La lección que nos deja Alan García

Como el indio, fue víctima del que lo hizo compadre de la política

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El suicidio del ex presidente de Perú Alan García, en el momento en el que iba a ser aprehendido por la autoridad judicial, genera toda clase de conjeturas. Ninguna puede separarse de la causalidad política que resulta obvia tratándose de un personaje que se desenvolvió en esa arena: Alan García tuvo popularidad al grado de que habiendo tenido un desempeño de regular a malo en su primer periodo, logró su reelección gracias a la pobreza de otras opciones y a que sembró una nueva esperanza en sus electores. Lo de que “nunca segundas partes fueron buenas” resultó más que cierto porque su segundo periodo resultó catastrófico. La corrupción se extendió como una epidemia y él se contagió con Odebrecht el virus continental que lo atrapó. Su carta de despedida es ambigua y aunque, enfoca hacia un escarmiento para sus acusadores a quienes ofrece su cadáver, no resulta lógico hacerlo sólo para provocar remordimiento dado que hay un tácito reconocimiento de una culpa de origen.
Lo cierto es que Alan no tuvo toda la culpa. Como el indio, fue víctima del que lo hizo compadre de la política. ¿Será ese el destino de todos los políticos que pierden el rumbo o de los que ya extraviados van con toda premeditación? Para estos últimos, el desahogo será el que no sientan el vacío de ser los únicos solos en la vileza de enriquecerse con el dinero que le dan y necesitan los ciudadanos sobre todo los más abandonados. La gran incógnita sería por qué es tan débil la resistencia a ese vicio maldito de tomar lo ajeno cuando se te ha confiado para usarlo en bien de todos. El británico Lord Acton en tiempos de Churchill lo expresó diciendo que: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Un prestigioso político mexicano Adolfo Christlieb hablaba de la concupiscencia de la riqueza pública en el sagrado ejercicio del deber público.
La Congregación Cristiana de los Testigos de Jehová se contestan al interpretar cómo sería el Reino de Dios al gobernar la tierra afirmando: “El Reino no permitirá que ningún político de este mundo forme parte de su gobierno. Los líderes políticos mundiales intentarán conservar su poder y se atreverán a desafiar al Reino de Dios. El Reino de
Dios tendrá que destruir a los gobiernos porque querrán conservar su poder (a este último conflicto mundial La Biblia lo llama Armagedón). Quienes decidan ser súbditos del Reino de Dios sobrevivirán al Armagedón y vivirán en un pacífico nuevo mundo. La Biblia dice que formarán una “gran muchedumbre” probablemente compuesta por millones de personas.
La doctrina social de la Iglesia Católica impone un agravante a los llamados pecados sociales para destacar una mayor injusticia por el más amplio efecto que provoca quien lucra y se sacia con dineros públicos cayendo en lo que al fin es la conducta del que estafa, engaña y se aprovecha de la pobreza de una viuda y sus vástagos. Así también teológicamente, debe sostenerse que el pecado de robo obliga a la restitución por lo que es obvio el saber que pese a la misericordia de Dios este pecado no podrá ser perdonado sin resarcir a las víctimas.
Lo cierto es que puede ser que en el fondo Alan García haya querido pagar con su propia vida lo que es impagable que es el daño moral y material que se ocasiona a un pueblo con el acto de la apropiación del patrimonio público en la función encomendada precisamente para lo contrario. Tal sería una conclusión válida y susceptible de ser replicada por quienes han acumulado fortunas por esa vía a no ser porque también es de teología elemental que Dios no se sobrepone a la libertad humana si ésta no se doblega al bien que él quiere y en el caso de Perú, éste pedimento se ha hecho socialmente cuando un pueblo se resolvió a acabar con su fatalismo e impotencia creando un poder judicial capaz de exigir la liberación de los corruptos a través de la más recta, valiente y patriótica administración de justicia.
En el Perú los ex mandatarios Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Kuczynski y Alan García, están siendo procesados sin contemplaciones bajo el principio de que en una república todos los ciudadanos son iguales. El Poder Judicial ha resurgido como la respuesta democrática de un pueblo agraviado para hacer valer la suprema ley que el mismo pueblo se ha dado para convivir en la justicia y en la paz. Ni el Ejecutivo, ni el Legislativo han cumplido su alta función y la hora del Reino de Dios se va imponiendo en la Tierra para acabar con la peor lacra que asfixia a la humanidad que es la de la deshonestidad y corrupción de quienes al llegar al cargo público optan por traicionar al pueblo y exprimirlo hasta la más humillante pobreza.
Ni el neoliberalismo, ni el conservadurismo ni el fifismo son los responsables. Es la libertad humana atrapada en el hedonismo y la falsa puerta del capital acumulado para preservar el poder. Fox le echaba la culpa a las víboras prietas y tepocatas que al fin quedaron vivas y fueron escuela para que en los sexenios se multiplicaran y dejaran un país arruinado.

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