Mal ejemplo al pueblo o fuerza moral

Durante el reporte de Juan Ramón de la Fuente sobre la obtención de México de un escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU, López Obrador y Ebrard dialogan, irresponsablemente, a unos 20 centímetros de distancia y no a los dos metros que dicta Susana Distancia

Compartir:
Momento en que Marcelo Ebrard se acerca al rostro del Presidente Andrés Manuel López Obrador, sin cubrebocas ni guardando la sana distancia, durante la mañanera del jueves pasado.

> El hecho, ocurrido durante la mañanera del jueves, es de las peores señales de desdén a la epidemia del coronavirus enviadas por el gobierno a la población

> En la eventualidad de ser portadores asintomáticos, por ejemplo, uno pudo contagiar al otro o viceversa, como no se cansan de explicar los clásicos todas las tardes en las conferencias de López Gatell en Palacio Nacional

Se equivocará quien lo considere mera anécdota porque se trató de un instante, tres segundos a lo sumo, pero sin duda fue el más importante, el más aleccionador de la conferencia mañanera del jueves protagonizado por el Presidente López Obrador y el secretario de Relaciones Exteriores mientras Juan Ramón De la Fuente, en videoconferencia desde Nueva York, relataba cómo ha sido que México se ha convertido en potencia electoral en la ONU en apenas año y medio.

El episodio en Pachuca fue una de las tantas, quizás de las peores señales de desdén a la epidemia del coronavirus enviadas por el gobierno a la población.

Haciendo gala de su olfato político, pero muy en especial de su profundo conocimiento de la mente humana, el embajador de México en la ONU estuvo en personaje. Hablaba con entusiasmo y orgullo de que, en apenas año y medio del sexenio, México ha ganado 38 elecciones en las Naciones Unidas con candidatos propios o a nombre de nuestro país.

El ex rector de la UNAM, ex secretario de Salud y psiquiatra de profesión, se preparó a conciencia para relatar cómo fue que México consiguió por quinta ocasión un escaño en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Juan Ramón de la Fuente, Embajador de México ante la ONU, en videoconferencia desde Nueva York, el jueves en Palacio nacional.

Sin duda, durante la noche del miércoles dio vueltas en su colchón en Nueva York hasta encontrar la premisa que más impactaría a sus superiores jerárquicos y políticos, muy en especial al Presidente. Y lo consiguió.

No fue extraño que el momento más emocionante de la videoconferencia, el que produjo merecidas descargas de adrenalina en los personajes más importantes de su auditorio que lo miraban y escuchaban en Pachuca, ocurriera al mencionar De la Fuente que México obtuvo escaños en el Consejo de Seguridad y en el Consejo Económico y Social, pero también al referirse al triunfo de Marcelo Ebrard al conquistar la Presidencia de la CELAC que, sin ser miembro de la ONU, tiene vital importancia en América Latina y El Caribe.

El embajador explicó que México ha ganado todas las elecciones en las que ha participado en la ONU con candidatos mexicanos: “… en este año y medio, Presidente …hemos participado en el Sistema de Naciones Unidas en 38 elecciones, a veces con candidatos a nombre propio, a veces a nombre de México; hemos ganado todas las elecciones a las que hemos presentado candidaturas de mexicanas, de mexicanos o como país, 38 puestos de elección tenemos en este momento entre los organismos y los programas de la ONU, muchos de ellos en Nueva York, otros en Viena, otros en Ginebra y en otras partes del mundo.

“La presidencia de la Celac que consiguió el canciller Ebrard a principios de este año … no forma parte de la ONU como tal, pero sí es un ejercicio de multilateralismo y por eso lo he incluido; sin duda ha sido también importante. Y ahora los retos del Consejo de Seguridad y del Consejo Económico y Social”.

AL DIABLO, SUSANA

Juan Ramón tocaba música que sonaba celestial en los oídos del experto en elecciones que es López Obrador. Ganar 38 elecciones en la ONU con candidaturas de mexicanos o con México como país candidato, como ocurrió en los casos de los Consejos de Seguridad y el Económico y Social, es para deleitarse y presumir.

Las palabras del embajador cargaron de tanta electricidad el ambiente que de pronto López Obrador, cuyo pecho no es bodega para guardar sentimientos, no resistió la tentación de comentar algo con su secretario de Relaciones Exteriores.

Solícito, Ebrard olvidó las recomendaciones del subsecretario Hugo López Gatell sobre la sana distancia y, sin percatarse de lo que hacía, bajó varios centímetros su rostro hasta colocarlo a la altura del de López Obrador para, a unos 20 centímetros de distancia, más o menos, y no a los 2 metros que dicta Susana Distancia, escuchar el agradecimiento presidencial o quizás un merecido “¡a toda madre, Marcelo! ¡Te felicito!, que los conservadores se vayan a Palenque!”

