García Luna, un gran distractor

Aquí o allá, mañana a mañana, su caso será usado para desviar la atención de los asuntos fundamentales del país bajo la premisa de que todo lo negativo tiene su origen en el pasado inmediato

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El jueves pasado, Genaro García Luna se declaró no culpable en la Corte de Nueva York

El juicio contra Genaro García Luna en la Corte de Nueva York operará, en México, como un gran distractor, en especial si el gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador consigue convencer al norteamericano de extraditarlo a nuestro país.

Aquí o allá, mañana a mañana, será usado para desviar la atención de los asuntos fundamentales del país bajo la premisa de que todo lo negativo tiene su origen en el pasado inmediato a partir del retraso, por culpa de Felipe Calderón, de la instauración de la Cuarta Transformación.

Es innegable su condición de gran mercancía, pero, en cualquier caso, el mayor de los temores del ex secretario de Seguridad Pública quizás sea que lo envíen a México, pues aquí le serían cobradas facturas viejas, sus deudas con el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero. No es casual que apenas conocida su aprehensión en Dallas fue anunciada la solicitud de ex extradición.

El espectáculo neoyorquino estará condicionado a que las pruebas puedan sostener las causas en contra de quien lo fue todo en materia de seguridad en la era panista. Empero, quizás no sea tan espectacular si todo se reduce a lo declarado por el “Rey” Zambada sobre los supuestos sobornos que, a nombre del “Chapo” Guzmán, habría entregado personalmente, en restaurantes, al ex jefe del espionaje político, ex jefe de la AFI y ex secretario de Seguridad Pública, y a las acusaciones sobre tráfico de cocaína y otras sustancias.

Parece verdad irrefutable, pero no resulta fácil imaginar a García Luna cometiendo la tontería, increíble en alguien de su nivel burocrático en materia de espionaje y seguridad, de recibir personalmente, en restaurantes y con testigos, los portafolios que el hermano del “Mayo” Zambada dice haberle entregado de parte de “El Chapo”.

Increíble porque el funcionario omnipotente del foxismo y calderonismo no necesitaba, salvo una codicia irrefrenable, de esos millones de dólares, invaluables para cualquier mortal, pero una miseria para quien manejó entre 7 y 8 mil millones de pesos conforme a su criterio, sin obligación de rendir cuentas a nadie.

Otra cosa es su presunta participación en la introducción de droga a Estados Unidos que sus acusadores norteamericanos quizás tengan documentada.

Por lo pronto, es apenas normal su declaración de no culpabilidad en la Corte de Nueva York y la negativa a otorgarle el beneficio de pasar en libertad el proceso, mediante pago de fianza, por el evidente riesgo de fuga.

Asimismo, es de notar que en el último momento le cambiaran juez; ya no lo será Brian Cogan, quien condujo el proceso del “Chapo”, pero también que, al menos en la primera audiencia, lo representara un abogado asignado por la Corte, César de Castro, y no estuvieran los defensores que cobrarán millones de dólares por las horas consumidas durante el prolongado juicio y que no habrían aceptado el caso de no albergar cierto grado de certeza en ganar.

Brian Cogan, el juez que encabezó el proceso contra ‘El Chapo’ Guzmán, no se encargará del caso de García Luna

 

RECIEDUMBRE SE CONTRAPONE A NERVIOSISMO

Tuve mínimo trato con el ex secretario de Seguridad Pública y me resulta imposible prever cómo se comportará en el juicio, pero quienes lo conocen muy bien me hablan de la reciedumbre que dificultará a los fiscales quebrarlo, más aún si, como se asegura, los más interesados en su salida airosa son autoridades norteamericanas que trabajaron estrechamente con él.

Ante esta suposición se contrapone el supuesto nerviosismo que, como se publicó en México, mostró al ser presentado en la Corte de Dallas y hasta las lágrimas que habría derramado al ver a su madre, esposa e hijos entre los asistentes a la audiencia.

