> Conforman, ya, todo un nuevo estilo de ‘melting pot’ político en México. Son la nueva ‘Bola’ (¿revolucionaria, independentista?). No echan bala (algunos); echan montón. ¿Quién los sigue?

“La bola”, aunque sea de acuñación revolucionaria, también fue una actitud de masas llevada a cabo por los independentistas de 1810.

En sí, “La Bola” representa, ya, al grupo o grupos de hombres armados, la cual es seguida y engrosada por más y más gente que busca un cambio por la vía violenta.

Al paso de los años, las décadas, e incluso de siglos, las “Bolas” continuaron existiendo. Se diversificaron. Son, por lo regular, en estos tiempos, los opositores al Gobierno o a algún tipo de gobierno.

Tanto han variado que ahora hasta hay “bolas” cibernéticas. “Bolas” en redes sociales, las más virulentas, desorganizadas, anarquistas (tan parecidas a los encapuchados que violentan y vandalizan desde hace años, espontáneamente, en cualquier manifestación).

En la “Bola” moderna se ha dado por desechar el camino armado para lograr cualquier cambio social, aunque pocos grupos (entre los cuales hasta los cárteles de las drogas podemos incluir) tienen seguidores en masa, como aquellos de la Independencia o la Revolución.

Hoy, ante la pasada celebración el 15-16 de septiembre del 206 aniversario de la Independencia de México y la consiguiente del 106 de la Revolución Mexicana, en noviembre próximo, justificaremos hablar de “los nuevos conspiradores”, que los hay, sobre todo contra un gobierno que, a diferencia del resto del 2012 hacia atrás, ha propuesto el mayor número de reformas, modificaciones legales y constitucionales; participación, en grupo, de las distintas ideologías (“Pacto por México”), promoción del respeto a los derechos humanos, a la libertad de expresión (tírele al Presidente cuanto quiera); apoyo con programas a sectores sociales; planes para atraer inversiones extranjeras.

Sí, una administración con errores, algunos graves, porque sí, por ejemplo, de desterrar la corrupción y la percepción de corrupción no hay como no hacer cosas buenas que parezcan malas, ni malas que parezcan buenas.

Pero, sobre todo, un gobierno que representa la mayor pena para la oposición, pues sólo dos sexenios después de ser expulsado de Los Pinos, luego de casi 7 décadas de encabezar el país por las causas y estrategias que se quieran, logró volver truncando la prolongación de la Derecha en el poder y el inicio de la Izquierda como administración federal.

El retorno del PRI como conductor de las políticas de gobierno de la República, gracias al empuje de Enrique Peña Nieto, dejó mal parados a personajes de uno y otro lado, Derecha e Izquierda, y descobijó lo malo que son y pueden ser conduciendo los intereses de la nación.

Desde los pleitos de Vicente Fox y Felipe Calderón, como los protagonismos irreconciliables de Andrés Manuel López Obrador, Cuauhtémoc Cárdenas, Marcelo Ebrard y (como última generación de desabridos programas de izquierda) Miguel Ángel Mancera.

¿Cómo permitir tal agravio, pero sobre todo, que el PRI, de “usurpador” del pasado, pasara a renovador del futuro de los mexicanos?

Había un arma nueva para “La Bola”. Las redes sociales que hoy funcionan, en su incipiencia, mejor que la vecindad de “El Chavo”.

Ahí estaba todo. Ahora, “La Bola” no echa bala; echa montón.

En ese sentido, Rosario Robles, la Secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, tuvo alguna razón cuando, hace tres semanas, dijo que los periódicos (hoy) sólo servían para “matar moscas y limpiar vidrios”.

Y es que todo el alboroto ya no es en el papel. Ganan los medios electrónicos y las redes sociales. A “periodicazos” ya no se tumba a nadie.

En la lucha por el poder, ya, hasta los obispos sirven, amén de prebendas concebidas no por gracia divina ni ganadas a golpes de pecho o salvando almas ( porque el espíritu siempre será etéreo), pero sí bien redactadas en la Constitución.

‘DESDE LA FE’ HASTA LA CNTE, AMLO, JOAQUÍN, DUARTES…

Los conspiradores abundan. Los “nuevos”.

Están no sólo en las calles encapuchados; también en la disidencia magisterial, en la Iglesia católica, en los traidores a su partido, en los frustrados porque no se les ha hecho tender su “lecho democrático” en Palacio Nacional, incluso en la misma casa.

