Lealtad política sin estridencia

A diferencia de otros, agraciados con el empuje y triunfo de Andrés Manuel López Obrador, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, es, quizá, el único activo de la 4T que llega a los 10 meses de gestión sin arrebatos futuristas ni metiendo en problemas al Presidente

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Claudia Sheinbaum, un activo de la Cuarta Transformación y del Presidente López Obrador mostrando disciplina política

El peso de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en tiempos no muy lejanos era comparable, o quizá mayor, al de la Secretaría de Gobernación, considerada ésta, en su origen, como la base sólida del poder presidencial, no a la actual, desfondada.

En la era priísta, cuando el tricolor lo tenía todo, el entonces Regente o Jefe del Departamento del Distrito Federal fungía casi como el Vicepresidente de México. Su poder se medía en cuanto al tamaño poblacional del territorio gobernado, la solvencia geopolítica como Capital de la República y centro de operación de todas las secretarías y dependencias federales, especialmente la Sedena, Marina, Pemex, Hacienda y Seguridad Pública. Pero, esencialmente, por ser designado por el Jefe del Poder Ejecutivo.

Hoy, quizá la Capital mexicana vaya a prescindir de las sedes de la mayoría de las Secretarías federales, que serán trasladadas al interior del país, pero que no afectan ni el poder ni la capacidad del Gobierno de la Ciudad de México.

Durante la etapa panista de Gobierno Federal (2000-2012), la Capital ya había sido conquistada por la Izquierda, lo que produjo un antagonismo severo entre el hoy Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (entonces Jefe de Gobierno), y Vicente Fox (2000-2006), y Marcelo Ebrard (hoy Secretario de Relaciones Exteriores) y Felipe Calderón (2006-2012).

El choque de trenes era infranqueable, administrativa e ideológicamente.

Durante el último eslabón priísta en Los Pinos (hoy centro de esparcimiento popular), la disputa aminoró entre Enrique Peña Nieto y Miguel Mancera. Claro, no es lo mismo Izquierda frente a Derecha que Izquierda frente a Centro-Derecha.

A partir del 1 de julio de 2018, el color de la geopolítica mexicana tomó otro matiz; prácticamente desaparecieron los colores vivos (y vivaces), suplidos por uno inédito, que llegaba a desmantelar el pasado reciente bajo la consigna de cambio radical.

El paquete de la victoria, que sorprendió, por su expansión, a los propios victoriosos, incluyó el Congreso General, congresos locales, gubernaturas y, por supuesto, la Ciudad de México.

A la larga fila de gobernantes de Izquierda que en la Ciudad de México quitaron del camino al PRI desde 1997, con la llegada de Cuauhtémoc Cárdenas, electo ya por voto popular (el último Regente fue Óscar Espinosa Villarreal, designado directamente por el Presidente de la República), se suma el nombre de Claudia Sheinbaum.

Antes de ella, la Ciudad de México fue gobernada por Miguel Mancera, del PRD, partido que abrió brecha, desde 1989, a un gobierno de ideología distinta al menos en la Capital mexicana.

El tsunami lopezobradorista echó de la Capital al PRD, hoy, como el PRI y el PAN, reducido a casi nada.

Claudia, entonces, es heredera de una especie de encono entre el perredismo, diversificado en “tribus”, y el morenismo, visto en los hechos, durante la campaña por la Jefatura de Gobierno, los primeros seis meses de 2018, con boicots y ataques violentos a sus mítines políticos.

Uno de los puntos negros de la Izquierda en la Ciudad de México fue el revanchismo de Mancera ante su antecesor, Ebrard, quien debió desaparecer de la escena política por más de dos años ante la virulenta persecución atribuyéndole responsabilidad en irregularidades del Sistema de Transporte Metro, específicamente la Línea 12, suspendida temporalmente e inaugurada por él.

Miguel Mancera, antecesor de Sheinbaum, libró una fiera batalla con quien lo subió al poder, Marcelo Ebrard

Las diferencias entre ambos fueron exacerbadas, aseguran los analistas, por el intrigoso ambiente político y la pretensión de ambos de ser candidatos presidenciales para la contienda del 2018.

De julio de 2008 a enero de 2012, en plena administración de Ebrard, Mancera fue Procurador General de Justicia.

Esa marca de discrepancia política personalizada, de la que no escapa, a su interior, ningún partido, pero bastante arraigada en la Izquierda y la Derecha (PRD, Morena, PAN), ha provocado rompimientos importantes.

Antes de cumplir el primer año de gobierno, como nueva opción política, en algunos rumbos de Morena, las disputas futuristas ya empezaron.

 

LA DOCTORA Y EL CANDIDATO

En el 2000, cuando ganó la Jefatura de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador incluyó en su Gabinete a Claudia Sheinbaum para ocupar la Secretaría de Medio Ambiente.

