Manuel Velasco, premio a la traición, a la inconstitucionalidad y a la corrupción

Humberto Pedrero y Roberto Rubio, diputados falsarios y falsificadores

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Manuel Velasco atentado a la constitucionalidad

Durante 18 años, Manuel Velasco Coello transitó como parte del Partido Verde Ecologista de México, una empresa familiar concesionada a la familia González Torres y a la familia González Martínez con ingresos netos superiores a los 150 millones de pesos, incluso por encima de empresas como Xerox y Samsung.

La definición exacta del Verde la dio el senador Emilio Álvarez Icaza en entrevista con el diario Contra Poder de Chiapas: “El Partido Verde es la expresión más corrupta del PRI”. Y no le faltó razón al legislador federal. Cuando, en el 2006, Bernardo de la Garza, el candidato del Verde a la Presidencia de la República, se ufanaba de que por ningún motivo declinaría en favor de candidato alguno, era la trampa para negociar alianza ventajosa con el PRI en candidaturas a presidencias municipales, senadurías, diputaciones locales y federales.

En aquél año, el Verde fue la tragedia del PRI. Con sólo el 7 por ciento de la intención del voto, el experimentado Roberto Madrazo, candidato presidencial del tricolor, cayó en la trampa. La elección estaba dividida en tres tercios, entre el panista Felipe Calderón, el perredista López Obrador y el priísta Roberto Madrazo.

El cálculo político de Madrazo fue pésimo y se dejó llevar por las cuentas alegres de una operación aritmética simple. Si el PRI aparece en las encuestas con el 32 por ciento de las preferencias electorales, más 7 del Verde, el triunfo está asegurado para Madrazo. El desenlace electoral fue fatal. Roberto Madrazo terminó en el sótano, con apenas el 22 por ciento de la votación nacional y el escandaloso fraude de Felipe Calderón.

Sólo que el gran beneficiario de esa debacle priísta en el 2006 fue Manuel Velasco Coello, impulsado por la alianza PRI–Verde como candidato al Senado de la República y en fase de espera para asumir la candidatura al gobierno del estado de Chiapas. Velasco Coello ganó en el 2012 a partir de tres factores fundamentales: El voto duro del PRI, la ausencia de un verdadero candidato de oposición y el fraude electoral patrocinado con Sabines, en contubernio con Peña Nieto, para comprar con dinero público el consulado en Orlando, Florida.
Como quiera que sea, Manuel Velasco fue gobernador gracias al PRI, pero, fiel a su naturaleza, terminó por traicionarlo. Se ofreció como interlocutor entre Peña Nieto y Andrés Manuel para asegurar que el Presidente no se metería en la elección presidencial a cambio de impunidad para uno de los presidentes más corruptos (Salinas y Peña se pelean ese privilegio) en la historia moderna de México.

Fue así como, en Chiapas, Manuel Velasco desarticuló la alianza del PRI con el Verde, el partido Mover a Chiapas y Chiapas Unido, estos dos últimos propiedad de la señora Leticia Coello Garrido, cuya nómina y aparato publicitario se pagaban con cargo a la Secretaría de Desarrollo Social. Y si se escarba más se le encontrarían pasivos insalvables en las secretarías de Educación y Salud.

Velasco engañó a su pupilo Fernando Castellanos Cal y Mayor, fraudulento presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, con el cuento de hacerlo gobernador. Nominado, apresuradamente, a un mes de la elección por el Partido Verde, después de la escisión con el PRI, Castellanos Cal y Mayor tuvo a su favor todo el aparato de Estado.

Los tumultuosos mítines y el dispendio indiscriminado de recursos así lo evidenciaban, hasta que alguien paró en seco a Manuel Velasco con la amenaza de hacer ganar Rutilio Escandón o la cárcel. Ahí terminó la aventura de Fernando Castellanos y Manuel volvió a traicionar, primero, al PRI y, ahora, al Verde. La precisión es impecable. El control electoral de Velasco Coello era evidente. Antes de llegar a la gubernatura, el Verde en Chiapas era nada. Con recursos del tesoro público, Manuel Velasco alteró la distribución geográfica del poder.

