López-Gatell, entre la Covid y la cólera

Aunque el caso Lozoya se apoderó de los reflectores mediáticos por unos días, no dio para más. Al centro de la atención nacional sigue el subdirector de Salud. La gana por todos lados, cantidad de muertos y casos, desacuerdos con gobernadores… y confrontación con medios de comunicación. Mientras, lo “catastrófico” se acerca

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Hugo López-Gatell en una de sus conferencias vespertinas en donde todos los días suma casos confirmados de Covid-19 y más y más muertos.

> Hasta este viernes, México contabilizaba un escenario de terror (antes que el “catastrófico” que se avecina de 60 mil) con casi 47 mil muertos y 425 mil casos

>¿Cuál es la causa de que ahora exista una especie de incredulidad en lo que día tras día presentan? Que desde febrero anunciaron, pomposa y valientemente, cifras bajas de contagios y defunciones

Lo peor en una emergencia es que en torno a ella se creen otras. Que en el camino a su solución se rompa el entendimiento.

La pandemia de Covid-19, la más grave enfermedad de contagio a nivel mundial en el último siglo ha trastocado la cotidianidad, en todos los sentidos, de todos los países.

No solo ha resquebrajado las economías nacionales, acrecentando el desempleo y creando más pobres. En cada país, encontrar la solución para frenar la invasión de un virus como el SARS-coV2, y evitar miles de muertes ha conducido a la confrontación interna.

El problema de una epidemia exige paciencia y control, líderes de sangre fría, lo cual tampoco se antoja fácil, ni siquiera sobran valientes que deseen encabezar tal responsabilidad.

En muchos países, los encargados iniciales de estar al frente de tan arduo trabajo -proteger a la población, guiarla, pero, sobre todo, informar a diario sobre los efectos de la pandemia-, han sido reemplazados por diversos motivos. Otros se han ido ante la carga de la responsabilidad o porque el mismo Covid-19 los ha alcanzado.

En algunos casos, las diferencias en los mismos gobiernos se dieron ante el desacuerdo de la estrategia para enfrentar al Covid-19.

Así, por ejemplo, en Chile renunció el Ministro de Salud, Jaime Mañalich. Aníbal Cruz en Bolivia, Elizabeth Hinostroza en Perú, Nelson Teich en Brasil.

En este último caso las diferencias entre el ministro de Salud y el Presidente fueron bastante notorias. Sabido es que el líder del país, Jair Bolsonaro, nunca tomó en serio la pandemia. Como Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, y Andrés Manuel López Obrador, de México, siempre rehusó portar cubrebocas.

Al inicio de la epidemia en México, la llegada del Covid-19 fue como algo incomprendido por los mexicanos. Se tenía la idea de que era uno más de los episodios con que ya varias veces había salido China. Por ello existen varios tipos de coronavirus.

Al paso de las semanas, hasta el gobierno mexicano se sorprendió, y poco a poco fue notando que la gravedad del nuevo coronavirus no era vacilada. Vaya, podemos afirmar que las propias autoridades de Salud, y como consecuencia el miso gobierno, se fueron por el desaire al virus que comenzaba a arrasar a Europa desde principios de febrero.

Una mentira que siempre ha ido afinando el doctor Hugo López-Gatell es que el gobierno mexicano tomó riendas en el asunto desde enero, incluso una vez dijo que desde diciembre.

Fue como a mediados de febrero que el nuevo virus los comenzó a inquietar, y tampoco tanto. Todavía en marzo, el Presidente López Obrador exhortaba a la gente a salir a la calle y abrazarse.

Por esos días todavía los mexicanos veían a las autoridades de Salud como los encargados de algo pasajero. Solo imagine usted el nivel de desaire a lo que hoy es un problema que está a punto de convertirse, como lo dijo el propio López-Gatell, en un “escenario catastrófico”, que el Presidente suspendió sus giras a los estados hasta finales de abril.

Y sí, al estilo Bolsonaro, el Jefe del Ejecutivo mexicano se sigue rehusando a utilizar el cubrebocas, ni siquiera porque el país ya no está en las cifras de casos y muertes de hace dos o tres meses.

En la conferencia matutina de este viernes, López Obrador, burlonamente para quienes piden que ponga el ejemplo, dijo que lo hará cuando desaparezca del país la corrupción. La verdad un chiste malo, solo producto de la inconciencia.

UNO PARA EL OTRO

Uno porque cree que es rey y el otro porque se siente príncipe, pero, más que todo, porque con la falsa justificación del demonio llamado neoliberalismo, que el pueblo sabio ni siquiera entiende, pretenden dar la imagen de salvadores, el Presidente Andrés Manuel López Obrador y Hugo López-Gatell son el uno para el otro.

La verdad es que López Obrador se mueve a tarjetazos de quien sea de sus colaboradores, solo basta que le sigan la corriente o que lo adulen para que él siga al pie de la letra las recomendaciones.

Pero la pandemia se fue apoderando del mundo cada vez con mayor énfasis y dolor, con muertos que, en el inicio, países como Italia contaban por miles y miles. De Europa, la emergencia se trasladó a América. Hoy Estados Unidos, Brasil y México sobresalen en el top 10 de los que más casos contabilizan.

Después de las tres famosas Fases, los mexicanos hoy no sabemos ni siquiera si el famoso semáforo epidemiológico es algo serio. Ya no hay fases, las curvas se volvieron locas (“sube, bajan; bajan, suben; vuelven a bajar, vuelven a subir”, dice López-Gatell), las mesetas se petrificaron.