El chiste es que el jueves, cuando el cronómetro marcaba una hora, 9 minutos y 23 segundos y hasta el segundo 26 de la conferencia mañanera en Pachuca, el Presidente escupió a Marcelo o quizás sucedió al revés, todo esto conforme a los cálculos de López Gatell que tarde a tarde ilustra el peligroso viaje que realizan las gotas de saliva de una cara a otra cuando se platica muy de cerca.

No se trata aquí de horrorizarse, ironizar o burlarse a costillas de los esputos de un superior hacia su inferior o los de éste a su jefe, sino del irresponsable riesgo sanitario en el que ambos incurrieron en una entidad que permanece en semáforo rojo sanitario; es decir, en la eventualidad de ser portadores asintomáticos, por ejemplo, uno pudo contagiar al otro o viceversa, como no se cansan de explicar los clásicos todas las tardes en las conferencias de López Gatell en Palacio Nacional.

El evento de apenas 3 segundos fue grave para los dos y lo sería para el país si, a causa de este descuido, evidentemente involuntario, producto de la euforia causada por el discurso de De la Fuente, el jefe del Ejecutivo Federal empezara a padecer síntomas de la Covid-19.

Pero, además, la breve escena se convierte en lamentable y condenable ejemplo para la población, pues deja al descubierto que en la cumbre no practican lo que predican, tiran a loco al subsecretario de Salud que goza interpretando su roll de salvador de la patria, o simplemente por un oído les entra y por el otro les salen sus reiteradas recomendaciones.

Más aún, extraña que el canciller Ebrard se quitara el cubrebocas para lucir su gran estatura ante la de menor talla del mandatario federal, mientras lo usó la mayor parte del tiempo que permaneció sentado al lado del gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, quien recientemente dio positivo al coronavirus y, conforme relató a Azucena Uresti de Milenio, los efectos del virus le resultaron tan “perrísimos” que mientras estuvo en cuarentena llegó sentir que moría.

“No es broma, se debate entre la vida y la muerte… en la madrugada sentía que me moría … un adulto mayor no lo aguantaría… espero no haber contagiado al Presidente, cuiden al Presidente…”, narró Fayad.

Y el colmo, Fayad, que pide cuidar al Presidente, fue el anfitrión de la conferencia mañanera del jueves… ¡sin cubrebocas!

LECCIÓN INOLVIDABLE

Como tarde a tarde repite López Gatell, poco se sabe del virus, de tal suerte que no se puede asegurar si el gobernador hidalguense ya es inmune o si puede sufrir contagio de nueva cuenta y a su vez contagiar a quienes se le acerquen.

Tal vez por ello fue que, para no arriesgarse, Ebrard mantenía la mascarilla cubriendo su boca cuando se sentaba a su lado, pero inopinadamente se lo quitó para acompañar al Presidente y hablar con él casi rostro a rostro, al lado de la proyección que mostraba al embajador relatando los logros de la Cuarta Transformación en la ONU.

Inolvidable lección la del jueves.

Es probable que el Presidente posea fuerza moral y no de contagio como pregona López Gatell; que sea el hijo único laico de Dios, como aseguraba Porfirio Muñoz Ledo; que lo blinden sus “detentes” o que, como no es traidor, ladrón ni mentiroso, sea inmune al coronavirus.

Pero también lo es que Ebrard, que afianzó su relación con López Obrador cuando le tocaba subsidiar las marchas de tabasqueños que se adueñaban del centro del Distrito Federal para dar oportunidad a Manuel Camacho de impresionar con su capacidad de negociación a Carlos Salinas, no debe creer que el Presidente ha librado hasta hoy el contagio de coronavirus por esas razones, pese a que se ha expuesto y se expone en demasía.

Por eso resulta extraño que siendo uno de los pocos colaboradores racionales del Presidente, incurriera en un desliz que apenas duró tres segundos, pero que resultó altamente aleccionador.

Por lo demás, se entiende que la narrativa de Juan Ramón los entusiasmara a ese grado. Treinta y ocho elecciones ganadas en año y medio en la ONU -el escaño en el Consejo de Seguridad, la joya de la corona- valen el riesgo, aunque lo verdaderamente importante será la participación de México en las grandes decisiones que toma el exclusivísimo club de las potencias que dominan el Consejo.

Nunca, ni siquiera en estos momentos decisivos, debemos desechar la experiencia de Omar Fayad: “creemos que somos Superman y no lo somos… el malestar es tan grave que quieres salir corriendo y aventarte por el balcón…”

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...