Era el ingreso a la política de una experta en ciencia que posteriormente, en 2015, se convertiría en Jefa Delegacional de Tlalpan.

Desde entonces no pararía su colaboración política con el hoy Presidente de la República, tres veces candidato al cargo.

En el 2006 fue su vocera de campaña, pero no la  ganaron. En el 2012 fue incluida como posible encargada de los proyectos de Medio Ambiente de ganar la Presidencia, pero la perdieron ante Enrique Peña Nieto.

La mancuerna López Obrador-Sheinbaum estaba más que clara. Ya desde el 2017, Sheinbaum pintaba para candidata de Morena a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México con cierta bendición desde arriba, pero al lado, o enfrente, tenía a dos tigres dientes de sable, uno más que otro, Ricardo Monreal y Martí Batres, que pensaban en lo mismo.

Dos “camaradas”, por cierto, que acaban de protagonizar, apenas hace tres semanas, un agarrón por el poder en el Senado, pero que trae secuela desde la disputa por la candidatura por la Capital.

Y esos, precisamente, son los momentos que dan mérito a la actual Jefa de Gobierno, que, además de tener que pulir las protuberancias administrativas de su antecesor, ha sobrellevado, y hasta librado, las fuertes pruebas que las circunstancias sociales y naturales han puesto a su apenas incipiente gestión, siempre guardando la compostura y lealtad política sin aspavientos, a pesar del poder mediático del cargo.

Una de las pruebas sobre el escritorio tiene que ver con la Seguridad en la Ciudad de México, pero que para solvencia de su gobierno se ha ido resolviendo gradualmente gracias a las modificaciones en las estrategias e importante la llegada a la Policía de Investigación capitalina de Omar García Harfuch, quien, en la Fiscalía General de la República, cumplió un papel destacado como titular de la Agencia de Investigación Criminal.

Con apenas más de dos meses operando en la Ciudad de México, los resultados de García Harfuch ya son perceptibles, uno de ellos el avance en la investigación del ataque a dos israelíes en un restaurante de Plaza Artz Pedregal. Pero, como en su paso por la FGR, los asuntos resueltos comienzan a repetirse consecutivamente.

Omar García Harfuch, Jefe de la Policía de Investigación de la Ciudad de México, un refuerzo en el tema de Seguridad que ya ha dado resultados

Otros temas prioritarios para Sheinbaum son la cuestión ambiental, tema del que es experta; la situación vial; la infraestructura de drenaje pluvial o pendientes en la red del Metro.

Como al propio Presidente le ha ocurrido, y como ha ocurrido en otras administraciones, a veces no se tiene en el cargo al funcionario ideal, aunque de ello, la Jefa de Gobierno ya ha tomado nota.

Mientras otros miembros de Morena, en el Senado o en la Cámara de Diputados (Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado protagonizaron en la Cámara Baja un episodio parecido al de Batres y Monreal), y hasta al interior del propio partido, han comenzado, tempranamente, a mover el ajedrez con vista al 2024, o la renovación de la dirigencia nacional, Sheinbaum es, quizá, el único activo de la 4T que llega a los 10 meses de gestión sin arrebatos futuristas ni metiendo en problemas al Presidente.

Martí Batres, Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado, una que otra piedrita en los zapatos del Presidente

La Jefa de Gobierno, la primera mujer electa por votación para el cargo en la Ciudad de México, hace bien en mantenerse al margen de protagonismos o reyertas.

Sheinbaum dará este 17 de septiembre, ante el Congreso capitalino, su Primer Informe de Gobierno. Será un corte de caja al que llega con algo más del 50 por ciento de aprobación, de acuerdo a algunas encuestas, pero subiendo.

En la política, la mejor carrera la hace el trabajo. A veces con cierta suerte no implorada, o con personal empeño, como el buen momento de Marcelo Ebrard. O el atribulado panorama que también enfrenta, de la mejor manera, Alfonso Durazo. El desconcierto que debe invadir a la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. Lo buenos números, aunque cuestionados, pero defendidos de buen ánimo por Arturo Herrera en la cartera de Hacienda.

Marcelo Ebrard. Un buen representante de López Obrador en la política exterior

O la espada desenvainada de Yeidckol Polevnsky desde el partido con la que critica a las, dice, “sabandijas” que han infiltrado a Morena.

Yeidckol Polevnsky, presidenta nacional de Morena, cuida sus feudos, pero la morena quiere más

Del quién es quién hablará el tiempo. Por eso, la estridencia, por ahora, sale sobrando.

Por cierto, sólo como lúdica anécdota, si algo faltaba para cerrar el círculo de una cercanía de años con López Obrador, con disciplina política de por medio, a Claudia también le han gustado los tsurus.

 

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@RobertoCZga

 

 

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