La injusta jubilación en México

Que la vejez nos alcance no es el problema; pensiones de lujo afrenta para un México que ya no debe transitar por la desigualdad

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Para un numeroso contingente de personal que se encuentra en vías de promover su “jubilación” o “pensión”, estatus que se persigue después de una vida larga de entrega laboral, se está convirtiendo en un suplicio para todos aquellos que se encuentran en el sistema de pensiones de “cuentas individuales”, cada vez que reciben su estado de cálculo cuatrimestral que resume su comportamiento de inversión, independientemente de su Administradora de Fondos para el Retiro (Afore).

Este evento nada agradable, se viene presentando desde hace más de cuatro años, en consecuencia, a la fuerte volatilidad de los mercados financieros donde se invierten estos recursos, los cuales no se circunscriben exclusivamente a nivel nacional, sino también en el ámbito internacional, produciendo pérdidas en sus montos de ahorro, en lugar de una estabilidad de ganancias sistemáticas en ascenso que todos esperan.

Esta protección de seguridad social para la vejez, resguardo de la vida en la que se deberían cosechar el fruto de un periodo en el que se dejó vitalidad, talento, pero sobre todo tiempo.

Periodos en los que se fue minando la salud, parece que no ha sido la fórmula adecuada para aspirar a esa justa recompensa.

Una muestra de este desencanto se identifica desde el mes de mayo de 2013, cuando la fuerte volatilidad de los mercados financieros en México y el extranjero, provocaron pérdidas por 80 mil 492 millones de pesos en los fondos para el retiro de los trabajadores mexicanos.

Estos personajes, cada que analizan su estado de cuenta y hacen proyecciones para construir un futuro sin sobresaltos económicos, observan con desencanto y frustración el comportamiento errático de la manera como se invierte su patrimonio, que no responde a las expectativas de ganancias esperadas, y en algunas ocasiones se han convertido en pérdidas dolorosas e incomprensibles por las llamadas minusvalías.

Capital con el que pretenden asegurar la etapa de la vida en la que cualquier actor con el paso del tiempo, llega más vulnerable para enfrentar la vida.

Esta frustrada garantía de sumar más que restar, les está produciendo enojo, ira, pero sobre todo un desconsuelo de angustia, por la impotencia de tener que recomponer un escenario al que se aspiró y fue planeado con mucho tiempo de antelación, como una quimera que se traduciría en estabilidad y bienestar, que en estos tiempos está muy lejos de construirse con los montos que se disponen.

Estos ahorradores están expuestos a la volatilidad de su inversión, que en forma si no continua cuando se presenta, genera pérdidas significativas.

Quebranto económico que no acaban por comprender, pero que aceptan poco a poco con aflicción, produciéndoles escenarios de recomposición en sus planes de retiro, que distan de la época de una vejez que con ilusión construyeron dentro de una línea de bienestar que siempre anhelaron, porque el monto con que disponen no alcanzará ni para una medianía de lo que pretendieron percibir.

 

EL CONTRASTE

Mientras la población bajo el régimen de cuentas individuales reestructura sus propósitos de vejez para sobrevivir con su pensión, los medios de comunicación detonan los irascibles y estrafalarios montos de pensión que son otorgados principalmente en los Organismo y Entidades del Gobierno Federal, que solamente reflejan una brecha de desigualdad e inequidad en un México que no se ha podido sacudir los privilegios, canonjías y abusos indiscriminados en el manejo de los recursos públicos.

Prebendas que ya no deben ser toleradas ni permitidas, aunque se escuden en que son derechos laborales obtenidos en su larga lucha sindical, y por consiguiente irrenunciables a su percepción.

Porque mientras muchos mexicanos cercanos o gozando esta seguridad social, no disponen o es insuficiente su monto de pensión por alcanzar o que perciben.