Quizá el caso más representativo y más cercano a nuestro relato es el protagonizado, desde el púlpito eclesial, ante la propuesta de gobierno de reconocer los matrimonios igualitarios, bodas gay o unión legal entre personas del mismo sexo, llámele como quiera; no creo que a los interesados les importe la forma más que el fondo.

El tema, cierto, no es fácil, ni siquiera, como la misma renovación de las relaciones Iglesia-Estado, legalizada en tiempos de Carlos Salinas de Gortari, como para concederse sin ningún análisis concienzudo por parte del Poder Legislativo, sobre todo en puntos como las adopciones de niños.

Es un tema tan peliagudo como la legalización de la mariguana, el incremento del salario mínimo al (al menos) 50 por ciento. Tan peliagudo como romper las reglas antiguas, proteccionistas y agiotistas en áreas como las telecomunicaciones, energía o educación.

El alboroto de la Iglesia Católica, con toda la intención de dar un golpe para demostrar poder, hizo efecto en las elecciones del pasado 5 de junio. Al PRI se lo cargó el payaso, sorprendiendo a los propios operadores electorales del tricolor, entregados, siempre, a la venia de Dios.

La misma iglesia, sin embargo, admite su destino: Con el tiempo, acepta el Padre Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis de México, entrevistado en exclusiva, hace un mes, por IMPACTO TV, las ideas “liberales” serán aceptadas en todo el mundo. “Cómo caen las fichas de dominó”, se remitió a palabras de Benedicto XVI.

“La Iglesia se hará chiquita… Será la gran derrota de la Iglesia Católica”.

¿Será el tiempo, entonces, también, de los nuevos “Guadalupes”?

Y en las mismas andan otros nuevos “conspiradores”. Como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que por hogazas de poder político, ofrecidas por otro nuevo “conspirador” (y la costumbre secular de recibir millones y millones por parte de los gobiernos a cambio de bajarle a su tos), quebrantan cuanta ley se les antoja con supuestas banderas de oro democrático. Y ahí están estorbando la aplicación de una ley constitucional aceptada por el 90 por ciento del magisterio nacional, forjada dentro de los nuevos cánones de educación mundial.

O el propio Andrés Manuel López Obrador, a quien nadie le quita su derecho de votar y ser votado, pero que cambia de disfraz cada seis años, con el fin de ver hecho realidad su eterno sueño de cruzarse en el pecho la banda presidencial.

Nada garantiza que su repetitivo discurso durante más de 10 años, sin ninguna readaptación o renovación, sea el elixir para aliviar todas las enfermedades de los mexicanos, sociales y patológicas.

Aunque sí, más bien, una copia al carbón de alocados liderazgos, como el de Nicolás Maduro, que, dicho sea de paso, al finado Hugo Chávez, tampoco tan centrado que digamos, no le llega ni a la cintura.

O los Carlos Joaquínes o los Duarte, que para el caso de traición, con agravio a lineamientos del PRI o malos gobiernos, dan la misma cosa.

O Miguel Mancera, Jefe de Gobierno, autoprecandidato del PRD o independiente (por si las dudas), echando balas de confrontación con sus vecinos del Estado de México y el Gobierno federal para demostrar que tiene tamaños.

Aunque a los capitalinos los haya tundido con sus increíbles nuevas leyes viales y de verificación vehicular.

O, por qué no, si en la lista de “espontáneos luchadores sociales”, nuevos “conspiradores”, pues, cabemos todos, las Margaritas Zavalas (la casa, dicen, es la mejor escuela); los Ricardos Anayas (cría cuervos, Madero).

Y, ya entrados, hasta un importado de los “yunaites estates”, el antipaticón Donald Trump, que aunque es harina de otro costal ya vino a regar el chocomil a México con la anuencia de equivocados y alocados consejos a la Presidencia de la República. Y que, por cierto, no tiene la culpa el pato, sino el que lo hace compadre.

Los nuevos “conspiradores” conforman todo un nuevo estilo de “melting pot” político en México. Algunos con señas de inadaptados a las rupturas de la Historia, de los cambios políticos y sociales. Reacios a las nuevas ideas. Traidores a sus propias ideas. Hipócritas en el nombre del cielo.

Así estamos en estas fechas de recuerdos de héroes que nos dieron Patria.

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