El cónclave que anualmente aglutina a un grupo de países, los más industrializados, junto con otro grupo de las economías emergentes, constituido bajo el G-20, recién refrendó en China su vocación pro cambio climático.

Lo han hecho, precisamente, dos de las potencias líderes económica y comercialmente hablando, empero, también las que por su demografía, dinámica y expansión industrial son las más contaminantes del mundo: Estados Unidos y China.

Desde el año pasado, en París, aconteció la histórica reunión COP21; me refiero a la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, a la que, inclusive, el propio Papa Francisco invitó a reflexionar y tomar conciencia de la relevancia vital de descarbonizar el actual modo de producción.

Es, se nos dijo, un paso, en su conjunto, mucho más allá que el Protocolo de Kioto (1997); digamos una forma de reactualizarlo a la realidad del planeta y de sus más de 7 mil millones de seres humanos que lo habitamos en 2016.

Si bien hasta París -asolada por el terrorismo- llegaron 170 países de distintas ideologías, culturas, razas, credos y democracias, a finales del año pasado, sin lugar a dudas, la reivindicación de este fin de semana en China, sede de la reunión del G-20, me parece muy relevante, sobre todo porque apunta a ser un compromiso en firme, palabra de caballeros, no de cobardes, entre Xi Jinping, presidente de China, y Barack Obama, todavía mandatario de Estados Unidos.

Y subrayo el “todavía” porque en escasos dos meses serán las elecciones presidenciales en la Unión Americana y existe un gran nivel de incertidumbre y nerviosismo en el entorno porque si gana Donald Trump tendremos una política internacional bastante alterada.

Por lo pronto, el presidente Obama se ha tomado la foto con su homólogo chino y ambos han refrendado la necesidad de restringir la emisión de gases contaminantes, a fin de limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2 grados centígrados; precisamente, “la calentura” del planeta es lo más angustiante.

Desde 2014 venimos registrando “años históricamente más calientes”; se replicó el año pasado y éste,  que todavía patalea, no canta mal las rancheras, para desgracia nuestra.

Y es que si los seres humanos andamos vueltos locos, pues los demás seres vivos también tienen alterado su ciclo biológico-reproductivo, y me refiero a plantas, flores, semillas, cultivos y, desde luego, a los animales.

Descarbonizar al planeta es todo un enorme desafío, y cómo no si está, además, densamente poblado; no se trata únicamente de que las industrias reduzcan sus emisiones; se trata, también, de que nosotros mismos, como seres racionales, eliminemos, en lo más posible, nuestra huella ecológica. ¿Usted lo hace?

China, que cuenta con mil 357 millones de seres humanos, y Estados Unidos, con casi 320 millones de habitantes, llevan décadas mareando la perdiz, enfocados en su propio ritmo expansivo industrial y demográfico, sin atender los protocolos internacionales en la materia, sin considerar que el daño provocado a la atmósfera no se circunscribe a su área geográfica, sino que atañe a todo el mundo.

A COLACIÓN

Después de ocho años en el poder, éste será el último G-20 al que asistirá el presidente Obama, y seguimos sin ser mejores que hace cuatro, cinco y hasta ocho años atrás.

Han sido dos cuatrienios durísimos a nivel global; la recesión larga, profunda y compleja que hemos sufrido no tiene, siquiera, parangón en la debacle de 1929; el crack bursátil de aquella época, paliado después con una oleada de políticas keynesianas, es peccata minuta frente a lo padecido actualmente.

Ahora, ni Keynes es la respuesta, máxime con el sistema de pensiones a punto de eclosionar en casi todos los países industrializados y emergentes, y con el llamado Estado Benefactor navegando solo, en la barcaza de Dante, rumbo al averno, sumado a que la recuperación económica es endeble; cada vez hay más factores combinándose entre sí, desatando fuerzas negativas en lo económico, financiero y bursátil, so pena de reconocer el fracaso del actual modo de producción no nada más en lo ecológico-ambiental, sino mucho más sensible, en lo social, con más de la mitad de la población mundial pobre. ¡Por si faltaba!

@claudialunapale

Compartir: