Los motivos del lobo Muñoz Ledo

La voz discordante en la Cuarta Transformación, pero también una de las figuras más completas por su colmillo afilado, intelectual y político, sólo construye su propio monumento… mirando cómo crece Ebrard…

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Porfirio Muñoz Ledo, la otra voz discordante

Más allá de la renuncia, a la Secretaría de Hacienda, de Carlos Urzúa con una carta descalificatoria de las políticas públicas y decisiones más importantes del Presidente López Obrador, Porfirio Muño Ledo se ha convertido en la otra voz discordante de la Cuarta Transformación.

Su más reciente golpe, sus votos porque la 4T no se convierta en “el cuarto trancazo”.

Lo dijo a un grupo de lugareños del municipio de Ocuilan que mantenía bloqueado el ingreso a la Cámara de Diputados en protesta por la falta de atención de la autoridad a la deforestación de su región, pero en realidad habló como el Papa, urbi et orbi, es decir, se refería a todo lo que concierne al sexenio.

El salto de Urzúa, por la borda, a tiempo se explica en dos razones, su derrota en la lucha palaciega con rivales más cercanos al Jefe y más aptos que él, y en el natural intento de no compartir las consecuencias de lo que él considera previsible fracaso del gobierno a partir de sus propios números, que le hablan de que las profecías se están cumpliendo, es decir, estamos tocando las puertas de la recesión económica.
Para no ir más lejos, Urzúa perdió en su lucha muy personal con el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, y sus aliados en la corte de López Obrador, pero también se echó un clavado para abandonar el barco y a su jefe, cuya popularidad no corresponde a los vaticinios de los expertos en cuestiones económicas.

Deserciones como esta, al margen de los crudos y valientes conceptos con que se lanzó al mar dejando mal parado, más que a nadie, al capitán de la nave, son propias de roedores y no requieren mayor explicación, pero ¿por qué Porfirio Muñoz Ledo, un día y otro también, intenta ofrecerse como el único militante de la Cuarta Transformación con voz y pensamiento propios?

Una de sus más recientes jugarretas fue desestabilizar a la ya de por si desestabilizada Secretaria de Gobernación.

Como no queriendo la cosa, con ingenuidad en la que sólo los novatos pueden creer, el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados preguntó a los reporteros sobre la dimisión de Olga Sánchez Cordero, por lo que le deseó “la mejor de las suertes”. Nadie le supo contestar porque la ministra en retiro no ha renunciado a la Secretaría. El propio legislador informó, minutos más tarde, que no había movimiento en Gobernación e hizo publicar un tuit muy a su estilo, zalamero. Pero el daño ya estaba hecho.

Olga Sánchez Cordero. Como no queriendo la cosa

En realidad, Muñoz Ledo ha abusado, con su criminal lenguaje, de su “querida” Sánchez Cordero. Con motivo del cambio en la política migratoria de México ha dicho que “la Secretaría de Gobernación ha cambiado el rostro y todo del Instituto de Migración (…); denuncio claramente que el enclave de la Secretaría de Gobernación tiene procedimientos carcelarios y ha militarizado, sí, el tema de los migrantes”.

Haciendo gala de su dominio de la retórica, dijo que “escribí alguna vez ‘Olga la libertad’, bueno, un poquito excesivo, pero le digo que no se convierta en ‘Olga la carcelaria’…”.

Vaya, en el colmo de la exageración, se permitió denunciar “los campos de concentración que se están poniendo en México como en Auschwitz”.
No ha sido el único de sus movimientos para hacerse notar en funciones en las que no es la estrella.

UN FIGURÓN, PERO SIN FUTURO

En el ascenso a la cúspide de Arturo Herrera como secretario de Hacienda, como el sucesor de Urzúa no terminaba de saludar y tomarse selfies con los legisladores, llamó al orden a sus compañeros diputados para que guardasen dignidad y esperaran a hacerle peticiones después de que aprobaran su designación como encargado de las finanzas nacionales.

Nada que lamentar ni incomodar al nuevo miembro de la cúpula de Andrés Manuel que, evidentemente, disfrutaba su ingreso a las ligas mayores, pero suficiente para que el presidente de la Cámara de Diputados dejara claro que ahí, quien manda es él.

Por razones de edad, sí, por trayectoria en la administración política, en el Congreso y en las dirigencias partidistas, Muñoz Ledo es, quizás, una de las figuras más completas de la Cuarta Transformación, pero lo es también por su cociente intelectual, superior al de la mayoría, y el colmillo afilado que posee, en cuya largueza no hay quien lo iguale.

Sin embargo, pese a todos estos atributos es, con el director de la CFE, Manuel Bartlett, y el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, de los muchos sin futuro político.

En algún momento tendrán que retirarse porque la vida es implacable, pero aun llegando al final del sexenio en condiciones de seguir sirviendo a la República les será imposible competir con la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, y el de los diputados, Mario Delgado, por lo menos.