Ahora, 59 presidencias municipales, de 122, se pintaban de Verde. Hasta el municipio de Chamula, que por usos y costumbres era tradicionalmente priísta, pasó a ser propiedad del Verde. Lo grave y trágico fue que, por esas circunstancias, el 23 de junio del 2016, el presidente municipal, Domingo López González, un antiguo priísta, terminó asesinado gracias a las burdas maniobras de Velasco Coello para imponerlo sobre la tradición indígena.

El enriquecimiento de Manuel Velasco fue obsceno. Ni él ni sus secretarios de Obras Públicas, Bayardo Robles Riqué y Jorge Betancourt, aguantarían una revisión bancaria y fiscal. Y, sobre todo, el enriquecimiento de su primo hermano, Juan Pablo Orantes Coello, subsecretario de Obras Públicas, famoso entre los constructores de Chiapas por el 10, el 15 y hasta el 20 por ciento de diezmo.

Manuel Velasco alteró y usurpó la voluntad popular al imponer como candidatos a diputados indígenas al secretario de Hacienda, Humberto Pedrero Moreno, y al secretario técnico del gabinete, Roberto Rubio Montejo. Los hoy diputados federales incurrieron en falsedad en declaraciones y en falsificación de documentos públicos, en abierta usurpación de una identidad indígena inexistente.

Fraudulentamente se les extendió una constancia de residencia en dos municipios indígenas a través de un comisariado ejidal fantasma. El atraco quedó al descubierto cuando se presentó el legítimo comisariado ejidal y negó la constancia de identidad indígena de ambos atracadores étnicos y geográficos. Como funcionarios de primer nivel, y por su apellido, residían en Tuxtla Gutiérrez y no tienen ninguna filiación autóctona.
Humberto Pedrero tiene experiencia en falsificación de documentos. Se presentó, en juicio, ante el juzgado segundo de distrito de Tuxtla Gutiérrez con una escritura pública falsa de notario público y por la cual se le inició averiguación previa en la Procuraduría General de la República.

Lo trágico para la cuarta transformación es que sus ilícitos han sido premiados en lugar de sancionados conforme al Código Penal Federal. A Roberto Rubio, de profesión chofer, se le reconoce en la Cámara de Diputados, del Congreso de la Unión, para presidir la Comisión de Ecología y a Humberto Pedrero como director general de Administración del Instituto Mexicano del Seguro Social.

¿Sabrá Zoé Robledo quién es tan conspicuo colaborador?

Con todos esos antecedentes, Manuel Velasco se apresta a regresar al Senado de la República. El gobernador-senador-gobernador impuso una reforma a la Constitución de Chiapas y violó principios de la Carta Magna para pedir licencia, protestar como senador y regresar para terminar con el período constitucional en la gubernatura del estado.

En un acto inaudito de inconstitucionalidad se impuso como sustituto de sí mismo, en abierta contravención al artículo 116 de la norma fundamental mexicana que prohíbe un segundo periodo a cualquier ciudadano electo popularmente. Vulneró también el artículo 125, que no permite ostentar, simultáneamente, dos cargos de elección popular de la Federación o de los estados. En estricta técnica constitucional, Manuel Velasco era, simultáneamente, senador y gobernador.

Ese es el personaje que se apresta a asaltar el Senado de la República el próximo 1 de septiembre. Sería un atentado a la constitucionalidad, una burla a la representación nacional y una ofensa al pueblo de Chiapas. Sólo un dato. El pésimo gobierno de Manuel Velasco se evidencia con la imposibilidad de regresar a Chiapas y presentarse ante la ciudadanía y el electorado. En lugar de regresársele la patente de senador debería de ser sujeto de juicio político y de proceso penal. Ampliaremos…

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