Las maldades de Trump a México… y viene el 2020

El año que inicia dentro de un mes es crucial para los dos países. Por un lado, Andrés Manuel López Obrador debe consolidar la ‘Cuarta Transformación’, avizorar una mejor economía y convencer a más de la mitad de los mexicanos

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Donald Trump, Presidente de EU. A partir de enero inicia su cuenta regresiva hacia su reelección; ¿querrá volver a México ahora con su ‘amigo’ López Obrador en la Presidencia?

Todo el 2016, México fue, para Donald Trump, una especie de “punching bag”.

En agosto de ese año visitó México y se reunió con el entonces Presidente Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional.

La visita ocurrió en medio de una ya creciente ola de amenazas del entonces candidato republicano, pero principalmente hacia la construcción del muro fronterizo que, advertía, México debía pagar.

Faltaban dos meses para las elecciones estadounidenses y la única persona que parecía que podía frenar las bravuconadas de un candidato que estaba segurísimo de ganar el proceso en su país era su contrincante, la demócrata Hilary Clinton, que había rechazado la invitación, también de visitar México, de Peña Nieto.

La campaña de Trump estaba en pleno apogeo y requería ganar la atención del electorado de su país. Rusia, China o Corea del Norte estaban demasiado lejos. La migración a su país era un tema fresco, a la mano y disponible.

Los mexicanos, entonces, eran la carne de cañón ideal.

Desde entonces, Trump juró endurecer a México varios temas, comenzando con el muro (del que, dijo, el costo para nuestro país era de entre 5 y 10 mil millones de dólares); el de su política migratoria, en el que hablaba de deportaciones masivas, se lo guardó un poco y ya lo está cumpliendo al pie de la letra desde el primer semestre de este año. Nos reservó el tema del tratado comercial.

En junio de 2015, cuando apenas se perfilaba como candidato, Trump dijo sobre la migración, a su país, que pasa por nuestro territorio: “Cuando México envía su gente no están enviando lo mejor… Ellos están enviando a gente con un montón de problemas, y ellos nos traen esos problemas”.

“Están trayendo drogas. Están trayendo crimen. Son violadores…”.

Tanto la migración como el tratado comercial son asuntos que tocaron enfrentar a Andrés Manuel López Obrador. Los dos han estado presentes en su primer año de gobierno, este 2019. Pero para Trump no son nuevos; lo advirtió desde que Peña Nieto era Presidente, y se los guardó al actual gobierno.

Con ellos, Trump tiene municiones para torpedear a nuestro país durante el 2020, el año toral en la elección presidencial en la que él se juega su reelección.

En una carta a The Washington Post, enviada también en el 2016, Trump afirmaba que cumpliría todas sus propuestas contra México.

Algo que enardecía a Trump era que Peña Nieto respondiera que México no pagaría por el muro bajo ninguna circunstancia.

Esa posición mexicana, López Obrador la criticaba, calificándola de “débil”; juraba que él tenía las respuestas correctas para un Presidente como Trump.

Lejos estábamos de ver al verdadero López Obrador rogando por la buena vecindad, el “amor y paz”, el diálogo.

Pero Trump insistía. Habló de condicionar el flujo de remesas de miles de millones de pesos que México recibe anualmente de sus ciudadanos que trabajan en Estados Unidos.

Advirtió que contemplaba imponer aranceles comerciales y cancelar visas a turistas o empresarios, pues, señalaba, “la inmigración es un privilegio; no un derecho”.

Cuando mencionó el tratado comercial (TLC) dijo que pediría a empresas estadounidenses con plantas en México, muchas de ellas manufactureras, regresar a la Unión Americana, ofreciéndoles bajos impuestos y otros tipos de ayuda.

Aseguró que Estados Unidos había perdido más de 7 millones de empleos, desde 1979, por esta causa.

Lo logró; muchas abandonaron México.

Hoy es probable que Trump aguante que pase el periodo navideño para volver a presionar a México con un tema que, por lo pronto, ya lanzó al ruedo, el de catalogar como “narcoterroristas” a los cárteles mexicanos de las drogas.

Un tema que pondrá en aprietos a López Obrador si no logra desactivarlo.

Vienen, pues, intensos meses del 2020. Andrés Manuel quiere consolidar lo que en el 2019 se quedó en el aire, que no es poca cosa, mientras que Donald busca, efervescentemente, volver a ser Presidente.

Para López Obrador no hay plazo fatal; para Trump, el 3 de noviembre.

 

AMLO CEDE

A pesar de que antes de llegar a la Presidencia de la República criticó la actitud de su antecesor, Enrique Peña Nieto, y hasta llegó a decir que con él “ni México ni su pueblo va a ser piñata de ningún gobierno extranjero”, ya como titular del Ejecutivo mexicano, Andrés Manuel López Obrador ha extendido su política de “abrazos” hasta Donald Trump, a quien no toca ni con el pétalo de una rosa.

