andrés Manuel y a su equipo especializado en redes sociales.

El miércoles, el Presidente inició el proceso que sus ansiosos colaboradores y el resto de aspirantes de otros partidos ya traían adelantado; es ahora cuando empieza la calificación final y, aquí sí, sólo es uno el que decide.

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