En contraste con este deterioro de justicia elemental, el informe de la Cuenta Pública del 2013 emitido por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), es un fiel reflejo de esta discrepancia, ya que desde ese tiempo se percibe un desequilibrio agravante, cuando destacó que los montos otorgados por concepto de pensión mensual oscilan entre mil 800 pesos y 285 mil pesos, donde el menor de ellos lo da el Instituto del Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores (Infonacot) y el máximo lo recibe un ex trabajador de la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC).

En este país de diferencias y  desigualdad lacerante, además de los ex presidente de México que perciben una pensión por arriba de los 200 mil pesos, el Órgano Fiscalizador detectó el otorgamiento de pensiones mensuales intolerables en LyFC con 285 mil pesos, Comisión Federal de Electricidad (CFE) con 256 mil pesos, Financiera Rural con 252 mil pesos, Banco de Comercio Exterior (Bancomext) con 247 mil pesos, Petróleos Mexicanos (Pemex) con 242 mil pesos y el Banco de México (Banxico) con 232 mil pesos, todas bajo el amparo del régimen de beneficio definido en el ámbito gubernamental.

 

ADMINISTRACIÓN DE LA ‘ABUNDANCIA’

Como alguna vez lo señalara el político guerrerense José Francisco Ruiz Massieu: “Para repartir la riqueza, primero hay que crearla”.

Y la administración de la “abundancia”, que ahora se analiza como absurda, donde José López Portillo despotricó que deberíamos prepararnos para administrarla, sólo ha beneficiado a un sector privilegiado.

Estas prestaciones de lujo y desproporcionadas para un sector gubernamental que transita por la austeridad, parecen intocables en su regulación para algunos componentes selectos de la burocracia, a los cuales algunos expertos en la materia los llaman como los más favorecidos del mundo.

Calificativo que produce ofensas, para un país que se desenvuelve en la pobreza para cerca del 50 por ciento de su población, con un complemento de habitantes que apenas cumplen sus más elementes satisfactores para generar una vida digna.

Bajo este esquema de prebendas inaceptables en estos tiempos, un grupo integrado por 14 ex funcionarios de Petróleos Mexicanos (Pemex) perciben más de 2 millones de pesos al año por concepto de pensiones, donde además tiene prestaciones de excepción con más de 3 mil pesos quincenales para gasolina y apoyos para gas natural y canasta básica, con aguinaldo que gozan de 400 mil pesos, superando el salario de ingreso bruto anual de los senadores de la República.

Lo lamentable de esta repartición de la riqueza, que también debería de ser acompañada con la repartición de las carencias que actualmente se padecen, es que estos personajes predilectos, nunca aportaron para el fondo de pensiones que hoy abundantemente perciben.

 

NUESTRO SISTEMA

Beneficios que contrastan con los establecidos institucionalmente, ya que para jubilarse en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), se debe actualmente cubrir una edad de retiro de 65 años, cuando en Pemex se acredita con sólo 55 años.

Mientras que en los organismos de seguridad social la pensión depende de los años laborados, en Pemex es de 100%, y se incrementa en razón del salario mínimo o inflación según sea el caso.

Bajo este rubro, no hay pensiones con estas garantías en ninguna parte del mundo, ejemplo de esta disparidad se identifica geopolíticamente en Grecia, que otorgaba el 98 por ciento del último sueldo, con las consecuencias conocidas de su quiebra financiera de la que todavía no se reponen, no obstante que reestructuraron severamente sus pensiones.

Por otra parte, un referente del cual formamos parte como miembro participante, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), tiene un promedio en pensiones del 57 por ciento de su último salario.

Este mismo Organismo señala que, una pensión adecuada debería equivaler al 70 por ciento del último sueldo, y las aportaciones obligatorias deberían oscilar en un mínimo entre el 12 y 18 por ciento de su salario.

