‘Friday for future’ en nuestra política energética

Acción de resistencia civil pacífica de corte gandhiano ha prendido y contagiado a la juventud de todos los continentes

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Greta Thumberg, nueva voz de esperanza

El debate sobre la decisión de construir una nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco, tiene una importancia transcendente no sólo por su costo altísimo, sino por su ubicación y efectos de depredación ecológica irreversible y creciente. Si las actuales seis refinerías producen 1.5 millones de barriles diarios y sólo trabajan al 40% de su capacidad, optimizándolas satisfarán los 3.5 millones de barriles en un tiempo menor al de la nueva planta o bien, como dice Cuauhtémoc Cárdenas al tenerse éxito en la extracción de petróleo crudo será entonces cuando fuere lógica la inversión en la nueva refinería que, además, para optimizar tiempo en su construcción y operación, convendría visualizar la opción de compra de algunas de ellas que se encuentran paradas en el estado de Texas. Así entonces, el condicionante de disponer del crudo propio y no exponernos a una repetición del caso Tula de Calderón. Se exige una más seria revisión del programa y orden para evitar desenlaces indeseados.
Por si fueran pocas esas variables a considerar para actuar con honestidad en el manejo de los recursos públicos, existen otras de todavía mayor peso para actuar con responsabilidad. Estas son prioritarias y relacionadas con el medio ambiente y la ecología. Es incuestionable que una de las salidas a la asfixia que vive el mundo, dará lugar a muy corto tiempo al cambio a favor de los vehículos eléctricos, incluyendo aeronaves y transporte marítimo. La generación de la energía eléctrica debe prescindir definitivamente del carbón y combustibles fósiles adoptando la energía solar y eólica para cumplir su función. Los pasos a este desarrollo energético limpio, han sido lentos, seguramente provocados por el interés de la industria del petróleo, automovilística, aeronáutica y navegación marítima, de altísimas utilidades que se resisten a su desaparición.
Así, el siglo XX, a diferencia de su antecesor que fue el siglo del carbón, ha sido el del petróleo como insumo de una era de avances en la velocidad de la transportación y en toda la industria e infraestructura de esta etapa del planeta que se mantiene en el siglo XXI, que la autodestrucción del mundo ha dejado de ser ficción cinematográfica y se convierte en un drama suicida inevitable. La vida humana y su entorno que no reconoce fronteras, podría extinguirse. Los gases de efecto invernadero en lo que al final de cuentas se deriva del energético petrolero, es invisible para todos los políticos que ofrecen a sus votantes más contaminación como precio del desarrollo. Es la trampa mortal que amenaza el futuro más próximo de lo que se quisiera.
Hoy nace una nueva voz de esperanza. Ya no es la de los críticos, intelectuales, científicos que registran los datos y modelan utopías de solución, siempre sujetas a decisiones políticas convenencieras que frustran su realización. Ahora son los jóvenes con una percepción intuitiva los que se levantan e interactúan por todas la latitudes para advertir que su causa no es la del interés mezquino de las posiciones de poder, sino la de una obligada respuesta para la sobrevivencia de la especie humana y de la Tierra en su conjunto. Este despertar ha sido ignorado por quienes viven exclusivamente para sus intereses particulares. La detonación del movimiento “Friday for future” que se inspira en la convocatoria de Greta Thumberg, la joven sueca que en el pasado agosto decidió hacer un paro nacional todos los viernes para protestar por la insensibilidad e inacción de las autoridades de su país frente al calentamiento global evidente.
Esta acción de resistencia civil pacífica de corte gandhiano, ha prendido y contagiado a la juventud de todos los continentes que han tomado la bandera de la vida por delante de las ambiciones y del egoísmo para salvar la sobrevivencia de la humanidad.
En España donde el movimiento “Friday for future” moviliza a cientos de miles de muchachos se manifestó en la Universidad de Girona y es encabezada por cinco estudiantes de cuarto de Biología y Ciencias Ambientales. Se plantaron frente a la sede Generalitat donde semanas después sumaron a más de 200 de otras facultades y se han extendido fuera de Barcelona en toda la península. Ellos señalan: “Estamos hartos de que se nos tome por tontos. No puede ser que los políticos se reúnan anualmente para aprobar medidas contra el calentamiento y no lleguen a nada”. Se definen como movimiento apartidista y no vinculado a ninguna asociación ni entidad. Su objetivo es presionar para implementar medidas para “una transición energética rápida y justa”. Los jóvenes activistas climáticos de 18 países se reunieron con los eurodiputados y comprobaron que ni estos conocían el último informe de los expertos de la ONU sobre el cambio climático que concluyen que “hay menos de una década para tomar medidas urgentes”.
Prescindir del valor y el alcance que asiste a ésta rebeldía juvenil y la inminente necesidad de sepultar la era del combustible petrolero para definir la política energética de nuestro país, es un error garrafal como el que cometió la Reforma Energética de Peña Nieto al entregar el potencial petrolero de México a los intereses privados nacionales y extranjeros, cuando la caída del precio del petróleo ocurría. El más elemental método de análisis exigiría ahora una prospectiva clara para buscar evitar tirar el dinero público en proyectos que serán obsoletos y aplicarlo en cambio, a sumarnos al horizonte del moderno mundo de energías no contaminantes.

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