Gobiernos de coalición, el otro candidato

Desde el 2014, la Constitución contempla esa facultad del Presidente de la República, pero la mención, en dos párrafos, se pierde a falta de una ley reglamentaria

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¿Sintonía o coincidencia?

El pasado 13 de junio, Manlio Fabio Beltrones, principal impulsor de la figura de “gobiernos de coalición”, tuiteó: “Hay que dejar atrás la idea de que un solo hombre o una sola mujer puede hacer todo. La idea es que todos participen #GobiernosDeCoalición”.

El jueves 15, el Presidente Enrique Peña Nieto, en su discurso, en Los Pinos, durante el evento de cambio de presidencia del Consejo de la Comunicación, aludió:

“Pero también estamos conscientes de los retos, de las grandes transformaciones y retos que tenemos por delante. Aquí lo importante es no esperar que alguien, y menos que sólo un Gobierno venga a hacer esas transformaciones (en el país).

“…Reconocemos que todavía nos falta avanzar, y que ese esfuerzo tiene que ser compartido y colectivo. Repito, no lo puede ser sólo de un gobierno, sólo de un hombre. Lo es de todos”.

Las dos cosas, sintonía ante la realidad política del país y coincidencia ante el futuro.

De hecho, el distintivo histórico de la gestión peñista será, sin duda, la conformación del “Pacto por México”, en el que participaron las principales fuerzas partidistas del país (PRI, PAN y PRD) al inicio de su gobierno. Para el sector político mundial, Peña Nieto había dado un gran paso. Hablar de la disolución del Pacto es harina de otro costal.

El 21 de octubre de 2011, en plena carrera presidencial priísta hacia el 2012, Beltrones y Peña sostuvieron un encuentro en donde divergieron en algunos temas, pero coincidieron en uno: Rechazar la segunda vuelta electoral.

A partir de ahí, Beltrones abrazó la promoción intensa de la figura de los “gobiernos de coalición”, la cual pudo ver plasmada en la Constitución después de la Reforma Político-Electoral del 2014.

El Artículo 89 constitucional, que se refiere a las facultades y obligaciones del Presidente de la República, indica en su Fracción XVII:

“(El Presidente puede) En cualquier momento, optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión.

“El gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. El convenio establecerá las causas de la disolución del gobierno de coalición”.

La mención, sin embargo, sólo queda ahí, atrapada en el intenso texto de 136 artículos y una cantidad igual de transitorios.

La guerra política nacional de los últimos años, aunada a resultados cerradísimos en los procesos electorales, en donde los candidatos y partidos triunfadores sacan victorias y ventajas pírricas, han marcado la atención sobre dos figuras: “Gobiernos de coalición” y “segundas vueltas”.

La única incluida en la Constitución, hasta ahora, es la primera. Sin embargo, no está reglamentada, es decir, es una simple mención que no incluye pormenores ni reglas. Sí, es una facultad del Presidente, ¿y?

Las ideas para su regulación sobran, pero requiere orden, análisis, propuestas, discusión y, sobre todo, presentación y un serio trabajo legislativo.

Es decir, la mera alusión facultativa o “potestativa”, como dice Beltrones, no tiene significancia sin un contexto mayor para su aplicación.

A nuestro sistema político, como siempre, lo atrapa el túnel del tiempo. Al cuarto para las 12, todo mundo es propositivo. De las dos figuras, una de gobierno y la otra electoral, sólo la primera podría aprobarse, y en la raya.

La segunda, por tiempos, ya está rebasada; el límite fue el mes de junio, pues por ser factor electoral debe estar aprobada tres meses antes del arranque del proceso electoral para cual aplicaría.

 

TODOS Y NINGUNO…

Nos quedamos, entonces, sólo con “gobiernos de coalición”. ¿Quiénes lo ven con buenos ojos? Todos. Decir todos es la mayoría, de un 80 por ciento hacia arriba, de toda la clase política, intelectual, empresarial, ciudadana.

