Guardia Nacional, el ‘as’ contra aranceles de EU

Misión cumplida: En tres rounds (de miércoles a viernes), Marcelo Ebrard frenó las advertencias de Donald Trump

Compartir:
Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores, gana su primer campeonato como el colaborador más importante del Presidente López Obrador, nada menos que contra Donald Trump, al frenar la imposición de aranceles a todos los productos mexicanos

Desde que el Gobierno Federal anunció que Marcelo Ebrard (¿quién más?) marcharía, rumbo a Washington, a una “misión (casi) imposible”, para persuadir a la administración de Donald Trump de no aplicar aranceles escalonados a productos mexicanos que se exportan a la Unión Americana si no se ponía freno a la alta incidencia de caravanas migrantes, todos sabíamos que a lo que iba era a dar opciones sobre cómo acatar la “solicitud” más descarada de Estados Unidos en los últimos tiempos.

Las cartas de México para evitar la “manita de puerco” de Trump eran varias, pero sin que lo revelara, literalmente, a los medios de comunicación se veía venir que el uso de la recién conformada Guardia Nacional era la propuesta más íntegra para “desarmar” a Trump.

El mismo día que iniciaron, formalmente, las pláticas en la Casa Blanca, frente al equipo de Trump, encabezado por el Vicepresidente Mike Pence y el Secretario de Estado, Mike Pompeo, una caravana intentó avanzar sobre Chiapas; fracasó. La señal, con la Guardia, estaba dada.

El pasado 5 de junio, las autoridades mexicanas, en las que colaboraron elementos de la Guardia Nacional y la Marina, frenaron la última caravana de migrantes que intentó adentrarse al país vía Chiapas

Por ello, desde inicios de semana, durante ruedas de prensa en Washington, Ebrard consideraba que existía el 80 por ciento de probabilidades de que se llegara “a un buen acuerdo”.
El viernes pasado, cerca de las 19:00 horas, el mismo titular de Relaciones Exteriores anunciaba que el acuerdo había llegado. Lo secundó el Presidente de Estados Unidos y lo celebró el de México, Andrés Manuel López Obrador.

Con ello, Ebrard ganaba su primera gran batalla como el colaborador más importante de López Obrador y la Guardia Nacional recibía su primera encomienda.

Durante toda la semana, después de la carta en la que dijo a su homólogo que no era “ni cobarde ni timorato”, el Mandatario federal mexicano no cesó de repetir que siempre sería amigo del Presidente y el pueblo estadounidenses, de que todo se soluciona sin confrontación y de que “amor y paz”.

Durante las negociaciones encabezadas por Ebrard, principalmente, con el Vicepresidente Mike Pence y el Secretario de Estado, Mike Pompeo, el Presidente López Obrador nunca cayó en el juego de Trump y se mantuvo en la posición de conservar la amistad entre los dos países

Por cierto, uno de sus lemas favoritos, el “me canso, ganso”, ya vimos que es sólo de uso doméstico.
Claro, con Sansón nada de a las patadas. Por eso creo que, aunque reservada, la estrategia de López Obrador no era mala, y porque, además, qué nos queda. Cierto que en el terreno político mexicano, muchos de la oposición, como era de esperarse, una acción natural de ser opositor, su postura fue calificada de blandengue y zacatona. Nada de eso, por supuesto. Ante personalidades como las de Trump más vale el cotorreo; al fin es lo mismo que él hace.

Por su parte, el Presidente estadounidense partió a su gira por Europa, donde el jueves pasado, junto al Mandatario francés, Emmanuel Macron, celebró el 75 aniversario del desembarque en Normandía, con el que se inició el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero nunca hizo a un lado el pendiente con México y a diario porfiaba mensajes amenazantes.

Durante los días de negociación sobre la aplicación de aranceles a productos mexicanos, Donald Trump no cejó en enviar constantes mensajes de advertencia. Desde el 30 de mayo dijo que daría ‘una declaración de Grandes Ligas’

SU DECLARACIÓN DE ‘GRANDES LIGAS’

Pero todo inició el 30 de mayo por la mañana, cuando Trump dirigió su primera advertencia, poniendo suspenso y afirmando que la revelaría ese mismo día o al siguiente: “No cerraré la frontera con México (ante la inacción contra la migración); haré algo más… Será mi más grande pronunciamiento… Una declaración de Grandes Ligas…”.
IMPACTO, TV lo adelantó durante la emisión de su programa “Mesa de Redacción”.

Horas después, ante el hervidero por la incógnita de cuál sería ahora la travesura del Presidente del país más poderoso del mundo contra su vecino y socio comercial, Trump decidió adelantar su plan.
Por supuesto, era siniestro.

“México se ha aprovechado de Estados Unidos durante décadas. Por culpa de los demócratas, nuestras leyes migratorias son malas. México hace una fortuna a costa de los Estados Unidos… y pueden fácilmente solucionar este problema (el de los migrantes). Es hora de que ellos (los mexicanos) hagan finalmente lo que es debido”.
Y con ese estilo de pronunciamientos se llevó casi toda la semana, mientras Ebrard, apenas concluía una gira de trabajo por Alemania, viajaba ya rumbo a Washington.