El caso es que hasta este viernes, la República Mexicana contabiliza un escenario de terror (antes que el “catastrófico” que se avecina) con casi 47 mil muertos y casi 425 mil casos.

Ante ello, López-Gatell, que la verdad ha soportado mucho, ya no encuentra la puerta para justificar, irremediablemente, que él y su equipo solo están llevando la situación a fin de que el que menos salga afectado sea López Obrador y su 4T.

¿Cuál es la causa de que ahora exista una especie de incredulidad en lo que día tras día presentan? Que desde febrero anunciaron, pomposa y valientemente, cifras bajas de contagios y muertos.

Cuando se le ha preguntado por qué predijo de entre 6 mil y 8 mil muertos, si cuando vio el tsunami mortuorio que se formaba, lo cambió por 12 mil, 20 mil, 35 mil y hasta una cifra que ya sería “un escenario catastrófico” de 60 mil, ha rodeado el tema de explicaciones que en un contexto de ciencia y medicina, que contiene amalgamas de fórmulas y predicciones, que pueden salvar al más neófito o tendiente a pasarse de listo (iba a decir inepto).

Para no hacer el cuento más largo, en aproximadamente unos 20 días estaremos entrando al “escenario catastrófico” previsto por López-Gatell: 60 mil muertos, aunque hay predicciones que lo dejan atrás de instituciones internacionales que señalan hasta 85 mil.

LA INTRANQUILIDAD DE LÓPEZ-GATELL

Para el subsecretario de Salud sería magnífico que durante la conferencia vespertina, los reporteros solo aplaudieran sus cifras y no hicieran preguntas comprometedoras o llevaran los cuestionamientos que sus medios destacaron porque chocan con lo dicho anteriormente o con la posición de otras fuentes.

Pero López-Gatell también desearía que los gobiernos estatales cumplieran al pie de la letra lo que dictan sus gráficas y cifras.

Como el Presidente rehúsa utilizar el cubrebocas, él rehúsa a comprender que no solo son los ciudadanos, sino hasta los mandatarios estatales los que ven que en México no se pudo controlar la pandemia, que, tristemente, el saldo será el que la enfermedad dejará en un país en donde no se previó nada, en donde se ha insistido en que no habrá medidas de coerción porque se respeta la libertad.

Puede haber ideas vagas o incompletas, pero no tontas, cuando de la integridad de la gente se trata. ¿Por qué hacer obligatorio, incluso hasta con sanciones, el uso del cubrebocas puede ser considerado una afrenta contra los derechos humanos o las garantías individuales?

Solo el que piensa en besos y abrazos puede explicarlo.

Contrario a lo que afirma López Obrador muy seguido en sus “mañaneras” a la sociedad mexicana le falta mucho por aprender, si fuera sabia él no estaría en el poder, ni López-Gatell ya como encargado del Covid-19.

Pero con los gobernadores, que cumplen su misión de salvaguardar a sus gobernados, se ha topado.

Este viernes, las diferencias llegaron al límite. Un grupo de mandatarios estatales han exigido su renuncia. Eso se veía venir.

Apenas el jueves, se dio a conocer que el subsecretario amenazó a los gobernadores de caer en faltas que ameritarían sanciones hasta penales de no seguir como la Federación manda el uso del semáforo.

Las confrontaciones con los medios de comunicación y con los gobernadores han llegado al límite de que López-Gatell se siente víctima de “bullying”.

Los gobernadores que exigen que deje la coordinación son Martín Orozco, de Aguascalientes; Miguel Ángel Riquelme, de Coahuila; José Peralta, de Colima; José Rosas Aispuro, de Durango; Diego Sinhue, de Guanajuato; Enrique Alfaro, de Jalisco; Silvano Aureoles, de Michoacán; Jaime Rodríguez, de Nuevo León, y Francisco Javier García, de Tamaulipas.

Enrique Alfaro, de Jalisco; Silvano Aureoles, de Michoacán; Jaime Rodríguez, de Nuevo León, y Francisco Javier García, de Tamaulipas, entre los gobernadores que piden la renuncia de López-Gatell.

Sin embargo, en sus dos papeles, el bravucón y el que mete paz, en la conferencia vespertina sacó su ramo de flores.

“Estoy seguro que estos nueve Gobernadores tienen distintos sentimientos, como frustración, angustia, preocupación, ante la realidad, dado que las decisiones involucran el éxito o no éxito del manejo de la epidemia porque ellos son autoridades sanitarias”, expresó.

En un documento, los gobernadores señalaron que tuvieron que morir más de 35 mil personas para que López-Gatell aceptara, y a medias, su utilidad, lo cual ha generado confusión en la población”.

Aseguraron que se ha intentado trasladar la responsabilidad del manejo de la epidemia a los gobiernos estatales y municipales.

“Los Gobernadores de 40 millones de mexicanos y mexicanas demandamos al Gobierno federal la salida inmediata de Hugo López-Gatell, y que se ponga al frente a un experto en la materia, con conocimiento y humildad para entender en toda su dimensión los temas de esta crisis de salud tan grave como la que estamos atravesando”, señalaron.

Como el propio subsecretario lo ha dicho, todavía faltan meses de pandemia. Es decir, miles de muertos están por contabilizarse.

Él, sin embargo, continuará subiendo y bajando curvas. Excusándose por la improbabilidad que traen las pandemias.

Seguirá irritándose con preguntas incómodas, dando cátedras de periodismo, contradiciendo a los gobernadores.

Además de la Covid-19, de vez en cuando debiera abordar el tema de la cólera. O dormir algo más que las tres horas que afirma duerme por estar al pendiente de los mexicanos, aunque ya casi 50 mil se le hayan ido.

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