El único que puede mantenerse al frente de la guerra contra la corrupción será Gertz Manero, pues su puesto es transexenal. Cuando sus compañeros de generación ya sean historia, o estén en retiro, el seguirá al frente de la Fiscalía.

PERSONAJE DE TEMPESTADES

Así que debemos desechar que, adoptando posturas que lo significan como valiente, inteligente y libre, Muñoz Ledo esté buscando suceder a López Obrador en la Presidencia. Ni modo que quiera ser secretario de Gobernación y tener que madrugar para asistir a las reuniones de gabinete de seguridad y, luego, pasar el día atendiendo la política interior.

En realidad está en plena construcción de su monumento, al igual que Gertz Manero.

Porfirio ha sido personaje de tempestades. Para su mala fortuna protagonizó un par de episodios que, si estuviera en sus manos, borraría de su historia: Los discursos en 1969, exculpando a Gustavo Díaz Ordaz por lo de 1968, y la disputa, en estado eufórico y pistola en mano, de un espacio de estacionamiento en Nueva York cuando era embajador en la ONU.

Sin embargo, nadie puede negar su condición de genio de la grilla nacional.

El primer golpe mortal que mantiene hoy al PRI casi en estado de coma nació en su privilegiada inteligencia. Cuauhtémoc Cárdenas, que sólo quería ser director de Pemex, fue un instrumento necesario, pues tenía nombre de calle y su apellido constituía un gran imán.

Muñoz Ledo nunca respetó del todo al líder de la Corriente de izquierda que después se convirtió en PRD y, finalmente, en Morena. Todavía lo debe seguir llamando, peyorativamente, “El hijo del ‘Tata’”.

Cuauhtémoc Cárdenas. “El hijo del ‘Tata’”

La fractura de 1988 no se puede entender sin el genio de Porfirio, pero, para su desgracia, ha sido su peor enemigo, pues su preclara inteligencia lo obliga a menospreciar a todos, en especial a sus iguales o a sus jefes.

Después de la definición ridícula que hizo de Andrés Manuel López Obrador llamándolo hijo laico auténtico de Dios, cruzado e iluminado, no pudo contener a su yo interno en Tijuana cuando el Presidente disfrutaba haber contenido los aranceles de Donald Trump por unos días.
Su discurso fue el único en salirse de la línea triunfalista presidencial, pero en esa ocasión, más que echar a perder la fiesta del mandatario, lo que no pudo soportar fue que Marcelo Ebrard diera el salto que hasta hoy lo mantiene en las nubes, añadiendo a sus facultades constitucionales algunas de las secretarías, de Gobernación y Seguridad.

DE LA MADRID Y EBRARD

El gran trauma de Porfirio es no haber cruzado la banda tricolor sobre su pecho. Estaba convencido de que sería Presidente, pero la vida lo colocó al servicio de mandatarios a los que menospreciaba; el castigo más severo fue soportar que a quien desde la Universidad consideraba mediocre, Miguel de la Madrid, se convirtiera en jefe del Ejecutivo Federal.

Miguel de la Madrid, el castigo más severo

En esa frustración radica el nacimiento de la fractura priísta encabezada por él, no por Cuauhtémoc.
No obstante, sus derrotas mayores se las asestó Cuauhtémoc, que en el PRD no lo dejó ser jefe de Gobierno de la Ciudad de México ni candidato presidencial. En cambio, vio emerger la figura de Manuel Camacho y, tras él, la de Ebrard.

Sin faltarle razón en mucho de lo que dice sobre la política migratoria que Marcelo opera por instrucciones de López Obrador, el origen de sus desplantes tiene que ver en el crecimiento del secretario de Relaciones Exteriores, que de pronto se volvió imprescindible para el Presidente.

Marcelo Ebrard. De pronto se volvió imprescindible para el Presidente

Pero Marcelo y la política migratoria son sólo un pretexto para mantenerse esculpiendo su monumento.

Sin duda gozó al obligar al gobierno a pronunciarse en contra de las pretensiones de Jaime Bonilla de extender su gobierno, en Baja California, de 2 a 5 años. Cuando López Obrador dijo que es inapropiado, antidemocrático e ilegal, y Sánchez Cordero habló de inconstitucionalidad como ministra en retiro, y no como secretaria de Gobernación, él ya había acertado en el blanco exigiendo la desaparición de poderes en esa entidad.

No hay duda; su genialidad y largo colmillo le permiten ir un paso adelante del resto, pero también su falta de futuro. Como ya a nada aspira puede hacer lo que le venga en gana. Nada tiene que perder. Nadie va a intentar, ni podrá, cerrar la boca al presidente de la Mesa Directiva de los diputados.

Sin futuro político, siempre podrá presumir, como Urzúa, que no se quedó callado y que hasta pronosticó “el cuarto trancazo”.

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