En su época de esplendor comí con él y, desde la altura del trono que ocupaba, me platicó de su rechazo a participar en la supuesta conjura a la que fue invitado por el entonces procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, para desestabilizar al secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

Por José Luis Santiago Vasconcelos supe que envió su escolta personal a protegerlo cuando Medina Mora lo echó de la SIEDO sin protección; fue quien le ayudó a ingresar al equipo de Mouriño en Gobernación.

A partir de esto no sé más, excepto de sus diferencias con Medina Mora, pero quienes lo conocen aseguran que el gobierno mexicano se quedará con las ganas de verlo en la Corte neoyorquina delatando cómplices, si los tuvo, o entregando pruebas para hacer válida la afirmación del Presidente López Obrador de que “El Chapo” tenía representantes en la estructura gubernamental.

Eduardo Medina Mora, ex Procurador General, también mantuvo diferencias con García Luna

El proceso será, por necesidad, escandaloso, pero difícilmente servirá para usarlo por sistema para distraer a los mexicanos. No habrá revelaciones sensacionales, a menos que en los momentos más graves decida utilizar materiales acumulados cuando era el espía político del gobierno en el Cisen o en los tiempos en que la Plataforma México fue sólo suya.

Es probable que, por lo pronto, afecte a Felipe Calderón, afanado, hasta hoy, en construir un partido político, pues no faltará quien suponga complicidades entre ambos, pero no más. Hasta donde se sabe, no será fácil probar las supuestas ligas del ex secretario de Seguridad Pública con el crimen organizado, por más que existieran, pero más lo será llevar a tribunales al ex Presidente.

Felipe Calderón, ex Presidente. Aunque es mencionado frecuentemente en el caso de García Luna, será difícil probar alguna colusión entre ambos

 

LOS DESENCUENTROS CON EL FISCAL

Quizás le sea más difícil a García Luna librarse de las acusaciones de presuntos desvíos de miles de millones de pesos que migraron de la Secretaría de Gobernación para terminar en una de sus empresas después de un breve tránsito por otra.

Sin descartar que ocurrieran, resulta imposible olvidar los enfrentamientos, en 2001, entre el entonces secretario de Seguridad Pública, Alejandro Gertz Manero, y el director de la Policía Judicial Federal por la adquisición irregular de una docena de aeronaves cuando García Luna había sido coordinador general de Inteligencia de la Policía Federal Preventiva.

Alejandro Gertz Manero, Fiscal General de la República. García Luna y él mantuvieron distintos enfrentamientos

Los desencuentros entre ambos personajes mantuvieron la atención de la opinión pública en 2011, cuando García Luna acusó a Gertz Manero de ser responsable de la primera fuga del “Chapo”, del Penal de Puente Grande, el 19 de enero de 2001.

El hoy fiscal General de la República, que está a la espera de que García Luna sea extraditado a México, se defendió con la aceptación de culpas de quien fue subsecretario de Gobernación, Jorge Tello Peón, formado a la sombra del general Jorge Carrillo Olea y uno de los fundadores del Cisen:

“…Jorge Tello Peón, subsecretario de seguridad de la Secretaría de Gobernación, (…) él asumió la responsabilidad de la traición que habían cometido sus empleados, desde el director de reclusorios hasta el director de ese reclusorio, y todos los empleados, todos ellos de Gobernación”.

Aunque parece un problema de premisas contradictorias, en realidad fue una cuestión burocrática adjudicable a la logística de la transición de funciones de una dependencia a otra.

Según Gertz Manero, la reforma que creó a la SSP fue publicada el 30 de noviembre de 2000 y entonces entró en vigencia, pero funcionarios de Gobernación, y no los suyos, seguían siendo, en enero de 2001, los encargados de los penales federales; luego, entonces, la fuga del “Chapo” debe adjudicarse a ellos.

Sin embargo, García Luna hizo una declaración de la que quizás hoy esté arrepentido: “La fuga de ‘El Chapo’ Guzmán fue cuando él (Gertz Manero) era secretario de Seguridad Pública. El responsable era él; que lo explique“.

 

 

 

 

 

 

 

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