El titular de Relaciones Exteriores madrugó el lunes 3 de junio dando su primera conferencia de prensa desde la capital estadounidense, acompañado de otros funcionarios mexicanos, entre ellos el subsecretario para América del Norte de la SRE, Jesús Seade, y la Embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena.
De hecho, por cuestiones de horario, quienes acudimos ese día y el siguiente (martes 4) a la conferencia “mañanera” del Presidente López Obrador esperamos con ansias alguna novedad sobre la postura de México media hora antes de que arrancara el evento del Mandatario mexicano, es decir, a las 6:30 horas, aunque no hubo tal.
Ebrard, que el martes sólo estuvo acompañado de un solo funcionario, no varió el enfoque de la postura mexicana, pero parecía guardarse lo que en realidad expondría a la delegación estadounidense a partir del miércoles.

Afirmaba que aplicar aranceles a los productos mexicanos sólo afectaría la economía de los dos países, pero que no detendría la migración.

El jueves 7 de junio, por la mañana, antes de iniciar la segunda ronda de pláticas, Trump lanzaba otro dardo: “Algo muy dramático podría suceder. Le hemos dicho a México que los aranceles continúan. Y lo decimos en serio”.
Ese mismo día, por la tarde, Ebrard salía de la reunión con un semblante sonriente, aunque no convincente.

Anunciaba lo que se veía venir como una de las opciones más fuertes para convencer a Trump de desistir de su “castigo”, el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera sur de Chiapas con Guatemala, algo que inició, prácticamente, como un ensayo el mismo día del arranque de la negociación y, como obra del destino, de la enésima caravana que intentó avanzar hacia el interior del país, pero que fue frenada gracias a la logística de establecer capas de control iniciando con agentes de Migración, Policía Federal, Marina y la nueva corporación policiaca-militar.

Al anunciar eso, el Secretario de Relaciones Exteriores volvía a sembrar la incógnita. “Mañana (viernes) informaremos sobre los avances, por ahora sólo se han intercambiado puntos de vista”.
Horas más tarde, Trump, con otro mensaje, pedía, sin decirlo directamente, algo más que el despliegue policiaco-militar en la frontera sur.

“Cuando eres la alcancía a la que todos roban durante 25 años, los aranceles son una cosa hermosa”.
La ironía del Presidente de EU rebasaba los límites de la cordialidad que una vecindad como la de su país y México han sostenido por décadas.

Era viernes y las horas transcurrían. No salía humo. Por lo pronto, la Guardia Nacional era el “as” para meter en control a la migración, el tráfico de drogas… y a Trump.

GUARDIA NACIONAL, LA PANACEA
Para presionar a México, Donald Trump escogió el terreno más propicio: Los días en que se afina la última decisión en los congresos de ambos países para ratificar el T-MEC.

El escenario no es tan factible para Trump cuando se trata de imponer aranceles escalonados, entre junio y octubre, a todos los productos mexicanos partiendo del 5 por ciento hasta llegar al 25 por ciento, pues la Unión Americana es destino de casi el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas.

Es decir, las medidas propuestas por Trump se convertirían en un “boomerang”. Hasta los propios legisladores de su partido, el Republicano, llegaron a considerar sus amenazas como simple algarabía.
Además, México y Estados Unidos comparten más de 3 mil 200 kilómetros de frontera común, en la que domina la actividad comercial, pero también el paso de migrantes y drogas hacia la Unión Americana, y de armas hacia México.

En ambos casos, la creación de la Guardia Nacional puede resultar un tino del Presidente López Obrador.
En principio, el Mandatario federal mexicano reiteró en su conferencia “mañanera” que, como lo había manifestado Ebrard el jueves, la Guardia entraba en acción tanto para participar como resguardo de la frontera sur como para combatir la inseguridad.

“Ayer, que Marcelo (Ebrard) dio a conocer que la Guardia Nacional actuará en la frontera sur, pues es parte de un programa de seguridad y, de acuerdo con la Constitución, la Guardia Nacional puede coadyuvar en tareas de apoyo para funciones migratorias y protección de instalaciones”, expresó el Presidente.
El mismo planteamiento hizo la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, aunque antes endureció la postura del gobierno sobre el tema, asegurando que nadie puede violar la ley y la soberanía del país, por lo que no se puede permitir que los migrantes centroamericanos irrumpan en territorio nacional, en algunos casos de manera agresiva.

Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, además de modificar el tono del gobierno hacia los migrantes, reiteró lo anunciado por Ebrard y admitido por López Obrador: La Guardia Nacional es la mejor garantía para controlar las caravanas de ilegales y frenar el tráfico de drogas

Cuando se le preguntó sobre la cifra de elementos a desplegar mostró desinformación sobre el anuncio de Ebrard.

“No tengo el dato; ¿quién dijo lo de los 6 mil? No lo tengo preciso. Por supuesto que se va a implementar Guardia Nacional en los lugares más violentos del país y, sobre todo, en la frontera norte y en la frontera sur, claro que sí; Tamaulipas, por ejemplo; Chihuahua, Reynosa y, claro, también Tapachula y en Oaxaca”.
El sábado, en Tijuana, López Obrador encabezaría un acto público al que convocó a todos los mexicanos, y líderes de todos los sectores, “por la dignidad de México”. El viernes adelantó que celebraría el acuerdo y la suspensión de la aplicación de aranceles.

Era un triunfo, sí, de Ebrard, pero mucho más de él.
Marcelo, seguramente al final de la larga jornada del viernes, volvió a tomar su teléfono para decir: “Señor Presidente, Misión cumplida”.

[email protected]
[email protected]
@RobertoCZga

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...