De “gobiernos de coalición” no sólo habla Beltrones, aunque es su máximo ponente, exponente y pujador; también Emilio Gamboa; Pablo Escudero, presidente del Senado;  Diego Valadés, jurista e ideólogo principal de la propuesta; Arturo Zamora; Diego Fernández de Cevallos; Juan Ramón de la Fuente; Guadalupe Acosta, líder de “Galileos”, la anticorriente del PRD; Ricardo Anaya, dirigente nacional del PAN; Rafael Moreno Valle Roberto Gil; José Woldenberg; Graco Ramírez; Santiago Creel; Silvano Aureoles y Jesús Ortega.

En esta especie de “melting pot”, no está por demás decirlo, algunos intentan equiparar las alianzas electorales con la figura de “gobiernos de coalición”, sobre todo, de cara al 2018; al menos, por ejemplo, así la barajan Ricardo Anaya y Alejandra Barrales, o Graco Ramírez, en la insistencia de ir juntos, PAN y PRD, en la elección presidencial.

En general, la mayoría de la clase política mexicana no ve mal arrancar, de una vez por todas, esta innovadora plataforma… pero nadie se avienta el tiro.

Beltrones ha insistido: “Es necesario un trabajo que reglamente perfectamente bien qué significa un ‘gobierno de coalición’”.

El miércoles de la semana pasada, tres diputados del PAN (Federico Döring, Guadalupe Murguía y Hernán Cortés) presentaron una iniciativa de ley reglamentaria para configurar los “gobiernos de coalición”. Ya es algo; ¿quién da más?

Se sabe que el Gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, quien ha dicho que se apuntará como aspirante a la candidatura presidencial por el PRD, presentará una propuesta concreta sobre “gobierno de coalición” y suponemos que acompañada de su respectiva iniciativa de ley reglamentaria.

Aureoles hizo muy buena mancuerna con Beltrones en la Cámara de Diputados en la pasada 62 Legislatura; sabe del tema; sabe de lo que habla y sabe de la propuesta del priísta.

En las últimas semanas, quienes defienden o promueven la figura de “gobiernos de coalición” se han cansado de hacer cuentas, de explicar, con peras y manzanas, que gobiernos con poder a “tercios” (ganando  con menos del 50 por ciento) caminan débiles, y con problemas en el Congreso, para sacar adelante iniciativas y propuestas.

Han advertido la tendencia mundial de una ciudadanía más exigente y mayormente dispuesta al castigo electoral hacia los partidos.

El ejemplo del “Pacto por México” fue claro: Un país avanza con menos desgaste con la participación de todas las fuerzas políticas, mediante acuerdos en los que todos, pero principalmente la ciudadanía, ganan.

¿Qué impide, entonces, cuando menos discutir la posibilidad de regular la figura de “gobiernos de coalición” con una ley reglamentaria consensuada?

Algo en todo este embrollo espanta a muchos. ¿Pasar de un sistema tradicionalmente presidencialista a uno semiparlamentario, porque algunos de los amarres de los “gobiernos de coalición” tendrán que ver con decisiones pactadas con el Congreso?

La propuesta ¿se ve como un golpe a la nueva tendencia de candidaturas independientes? Por no estar abanderados por partido alguno, los independientes se ven, tal vez, favorecidos por esta figura. La coalición para gobernar en caso de obtener la victoria abre un camino menos tenso. De hecho, la coalición es el camino de un independiente.

El próximo periodo extraordinario del Congreso de la Unión está agendado para el mes de julio. El orden del día, por los pendientes de siempre, seguramente estará saturado.

Aunque ningún tema debe ser deleznable, sí debiera la agenda sujetarse a prioridades. ¿El tema de la gobernabilidad, certeza, viabilidad, de gobierno, lo es?

Como desde el 2014, la moneda, la figura de “gobiernos de coalición”, está en el aire.

 

ARTÍCULO 89

CONSTITUCIONAL

LAS FACULTADES Y OBLIGACIONES DEL PRESIDENTE (DE LA REPÚBLICA) SON LAS SIGUIENTES:

Fracción XVII.-

“En cualquier momento, optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión.

“El gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. El convenio establecerá las causas de la disolución del gobierno de coalición”.

 

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