Lo bajan de las nubes

Un desencuentro entre Jaime Bonilla y el Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, hace que el Gobernador de Baja California enfurezca. ¿Qué ocurrió?..

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Jaime Bonilla salió hecho un demonio de la oficina del Secretario de Hacienda, Arturo Herrera

En la Cuarta Transformación también se cuecen habas, y si no que lo platique al Presidente el secretario de Hacienda, Arturo Herrera.

Veamos.

Hay una razón; en realidad un par de razones por las que Jaime Bonilla está seguro de que será gobernador de cinco y no sólo de los dos años para los que fue electo por los bajacalifornianos. Sólo me interesa una porque las cuestiones familiares no vienen al caso: Invirtió tanto en metálico como fue necesario para que Andrés Manuel López Obrador ganara en el norte del país.

A partir de eso, dice él, obtuvo la promesa de que la extensión de su mandato no tendría obstáculo.

Por esto, Bonilla aún no alcanza a entender por qué el Presidente pidió al secretario de Hacienda, Arturo Herrera, solamente que lo atendiera y no le ordenó resolver los graves problemas económicos de recibir una entidad con las finanzas quebradas.

Para alguien con sus méritos en campaña, el trato debe ser diferente, razona.

Con la recomendación presidencial en la bolsa y con esa sonrisa de triunfador de lado a lado de la cara que suele lucir constantemente, como el “Joker”, el entonces gobernador electo de Baja California se plantó en la oficina de Herrera, pero salió echando espuma por la boca. Su rabia era inocultable.

¿Qué ocurrió?

 

CERO AYUDA… NO HAY DINERO…

El “enano”, el “mensajero del Presidente”, como se refirió a Herrera durante su encuentro, se concretó a ser claridoso con él, a bajarlo de las nubes.

No habrá ayuda, le explicó el secretario de Hacienda, porque no hay dinero, pero sobre todo porque López Obrador no lo ha ordenado.

Arturo Herrera fue sincero; no hay instrucciones presidenciales para resolver problemas económicos de ningún estado

Es probable que Andrés Manuel no conozca los detalles del encuentro entre su secretario de Hacienda y el mandatario bajacaliforniano, pero hasta él estará de acuerdo en que por mucho que la Cuarta Transformación esté endeudada con Jaime Bonilla no hay razón para que, fuera de control, el gobernador recordara a Herrera su condición de mero empleado -mensajero-, le llamó, en tanto que él es superior porque fue electo, amén de que su argumento fundamental es que su deudor, el Presidente, le debe todo lo que por él hizo en el norte del país.

Herrera soportó, en principio, los improperios a gritos, incluso el calificativo insultante de “enano”, en referencia a su estatura, pero se sostuvo en su posición, que no es fruto de la molestia por la lluvia de adjetivos peyorativos que le enderezó su iracundo visitante, sino de su conocimiento cabal de la situación del erario federal.

De la manera más cortés que pudo, el secretario de Hacienda envió a Bonilla a Palenque, reiterándole con su cortés vocabulario olvidar la ayuda que exigía a gritos, negando haber recibido instrucciones de sacar al buey de la barranca y explicando que sus órdenes sólo fueron recibirlo, pero que estando las cosas en el nivel colocadas por el gobernador con su insolencia le convenía tocar otras puertas.

La situación de Bonilla es precaria. Si hemos de creerle, al tomar posesión como gobernador de Baja California se encontró con una deuda de 30 mil millones de pesos, equivalente a algo así como a mil millones de pesos por año, durante el periodo de 30 que los panistas gobernaron.

Quizás por eso sus prisas por hablar con el secretario de Hacienda y su enfado al encontrar que Herrera sólo recibió del Presidente la instrucción de atenderlo, pero no de resolverle problemas que debió conocer desde que hizo todo lo que estuvo a su alcance por forzar al Congreso local para ponerlo en condiciones de ser gobernador por cinco años.

 

‘TÚ NO ERES NADA’

El diálogo entre el titular de Hacienda y el gobernador de Baja California sirve, en principio, para ilustrar cómo estará el país en breve por falta de dinero.

Bonilla dijo traer problemas de deuda y de otra índole, pero la respuesta que encontró fue que el Presidente sólo ordenó que lo recibieran, no resolverle sus problemas.

No hay dinero, no hay, fueron las respuestas repetitivas del secretario de Hacienda.

El gobernador recurrió, entonces, a sus conocimientos sobre federalismo y le recordó que sólo es empleado del Presidente y que debe concretarse a cumplir órdenes.

Llegó al extremo de decirle que Andrés Manuel y él (Bonilla) son amigos y que tienen compromisos, muchos compromisos pendientes. “Tú no eres nada”, le decía reiteradamente y le recordaba su condición de mero mensajero, obligado a atender las instrucciones de su jefe.

El secretario Herrera le insistió en que no haría nada de lo que le estaba exigiendo y fue entonces que el soberbio bajacaliforniano se atrevió a insultarlo con las palabras que más duelen a un mexicano, es decir, con recordatorios familiares.

Una vez que lanzó el insulto, Bonilla abandonó la silla y le espetó a Herrera que no volvería a hablar con él, pues se trata, dijo por enésima ocasión, de un empleado y que él sólo hablaba con los de su nivel, el Presidente de la República.

Y se marchó azotando puertas.

¿Hasta dónde está enterado el Presidente del encuentro de Bonilla con el secretario de Hacienda y de sus revelaciones sobre el supuesto cuantioso gasto que realizó en la campaña de 2018 en el norte del país?

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, ¿en deuda con Bonilla por los gastos de éste para que el fundador de Morena ganara en el norte del país en 2018?

Habrá que esperar las instrucciones que reciba Herrera de su jefe; por lo pronto, el secretario de Hacienda buscó a sus homólogos norteamericanos para pedir informes sobre Bonilla porque, no olvidemos, el gobernador bajacaliforniano tiene ambas nacionalidades y vive en San Diego.

 

 

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