La historia se repite 2000-2017

Irreversible daño mortal que se ha hecho a México durante los últimos 17 años

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Porfirio Díaz utilizó todos los recursos ilegales, empezando por el dinero público, para fabricar un triunfo

Cuando en 1910 Francisco I. Madero levantó a la nación entera bajo la bandera de sufragio efectivo-no reelección, no estaba, como muchos lo han interpretado, llamando sólo a votar ocasionalmente, por otra opción contraria a la continuidad de la farsa electoral del porfirismo. ¡No! su llamado era más profundo: Del lema inicial: “sufragio libre”, se llegó al de “sufragio efectivo” para resumir no sólo al sufragio libre en cuanto a la voluntad del elector, sino a la efectividad, es decir desatarlo también de la distorsión o subterfugio utilizado para burlar el voto o inducirlo hasta con la compra. La propuesta que cautivó al pueblo se ensayó en las primeras elecciones de 1911, donde el régimen de Porfirio Díaz utilizó todos los recursos ilegales, empezando por el dinero público, para fabricar un triunfo sobre Madero.

Por ello se inicia una gran Revolución que va a costar a México más de un millón de muertos. Así, se puso de manifiesto que el pueblo había entendido que “el sufragio efectivo” no era sólo un slogan de campaña, sino que entrañaba una condición sin la cual, no se podían llevar a cabo los cambios profundos hacia una verdadera democracia en lo social, en lo económico, en lo legal, en lo cultural. La falta de respeto al sufragio efectivo llevó a país a buscar por otra vía, la guerra civil, lo que hubiera ocurrido pacíficamente mediante un proceso civilizado que condujera a la nación hacia un progreso justo y generalizado.

De ahí en adelante, desde el asesinato no sólo de Madero, sino de Carranza como presidentes legítimos, la lucha por recuperar ese camino ha sido tortuosa. Alguna vez en ese trance se logró que, si bien los procesos electorales eran turbios, la legitimación en ejercicio podía suplir las deficiencias. Fue, el caso del General Lázaro Cárdenas que rescató los postulados sociales de la Revolución y logró darle tal respaldo a su gestión que le alcanzó para expropiar el petróleo y la minería al extremo de mantener a raya a las potencias de los dueños de las petroleras. No obstante, ésta fue la excepción.

El sistema electoral fue degenerando tanto que ya ni de origen, ni de ejercicio, se mantenía la constitucionalidad del cargo llegándose, como hoy, a gobernar contra los intereses constitucionales de la nación en materia de soberanía frente a otros países y todavía más alejado de un mínimo de apego a los principios de justicia social que inspiraron el documento de 1917 que todavía nos rige. El abandono del requisito de la legitimidad de origen, se ha ampliado a una franca subversión del régimen de derecho, entregándose las decisiones nacionales a la discreción e intereses de grupos que cooptan a los partidos para, a su vez, someter al Congreso mismo a regresiones anticonstitucionales que comprometen seriamente el futuro de todos.

En el año 2000, se nos quiso dar atole con el dedo para la credibilidad electoral. El IFE (ahora INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cubrieron la apariencia del brinco para superar el fatídico pasado de la autoridad electoral en manos de la Secretaría de Gobernación. El candidato de la oposición (todavía así se nombraba al PAN) resultaba adecuado. Su verborrea cautivó ingenuos que ciertamente votaron por él. El gobierno de Zedillo aceptó la derrota a sabiendas de que no cambiaría un ápice la política económica neoliberal y que cumpliría con las apariencias democráticas. No obstante, lo que no previeron era que, de acuerdo con la nueva ley electoral, los gastos de campaña tenían que ser transparentes. “Los amigos de Fox”, empezando por Lino Korrodi ignoraban o disimularon ignorar que los dineros provenientes de apoyos del extranjero, de empresas mercantiles y de fondos del extranjero para las campañas, ameritarían la nulidad de la elección y la cancelación del registro del partido.

El neopanismo, después de la millonaria campaña estaba tranquilo. También el PRI había incurrido en la misma causal que prohibía que los recursos procedentes del gobierno, excepto el de los jugosos subsidios, se destinaran a campañas. El caso “Pemexgate” los condenaba. El IFE hizo la revisión y encontró en ambos partidos las mismas faltas, sin embargo, validó la elección y trasladó al tribunal federal judicial la última palabra. Ahí surgió la increíble dilucidación del magistrado Leonel Castillo que como presidente del Tribunal acuñó el término “determinancia” para sentenciar que, si bien se habían acreditado no sólo la llegada de recursos prohibidos, sino la intervención de la Iglesia y de algunos grupos empresariales, las conductas de este tipo no condicionaban el resultado electoral porque no se daba la “determinancia”.

Lo que siguió es bien sabido, “la concertacesión” que Francisco Cárdenas Cruz había descubierto se hizo realidad, el NeoPAN bien alineado subió al poder y el desastre y la corrupción de Fox, sólo superada por la estulticia de Calderón dieron al traste con el soñado cambio democrático.

Ya reformada la ley a raíz del fraude de 2006 que terminó en: “voto por voto, casilla por casilla” y en el 2012 con tarjetas “Monex” hoy otra vez es causal de nulidad de la elección y descalificación de los candidatos, el gasto excesivo del límite fijado por el INE. Es el caso de Coahuila en ambos partidos. Ahora hay posibilidad de que se anule la elección del estado norteño. Puede ser un comienzo, pero todo ello no repara el daño mortal irreversible que se ha hecho a México durante los últimos 17 años.

 

 

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