LeBarón, un apellido contra la insidia

La dura e intensa crítica al Gobierno Federal de parte de una familia adolorida tras la masacre de seis niños y tres mujeres

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El 4 de noviembre pasado, México se conmovió ante el ataque a tres familias de los LeBarón y Langford que viajaban en igual número de camionetas en el municipio de Bavispe, Sonora, en el que murieron seis niños, entre ellos dos gemelos de seis meses, y tres mujeres

Por mucho, el tema de la alta violencia es el punto rojo de la administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien recién cumplió su primer año en el cargo.

Por encima, incluso, de otro asunto que podría considerarse también prioritario, el del crecimiento económico, el de la incidencia delictiva no ha dado tregua, aun cuando, desde el arranque del actual sexenio, se prometió una estrategia más eficaz bajo la consigna de la no confrontación y el desarrollo social, mismo que, desde el propio gobierno, se tradujo en “abrazos; no balazos”.

La alta incidencia de inseguridad, focalizada en ciertas entidades, pero generalizada en casi toda la República, por los cárteles de la droga, ha sido transexenal desde el gobierno de Felipe Calderón, cuando se decidió sacar al Ejército a las calles para un combate frontal al crimen organizado.

En la estrategia ha fallado, pues, a la postura del gobierno, los grupos civiles armados sólo han respondido con más violencia.

Y la muestra más fehaciente, sin duda, es la cadena de hechos, tan graves como sangrientos, ocurridos en Culiacán, Sinaloa; Bavispe, Sonora, y Villa Unión, Coahuila.

Dos semanas antes del caso LeBarón, a México lo estremeció el ‘culiacanazo’, cuando el Cártel de Sinaloa puso en jaque a las autoridades mexicanas
La ‘batalla de Villa Unión’, en Coahuila, otro suceso que tiene que ver con la violencia provocada por cárteles de la droga

El fin de semana pasado, el fantasma de otro hecho del mismo tamaño aparecía, pero ahora en Michoacán, cuando un grupo armado atacó los municipios de Coalcomán y Chinicuila, cercanos a Tepalcatepec, zona de “autodefensas”. Ahí dispararon contra varias casas e incendiaron vehículos. No se reportaron muertos.

Tras los dos primeros acontecimientos, que se vaciaban contra la criticada estrategia de López Obrador, el 10 de noviembre, México encontró una medida mediática que podía quitarles contundencia; Evo Morales, hasta ese día Presidente de Bolivia, era obligado, por el Ejército de su país, a dimitir.

Entonces, el gobierno mexicano ofreció darle asilo político. Morales sólo tardó un día en decidir. El 11 de noviembre ya volaba, en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, rumbo a la Ciudad de México. Tras una serie de incidentes por los espacios aéreos internacionales llegó a su destino el 12 de ese mes. Los reflectores se volcaron sobre su figura, olvidando, momentáneamente, asuntos internos.

De los tres episodios violentos consecutivos (Culiacán, Bavispe y Villa Unión), uno era imposible de desaparecer, así como así, de la escena pública, el de la familia LeBarón masacrada en Bavispe.

Los que siempre han encabezado la defensa del clan, Julián y Adrián LeBarón, comenzaron una campaña, primero, para resolver el crimen en el que aparecían como víctimas indefensas seis menores y tres mujeres ultimados a mansalva, además de ocho heridos, varios de ellos de gravedad, y, luego, por la ola de violencia que no sólo viven familias de Chihuahua y Sonora, sino de todo el país.

Julián LeBarón es quien hoy encabeza el movimiento de su comunidad para esclarecer el crimen de seis niños y tres mujeres. Desde hace 10 años, cuando perdió a un hermano y otros familiares en hechos de violencia, se convirtió en activista social
Adrián LeBarón acompañó a Julián y otros miembros de la familia a su reunión, en Palacio Nacional, con el Presidente Andrés Manuel López Obrador. También es reconocido por su liderazgo

 

LA PRESIÓN TRUMP

La masacre de Bavispe tenía un elemento que ponía al Gobierno Federal mexicano contra la pared y sin el que la indiferencia pudo ser mayor que la que se palpó los primeros tres días después de la tragedia, antes de que del Presidente de la República hacia abajo tomaran conciencia de la gravedad del asunto: Los niños y las mujeres fallecidas tenían la nacionalidad estadounidense.

Entonces, la preocupación de las autoridades mexicanas fue doble. Cosa que después se triplicó cuando el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en virtud de que el Congreso de su país tenía ya en su poder, desde meses atrás, una iniciativa para catalogar a los cárteles mexicanos de la droga como narcoterroristas, aprovechó la pregunta durante una entrevista para decir que era un hecho que él los calificara de tal forma.