Desventaja en que se encuentra nuestro país en su aplicación, ya que  el porcentaje del ahorro para el futuro está ligado al salario mínimo desde 1997, en el cual de manera obligatoria por Ley  el trabajador aporta 1.125 por ciento de su salario; su empleador 5.150 por ciento del sueldo del empleado  y el Estado da otro 0.225 por ciento, que en conjunto acumulan el 6.5 por ciento del ahorro mensual del trabajador para una cuenta personal, que son manejadas por las famosas Administradora de Fondos para el Retiro (Afores).

Con este esquema de operación, la OCDE y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), han alertado constantemente que, el sistema de pensiones mexicano no será suficiente para dar a las personas un ingreso que les garantice una vida digna, ya que sólo una de cada cuatro personas mayores de 65 años recibiría una pensión y que, menos de la mitad de los trabajadores podría alcanzar una pensión de un margen de entre el 20 y 40 por ciento de sus actuales salarios.

México es un país que en los próximos 13 años envejecerá de manera drástica: la población joven se irá reduciendo paulatinamente 8 por ciento, y la adulta y adulta mayor 25 y 177 por ciento cada una, refieren datos del Consejo Nacional de Población (Conapo) y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

El problema no es que la vejez nos alcance, sino que no habrá forma en que el Estado pueda resguardar a los millones de futuros ancianos que no pudieron prevenir su retiro laboral, donde muchos jóvenes y adultos no ahorran, y no necesariamente por decisión propia, sino porque no existen las condiciones económicas adecuadas o la cultura para ello.

 

FUTURO INCIERTO

Al gobierno en turno y los venideros, le corresponderá garantizar una pensión mínima, que deberá ser equitativa y justa, lejos de las canonjías concedidas al corporativismo político que supo sacar provecho para sus agremiados, con excesivas prebendas que hoy es inconcebible tolerar y menos financiar a costa de todos los mexicanos contribuyentes.

Enmiendas que se deben operar, aun con los costos políticos que se escenifiquen, de otra manera, tolerar este régimen inequitativo hasta que concluya esa generación de privilegio, significará sufragar prerrogativas de unos cuantos a costa de la mayoría.

Una colectividad que financia a través del Estado, que no le alcanza para conformar una prestación legítima que se enmarque dentro de la línea de bienestar a que tienen derecho, donde adicionalmente se tiene que abrazar con benevolencia a los individuos de bajo ingreso que no pudieron cubrir esta prestación, y los más desprotegidos que no tuvieron acceso u oportunidad de formar su fondo de pensión, éste será el reto para un Estado con vocación social.

Porque el compromiso político, económico y social que enfrentará el próximo gobernante, es delimitar los privilegios y extender la protección para toda la población sujeta a esta protección, porque en el México de hoy, no deberán existir mexicanos de primera y de segunda.

Siendo inevitable un ajuste gradual, pero impostergable, de una prestación que sólo beneficia sustancialmente a una elite, cuando varios sectores contribuyen en su conformación, y estos últimos reciben un mínimo de beneficios.

Toma de decisión inaplazable, porque de otra manera el problema de las pensiones terminará por distorsionar el presupuesto gubernamental, por lo que se requiere una reforma a fondo al sistema de pensiones que evite una catástrofe humana y financiera del país.

El pago de pensiones cada vez crece y absorbe una mayor cantidad del presupuesto de Egresos de la Federación, y de no hacer los cambios necesarios en el sistema, en cuatro años este pago ascenderá a 1 billón de pesos, lo que significará que todo lo que se recauda por Impuesto sobre la Renta (ISR) se destinará al pago de pensiones y jubilaciones. El costo para el 2017 será de 720,128 millones de pesos.

Porque la jubilación es cuando dejas de vivir para trabajar y comienzas a trabajar para vivir.

Porque como lo señalara el poeta francés Michel Houellebecq: “Dios quiso desigualdad, pero no injusticia”, y esas pensiones de lujo no solamente son una injusticia, sino una afrenta, para un México que ya no debe transitar por la desigualdad.

 

 

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