El mismo día que tomó posesión Ricardo Anaya Cortés como presidente del partido, el 21 de agosto de 2015, también tomó posesión como virtual candidato a la Presidencia de la República por el Partido Acción Nacional.

Una calculada maniobra golpista para inmovilizar a sus adversarios con los estatutos en la mano, con algún cambio que le permita permanencia hasta el último día antes del registro de candidatos en el Instituto Nacional Electoral.

La traición a Gustavo Madero Muñoz era una de sus aduanas, el desplazamiento del calderonismo y sus personajes, una de sus urgencias; y la reducción de espacios de sus posibles adversarios, hasta el momento Margarita Zavala Gómez del Campo, Rafael Moreno Valle, y en el camino se quedó atrapado por la violencia del crimen organizado en Guanajuato, el gobernador Miguel Márquez Márquez, pero aún es tiempo del ímpetu de alguno que otro de los entrantes.

La fortuna sonreía a Ricardo Anaya el 5 de junio con siete victorias, de las cuales cinco fueron insospechadas.

Ahora goza de triunfos ajenos, atribuibles a trabajos individuales y el hartazgo ciudadano en entidades como Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Tamaulipas y Durango.

Ese mismo día demostró músculo frente a un Manlio Fabio Beltrones entumido por la derrota inesperada, en el cuarto de guerra del PRI y en Los Pinos; la tarde del domingo electoral todavía imperaba el optimismo de al menos 10 estados ganados de los 12, y hasta la eufórica frase “Tal vez ganemos once”, pero fue brutal el encontronazo con la realidad al entrar a la mesa de debate con Joaquín López-Dóriga y sus adversarios Beltrones y aliado en un par de estados Agustín Basave Benítez, presidente del PRD que dejó el mando a Alejandra Barrales Magdaleno.

En la opinión pública, y más entre los militantes del PAN, el debate fue calificado de “Madriza de Anaya a Beltrones”.

Aún permanecen los reductos de esa victoria, y esas dos burbujas del 5 de junio cimentan el ánimo del líder panista para el autoconvencimiento de que puede transitar como juez y parte en la contienda presidencial, cuando menos hasta las elecciones a mediados de 2017.

Desde la toma de posesión un año atrás, el discurso del queretano fue el del presidente del partido y el del candidato presidencial: “Nuestra meta es clarísima, trabajaremos todos los días, con todas nuestras fuerzas, por ganar la elección presidencial en 2018; vamos por un PAN ganador”, seguido por “Tampoco vamos a permitir, como ha ocurrido en otras latitudes, que de este ambiente de profundo hartazgo social surja un líder mesiánico y populista que lleve a México a la quiebra”, para concluir con: “Yo lo invito y lo reto a que sostengamos un debate público; un debate de cara a la nación; vamos a ver si sus ideas en un debate serio se sostienen de cara al país”.

Su objetivo es claro, sus propósitos fueron fortalecidos con el regalazo de miles de spots de radio y televisión para promoción de las ideas, conceptos y filosofía de los partidos, pero, sin embargo, son desviados para promoción de su propia imagen, tal como Andrés Manuel López Obrador utiliza los de Morena desde un inicio, y cuando se pretendió normar para prohibir el uso en posibles candidatos, sin función alguna con el CEN del partido, el tabasqueño simplemente se proclamó en una asamblea simulada, presidente del partido.

Una campaña de miles de spots es de resultados garantizados: Ricardo Anaya Cortés pasó de 4 puntos en buena opinión a 16 puntos en agosto del 2016 según el periódico Reforma, mucho más cerca de Margarita Zavala con 23 puntos en ese rubro, y Rafael Moreno Valle registró 10 puntos sin los spots del líder del partido.

Esa premisa fundamental que da una gran ventaja en las contiendas electorales obligaron al encontronazo de la ex primera dama y el gobernador de Puebla contra Ricardo Anaya Cortés, por el uso abusivo de la propaganda en medios electrónicos.

A partir del jueves 22 de septiembre se abrió una grieta en Acción Nacional en el programa de Carlos Loret de Mola en Televisa, donde el presidente del partido quedó como el principal factor de división al rechazar el debate con los dos aspirantes presidenciales y la teleconferencia con Gustavo Madero Muñoz desde Chihuahua.

La silla vacía de Anaya en el programa escenificó la escisión en Acción Nacional.

Al siguiente día, el presidente permaneció oculto, no respondió a la solicitud de ningún medio de comunicación, y para efectos de explicar que seguirá como juez y parte en el CEN y la contienda presidencial, mandó a sus coordinadores parlamentarios Fernando Herrera y Marko Cortés, y al secretario Damián Zepeda con la explicación envenenada: “Cualquier militante puede ser candidato presidencial”.

Los tres cercanos al queretano, que le deben el cargo en el Congreso y en el CEN, tomaron el papel de apologistas, pero ninguno de ellos pudo negarle a Zavala y Moreno Valle la exigencia de igualdad de condiciones en la contienda a la Presidencia de la República, y la definición del método de elección.

La defensa fue de humor involuntario con una dialéctica atropellada de Herrera, Cortés y Zepeda. Ninguno pudo justificar el uso abusivo de spots para promocionar la imagen de presidente-candidato.

El PAN tiene una oportunidad de oro en el 2018, sin embargo, su militancia ve cómo se le esfuma, en un partido donde el líder es el factor de división, en la urgencia de unidad.

En otras peores han sacado la casta, pero no les queda mucho tiempo.

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