Donald Trump tiene planeado catalogar como narcoterroristas a los cárteles mexicanos

Otro frente, entonces, se abría entre México y Estados Unidos, además del de la migración y el tratado comercial.

El gobierno mexicano debía actuar, y pronto. Que Estados Unidos pusiera a los cárteles mexicanos de la droga en una lista negra, al nivel de Osama bin Laden y de grupos como Al Qaeda, Hamas o ISIS, era una seria advertencia, pues los operativos ante tales grupos son, por lo regular, sin misericordia y sin aviso, comprometiendo, como lo teme México, la soberanía de los países involucrados.

Había una salida, que México actuara contra los cárteles sin la faramalla de “besos y abrazos; no balazos”, porque, como lo dijo alguna vez George W. Bush “o están con nosotros o están contra nosotros”.

Los plazos seguían siendo importantes. Llegaba uno que favorecía a López Obrador, el primer aniversario de su gobierno. El festejo estaba preparado, para el 1 de diciembre, en el Zócalo de la Ciudad de México y en él daría su “cuarto informe” sobre el avance de la “Cuarta Transformación”. Nada debía opacarlo. Bueno, casi nada, porque apenas dos días antes, durante una conferencia en el Museo Memoria y Tolerancia de la Capital mexicana, el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa lanzaba una dura crítica contra el gobierno lopezobradorista diciendo que México corría el riesgo de volver a la “dictadura perfecta” si continuaban las propuestas populistas.

El mismo día del aniversario, el Gobierno Federal dio a conocer la detención de tres personas presuntamente involucradas en la masacre de Bavispe. La coincidencia era mucha. ¿Aniversario? ¿Detención?

No tardó mucho en dudarse de la veracidad de las pesquisas. Primero fueron los LeBarón quienes anunciaron que familiares de los detenidos, como otras personas, les habían comunicado que los aprehendidos nada tenían que ver con la masacre.

Horas después, los familiares de los arrestados realizaban una manifestación en el poblado de Janos, Chihuahua, sitio que, aseguran las autoridades, es de dominio de “La Línea”.

Los dirigentes del clan LeBarón aseguraron que “el espíritu de la sospecha, de lo presunto, es el enemigo mortal de la justicia”, pero que darían al Estado el beneficio de la duda.

Hasta el fin de semana pasado, el Gobierno Federal no daba una respuesta oficial a las dudas sobre los detenidos.

 

LA ESTRATEGIA, UN FRACASO

Uno de los principales miembros de la familia LeBarón es Julián, quien desde hace 10 años, después del crimen de un hermano y otros familiares, asumió el papel de activista social.

En las últimas dos semanas, Julián y Adrián, este último quien lo acompaña  a eventos masivos y ruedas de prensa, se han dedicado a exigir justicia y a explicar que la nueva estrategia de seguridad del Gobierno Federal es un fracaso.

“Cien mexicanos mueren de manera violenta al día, y mientras eso ocurra, ningún camino y lugar es seguro en este país”, afirma, contundente, en una entrevista para el periódico El Universal.

Julián recuerda las primeras presiones que vivió la comunidad mormona de LeBarón hace 10 años.

“Nunca”, dice, “tuvimos acceso a la justicia; con mi hermano llegaron 17 terroristas-sicarios; le quebraron todas sus ventanas; trataron de violar a mi cuñada; golpearon a mi hermano frente a sus niños chiquitos; se lo llevaron a él y a su cuñado; los hincaron y les dispararon, a quemarropa, cuatro veces a cada uno.

“Desde ese momento no ha habido nadie que haya enfrentado un debido proceso”, señala.

Asegura que a él lo han correteado los sicarios. “Me bajaron del auto; me rompieron una costilla; me apuntaron con su metralleta”. Agrega que se los topa seguido.

Cuenta que durante los hechos de Bavispe, un niño de ocho años recibió ocho disparos, pero sigue vivo.

Afirma que lo están atendiendo en Estados Unidos y, afortunadamente, está fuera de peligro.

Sobre la primera agresión a los LeBarón, que dio notoriedad a la comunidad, dice que ocurrió en 2009

En mayo de ese año fue secuestrado Eric LeBarón. Sus captores pidieron un millón de dólares por su libertad, pero lo dejaron libre sin cobrar nada.

Dos meses después, el 7 de julio, hombres armados asesinaron a Benjamín LeBarón, hermano de Eric. Lo ultimaron, en su casa, junto con su cuñado, Luis Whitman.