Por el contrario, en uno de los temas más difíciles, como es el de la migración que cruza por México para llegar a la frontera estadounidense, López Obrador ha facilitado todas medidas a Estados Unidos.

Con las caravanas de migrantes centroamericanos que iniciaron su recorrido en este 2019, Trump reinició su andanada contra México. Duele decirlo, pero López Obrador cedió a todo

Un asunto que tuvo, incluso, que desviarse fue el del uso de la Guardia Nacional, que se aceleró para combatir el crimen organizado, pero 25 mil de sus efectivos fueron trasladados a la frontera sur, al cruce del estado de Chiapas con Guatemala, y a la frontera norte, principalmente a los pasos de Ciudad Juárez, Chihuahua, y Tijuana, Baja California, para contener a los migrantes centroamericanos que logran llegar hasta esos puntos.

Una labor, para la Guardia Nacional, que no está muy alejada de lo que hacen algunos de sus agentes ante la alta inseguridad y la violencia, pues el Presidente, a pesar de hechos como el de Culiacán el  17 de octubre, en el que el Ejército fue exhibido por el Cártel de Sinaloa, y el del ataque a la familia LeBarón, en Bavispe, Sonora, el 4 de noviembre, en el que murieron seis niños y tres mujeres, mantiene su conocida estrategia de “besos y abrazos, no balazos”, contra el crimen organizado.

Aquel 1 de abril de 2018, en Ciudad Juárez, ante el monumento de Benito Juárez, donde daba arranque a su campaña presidencial, en el último año de gobierno de Peña Nieto, López Obrador decía que “la blanda respuesta (hacia Estados Unidos) quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor”.

Y agregaba: “No es con muros ni con el uso de la fuerza con que se resuelven los problemas sociales y los asuntos de seguridad; esos se resuelven con desarrollo y bienestar”.

Es de resaltar que, a la fecha, las más veladas amenazas de Trump, como imponer aranceles a todos los productos mexicanos que se comercializan en Estados Unidos si no se atendía el asunto de las caravanas de migración, que aumentaron a principios de 2019, López Obrador las ha capoteado enviando su más ágil escudero, Marcelo Ebrard.

Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores. El mejor escudero de López Obrador para asuntos que tienen que ver con Estados Unidos

Durante todo un año nunca se ha sabido que el Presidente de México reproche algo a su homólogo estadounidense. Las llamadas telefónicas que se han revelado han sido para saludarse o para enterarse, sobre todo el mandatario estadounidense, de algún tema que le provoque alguna molestia o preocupe a su territorio.

Por lo demás, López Obrador siempre le ha dicho que con él ninguna confrontación.

Eso ocurre ahora con la más reciente advertencia del Presidente norteamericano de catalogar como “narcoterrorismo” las acciones de los cárteles mexicanos, sobre todo después de la masacre a niños y mujeres de la familia LeBarón, cuyos miembros poseen la nacionalidad estadounidense.

A raíz del ataque a la familia LeBarón, cuyos miembros poseen la ciudadanía estadounidense, en Bavispe, Sonora, Trump ha dicho que considerará ‘terroristas’ a los narcotraficantes mexicanos

En el arranque de su primera campaña, Trump llegó a decir que los mexicanos “no son nuestros amigos; créanme”.

Y cuando se ha referido a que “nos envían droga” o “traen crimen con ellos” se refiere a los grupos delictivos que trafican droga. A los que hoy tiene en capilla bajo la advertencia de realizar operativos contra ellos si llega a aprobarse su medida de clasificarlos como “narcoterroristas”.

En marzo de 2016, “Peña Nieto comparó a Trump con Hitler y Mussolini por sus comentarios, que consideró estridentes y populistas”.

Enrique Peña Nieto, antecesor de López Obrador. Casi a finales de su gobierno criticó las medidas de Trump hacia México

Quizá por eso, en una mención a México durante su respuesta a si consideraría “narcoterroristas” a los miembros de los cárteles, afirmó que López Obrador, aunque con un perfil socialista, le caía mejor que su antecesor (Peña Nieto).

En aquel 2016, a Trump, su visita a México implicaba riesgos, “pero ofrecía la imagen de un negociador astuto capaz de hacer lo inesperado, encontrarse con alguien a quien percibe como enemigo para hacer avanzar su agenda”.

Este 2020, el espectro electoral se repetirá en Estados Unidos. Ante ello, la pregunta salta en automático: ¿Querrá Trump volver a viajar a México? Quizá su “amigo” López Obrador no tenga inconveniente.

Y quizá hasta lo haga en el papel del buen Presidente que allá por junio nos esté ayudando a lograr la pacificación del país.

Porque aunque López Obrador jure que “cooperación sí; intervencionismo y confrontación no”, sabemos que, como pasó con el tratado comercial y la migración, a Estados Unidos lo que pida.

Son las reglas del 2020, y parece que Trump las impone.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

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