Manuel Velasco Coello, la infamia senatorial

Humberto Pedrero, abdica la diputación indígena

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Como se esperaba, Manuel Velasco regresó como senador de la República en un grave atentado a las instituciones nacionales y violación flagrante de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y a la Constitución del Estado de Chiapas, pero sobre todo en un agravio imperdonable al pueblo de Chiapas, saqueado, durante seis años, bajo el manto protector de la impunidad.

Manuel Velasco Coello adoptó una doble personalidad política, inédita en la historia político-constitucional de México. Él mismo se autoproclamó como gobernador-senador-gobernador-senador con la alcahuetería de Morena en el Senado y la sumisión del bonorable (sic) Congreso del Estado de Chiapas.

Manuel Velasco es el único personaje en la historia de México que ocupa, simultáneamente, el cargo de gobernador y de senador de la República. Y, además, se vuelve sustituto de sí mismo. El aserto tiene fundamento a partir del mandato constitucional contenido en el artículo 125 de la Carta Magna.
El numeral invocado prescribe textual: “Ningún individuo podrá desempeñar, a la vez, dos cargos federales de elección popular, ni uno de la Federación y otro de un estado que sean también de elección, pero el nombrado puede elegir entre ambos el que quiera desempeñar”.

Contra toda lógica política, y en abierto atentado constitucional, Manuel “La Cuija” Velasco ocupó, simultáneamente, la senaduría y la gubernatura del estado. El Congreso de Chiapas le confeccionó una reforma a la medida para que pudiera sustituir al gobernador anterior, sólo que el gobernador que le precedió en el cargo era, precisamente, el mismo Manuel.

Cuando dejó, temporalmente, la gubernatura para asaltar al Senado de la República, desde ese momento decidió convertirse en senador y “elegir entre ambos el que quisiera desempeñar”. Lo malo para la democracia y el pueblo de Chiapas fue que Manuel quiso desempeñar los dos cargos al mismo tiempo.
Momentáneamente dejó tirado el honroso cargo de senador. Su actitud tiene explicación. Desperdiciar tres meses de gubernatura era dejar inconcluso el saqueo perpetrado desde el 8 de diciembre de 2012. Y había que terminar con depredar el tesoro público de los chiapanecos.

¿Cuántos kilómetros de carreteras? ¿Cuántos puentes? ¿Cuántas aulas? ¿Cuántas clínicas y hospitales? ¿Cuántos albergues? ¿Cuántas guarderías? se dejaron de construir. ¿Cuántos médicos se dejaron de contratar? ¿Cuántas medicinas faltaron para atender a enfermos? para hacer a Manuel Velasco el mayor ladrón en la historia de Chiapas, título que, por derecho propio, arrebató a su compadre Juan Sabines.

Y falta desmenuzar la intromisión de la señora Leticia, de los ilustres apellidos, Coello y Garrido, en áreas tan sensibles, como educación y salud, lugares en donde los quintos y los pesos se diluyen sin destino, pero ese es otro tema.

Quien sabe mucho del tema, y es obligado a declarar, se llama Humberto Pedrero Moreno, quien terminó como financiero personal de Manuel Velasco en lugar de asumir, a plenitud, su condición de secretario de Hacienda del estado de Chiapas.

La recompensa de Pedrero Moreno por ocultar los atracos de Manuel Velasco llegó cuando se le nominó candidato a diputado federal por la alianza, coalición u otra farsa nominada “Todos por México” para asegurarle fuero en una alegre combinación entre el PRI, Verde y Nueva Alianza, partidos de probada corrupción en la historia patria.

A sus pasivos personales y familiares, Humberto Pedrero agregó una estrella más a su lamentable condición política. Sin ningún recato aceptó la nominación a diputado federal indígena por el ejido Monte Grande, del municipio de Bochil. Para hacerlo candidato, un comisariado ejidal inexistente, Alejandro Escobar Núñez, le extendió, el 22 de junio de 2018, una constancia en la que hacía saber a las autoridades electorales que Humberto Pedrero era ejidatario con más de seis años de residencia en el ejido Monte Grande.

La farsa no podía ser más burda. Humberto Pedrero Moreno había sido nombrado tesorero del estado de Chiapas en el 2014 y secretario de Hacienda en febrero de 2016. Entonces ¿de dónde los seis años de residencia como ejidatario? si en esos tiempos, entre 2012 y 2018, residió en la Ciudad de México y, luego, en Tuxtla Gutiérrez, al mando del ilustre saqueador Manuel Velasco. Ese hecho notorio era suficiente para quitarle la candidatura y encarcelarlo por falsedad en declaraciones y falsificación de documentos públicos, pero para documentar todavía más la comedia y simulación indígena de Pedrero Moreno, el verdadero comisariado ejidal, Mariano Jiménez Girón, y su secretario, Manuel Gómez Jiménez, desmintieron al falso ejidatario al certificar que en los registros oficiales no se encontró ningún antecedente de Humberto Pedrero y su suplente, Alfredo Gordillo Moreno, parientes para más señas, y cerrar el círculo del atraco electoral.

La falsificación de documentos y la falsedad en declaraciones de Humberto Pedrero quedó todavía más al descubierto cuando el secretario municipal del ayuntamiento de Bochil extendió constancia certificada de que el ficticio diputado indígena era totalmente desconocido en el municipio.
A la farsa pedreromorenista se sumó otra evidencia irrefutable. El fiscal del Ministerio Público adscrito a la Fiscalía del Centro del estado solicitó información al Registro Agrario Nacional sobre la identidad indígena y la inscripción de Humberto Pedrero Moreno y Alfredo Gordillo Moreno. La respuesta ya se esperaba: “Ninguno de los dos tiene o aparece dentro de los datos del Registro Agrario Nacional”.

Los intentos de protección, sin sustento, al indígena Pedrero Moreno continuaron cuando el delegado de Pueblos Indios en Chiapas, Martín García Cruz, por instrucciones del coordinador de la Comisión de Pueblos Indios, Roberto Serrano Altamirano (aquél detenido en Miami por conducir al influjo de psicotrópicos), certificó que Pedrero Moreno sí era ejidatario.

Por todas esas irregularidades, el partido Morena, Juntos Haremos Historia, por conducto de su representante, Karina del Río Zenteno, promovió juicio de inconformidad. Prosperó cuando la Sala Regional de Xalapa determinó la nulidad de la elección de diputados federales y retiró el otorgamiento de constancia de mayoría y validez a Humberto Pedrero Moreno y a su suplente, Alfredo Gordillo Moreno.

Con total desparpajo, y sin ningún recato, Pedrero Moreno promovió recurso de reconsideración ante la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Este órgano constitucional revocó la sentencia de la Sala de Xalapa. Por lo extenso de su resolutivo, por hoy, únicamente se hará mención de un argumento chistoso del magistrado ponente Indalfer Infante (indialfer Infame en lo sucesivo).

Según este ínclito jurista, basta con que Humberto Pedrero haya manifestado que es indígena para determinar que es su deseo asumirse como parte de un grupo étnico en observancia de los principios de igualdad, no discriminación y las acciones afirmativas, suficientes para asignarles un lugar geográfico dentro de la etnia a la que dicen y quieren pertenecer.

Desde luego, Humberto Pedrero no tiene conciencia de identidad indígena ni partidista. En absoluta indefinición ideológica y política, y fiel a su pragmatismo acomodaticio, abandonó a los tres partidos que lo hicieron diputado federal para asumirse como morenista. Y ahora abandona el Congreso de la Unión para asumir la dirección de Administración del Seguro Social bajo la protección de Zoé Robledo Aburto. Ampliaremos…

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