Julián LeBarón tuvo participaciones dentro del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, liderado por Javier Sicilia; después lo abandonó.

Participó también en grupos defensores de derechos humanos que exigían la liberación de José Manuel Mireles, líder de las “autodefensas” en Michoacán, cuando éste fue aprehendido.

Para quien hoy encabeza la búsqueda de justicia para los seis niños y tres mujeres LeBarón y Langford ultimados el 4 de noviembre, los funcionarios públicos se han quedado cortos ante la responsabilidad de proteger a la sociedad.

“Todos los funcionarios, de todos los niveles, viven del esfuerzo honesto de los mexicanos, y mientras todos cobran de un esfuerzo honesto… su representación no es real…”, afirma.

“No pueden decir que nos representan si no cumplen lo que prometieron, y lo primero es cuidar la vida”.

Julián afirma que si hoy viera que están agrediendo a sus familiares, “aunque hubiera todas las leyes del Universo agarraría un arma para defenderlas; en ese momento nadie necesita permiso de un imbécil que no está protegiendo para que puedas defender a tu familia”.

“La estrategia de seguridad ha sido un fracaso”, expresa. “No tengo mensaje para las autoridades porque han sido un fracaso”, señala en una entrevista para el periódico Reforma.

“Los números dicen lo que no necesita palabras para decirse”.

Descarta participar en política. “Me provoca náuseas”, dice.

Asegura que una cosa que le permite tener esperanza de que habrá justicia es que el gobierno de Estados Unidos, a través del FBI, está participando en las investigaciones sobre Bavispe.

 

‘ESTÁ MUY DIFÍCIL’: AMLO

El otro LeBarón activista es Adrián.

Casi un mes después de la tragedia, miembros de las familias LeBarón y Langford fueron recibidas, en Palacio Nacional, por el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Al concluir la reunión, él fue quien más informó. “Yo sí creo que el compromiso está, pero de mi parte me siento impotente”.

Adrián afirma que el mismo Presidente admitió que el caso “está muy difícil’, aunque no precisa si el de la familia o el de México, con respecto a la violencia.

“Estamos contentos de los avances de la investigación, pero sí está a medias y no nos vamos a meter; estamos contentos porque no nos dieron ‘atole con el dedo’.

“Estamos contentos, pero no podemos expresarlo; está peligroso para nosotros mismos”, dijo tras salir de Palacio Nacional.

Sobre los tres detenidos, informó que son originarios de Janos, Chihuahua, y que de confirmarse, los habitantes deben conocerlos.

“Janos es muy pequeño; hasta los chavos de secundaria saben quiénes son los sicarios locales, entonces, es imposible que el Gobierno del Estado no sepa que estas personas se pasean, en las comunidades, con armas de alto calibre para asesinar gente”, aseguró.

Cuando se le preguntó si ellos habían solicitado a Estados Unidos la intervención en México, además de negarlo, señaló algo más importante: “Ya lo han estado haciendo (la intervención)”.

“Nunca se consideró solicitar la intervención; ya lo han estado haciendo; la prensa lo malinterpreta; es asistencia técnica lo que se requiere”, respondió.

Tanto Adrián como Julián han sido duros con el Gobierno Federal. En un mes se han convertido en los líderes más notables que exigen una estrategia mejor definida contra el crimen organizado y la violencia que afecta a muchos mexicanos.

“No sólo que (el gobierno) nos presente a algunos sospechosos, sino que termine la investigación hasta saber quién y por qué ordenó el ataque”, exige Adrián.

“Así debería ser con cualquier asesinato en México. Eso es lo que cualquier Presidente nos debe garantizar”.

Pidió que el Gobierno Federal se comprometa a quitarle al crimen organizado el control de los municipios del país.

“Y que, en concreto, mande seguridad federal para tener una zona segura en Bavispe, para empezar”.

Dijo que ellos desean propositivos, pero que el gobierno y López Obrador asuman su responsabilidad.

Para Julián y Adrián, ante la tragedia de Bavispe, hay mucho que caminar. Esto, dan a entender, apenas empieza. Su labor la llevarán a otras partes donde sean escuchados, dentro y fuera de México.

Sin lugar a dudas, de los sucesos de violencia que se han acumulado en el último mes y medio, el de la familia LeBarón es el que más debe preocupar al Gobierno Mexicano. Claro, antes de que el mayor preocupado sea Estados Unidos.
Pero nada más sencillo que un cambio de estrategia. Dicen que rectificar también es de sabios.

 

William Barr, Procurador de EU, viajó a México, la semana pasada, para reunirse con López Obrador y otros funcionarios federales

[email protected]

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@RobertoCZga

 

 

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