Ganar guerras a ‘trumpadas’

Inesperado lo que hay que esperar de nuevo inquilino de la Casa Blanca; millonario convertido en político mandamás es enemigo del multilateralismo y del libre comercio

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En Madrid, hace unos días, asistí a un interesantísimo encuentro organizado por Casa de América que logró reunir a dos mentes lúcidas y doctas en relaciones internacionales y geoestratégicas, como lo son Javier Solana, ex secretario general de la OTAN (1995-1999), y Martin Indyk, ex embajador de Estados Unidos en Israel.

Consultados acerca de la nueva geopolítica, tanto Solana como Indyk  coincidieron en señalar que Estados Unidos, bajo la égida de Donald Trump, no entiende el proyecto europeo; “no está dispuesto a ayudar a la UE para retomar el impulso que necesita”.

Durante el coloquio “Trump contra el mundo”, Indyk fue bastante enfático en advertir que con el nuevo inquilino de la Casa Blanca había que esperar lo inesperado (“to expect the unexpected”).

No se sabe, bien a bien, lo que va a pasar; hay una sacudida intensa en las relaciones internacionales, aunque se tiene muy claro que el millonario convertido en político mandamás es enemigo del multilateralismo y del libre comercio.

En un sentido todavía más pesimista, para el ex diplomático Solana “todo estaría mucho mejor si no estuviera Trump, y lo más sintomático es que este fenómeno no viene solo porque en Europa tenemos nuestros propios trumps; ya ven en Europa del Este; justo en Hungría encontramos a Víktor Orbán  su primer ministro”.

Desde luego, se habló de la OTAN,  los gastos en defensa, los presupuestos, el hartazgo de la ciudadanía en general; el tema no puede ser más ad hoc cuando el mandatario Trump ha recién anunciado un incremento exorbitante de 54 mil millones de dólares en el gasto militar estadounidense “para ganar guerras”.

Ni falta hace decir que ha dejado boquiabiertos a los mandamases europeos  que siguen pichicateando el dinero de los presupuestos. Recordemos que ya Trump como candidato dijo, reiteradamente, que “la OTAN es obsoleta”,  y no en pocos discursos altisonantes reprochó a los tradicionales socios capitalistas-desarrollados europeos que no hicieran más por preservar la estabilidad global.

Es más, llegó a afirmar que esperaba que cada uno pagase por su propia seguridad y defensa; en términos de geoestrategia implicaba enviar a la OTAN al baúl del olvido y reinaugurar una nueva etapa marcial bajo la ley del nuevo oeste, “que cada quien se pague sus guerras y sus  muertos mientras sobreviva el pistolero más rápido”.

El mensaje, para alguien de la trayectoria de Solana, es una malísima noticia porque, una vez como presidente, Trump, en las pocas semanas en el poder, ha mostrado una disposición totalmente unilateral.

“Dejarnos solos a los europeos es muy preocupante, más con tantos desafíos; tenemos tantos valores que defender ante amenazas crecientes a la visión occidental, a la democracia, a la libertad y a la salvaguarda de los derechos humanos”, indicó el reconocido político español.

 

A COLACIÓN

No todo tiene que ver con la repartición de costos, añadió, al respecto, Indyk, porque parece, externamente, que todo se reduce a que la existencia de la OTAN esté atada a que unos países aporten más dinero, y no todo es tan simple.

Por ejemplo, en 1986, el gasto en defensa como porcentaje del PIB se ubicó en el 5.03% como media para la OTAN, mientras Estados Unidos representó el 6.73%.  Al interior de Europa, Reino Unido y Turquía eran los dos países con mayor gasto en defensa, el primero de 4.87% y el segundo con el 4.75 por ciento.

En 2001 (antes de los atentados del 11 de septiembre),  ese gasto en defensa bajó casi a la mitad en la OTAN, con un promedio del 2.51% del PIB; también Estados Unidos lo redujo al 3.04% y la mayoría de los países miembros del Atlántico Norte llevó su gasto militar a menos del 2% del PIB, con algunas excepciones, como Francia, con el 2.48%, Reino Unido, 2.39%, y Turquía, con el 3.68 por ciento.

Con la larga crisis económica desatada en Estados Unidos (2008), el gasto militar en la OTAN se ha  mantenido acotado: En 2012, el gasto en defensa como porcentaje del PIB registró un promedio del 3.04% en la OTAN; en Estados Unidos se ubicó en el 4.75% y, salvo Reino Unido, con un gasto del 2.59%, todos los demás miembros no llegan a destinar ni el 2 por ciento.

De allí emana el sentido reproche por parte del presidente Trump, que ya lo esgrimió en campaña y lo defiende, ahora, a grito abierto: Europa tiene que poner más dinero del bolsillo de sus contribuyentes europeos para defenderse mucho mejor ante los avatares externos. Desde 2014, los países europeos miembros de la OTAN se comprometieron a aportar el 2% de su PIB para defensa, pero no todos están en condiciones de cumplirlo porque salir de la crisis económica ha implicado austeridad… aunque Trump quiere ganar guerras desde ya.

 

@claudialunapale

 

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