El supercanciller Ebrard

Tarea para titular de la SRE no es poca, y mucho menos sencilla

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Enorme trabajo que ha realizado el Canciller Marcelo Ebrard en el manejo de la política exterior de nuestro país frente a la complicada arena internacional.

Desde hace unos días ha comenzado a llamársele entre medios de comunicación y analistas el “supercanciller” y no es para menos. No sólo debe manejar las instrucciones de su jefe para hacer realidad la cuarta transformación de México ante el mundo, también se ha hecho evidente que él es el único que sabe manejar con su experiencia política y formación como internacionalista que lo han hecho sortear de manera diplomática las distintas posiciones que México tiene frente a Organismos Internacionales, dentro de poco también ante la Cumbre internacional del G-20, la postura diplomática frente a Venezuela, el mantenimiento de relaciones de amistad después de la carta a España solicitando “perdón” por la Conquista, el seguimiento de la ratificación del T-MEC con EUA y Canadá y ahora frente a los incesantes embates de Trump en campaña que si bien, nunca nos ha dejado respirar, es ahora cuando más cautela se debe tener para no ocasionar un desajuste económico o convertirnos en un país completamente sumiso a los intereses del presidente Trump, que como se ha mostrado, no necesariamente son los intereses de los EUA como nación.

Derivado del famoso tuit que el presidente Trump, lanzó amenazando con una alza en los aranceles del 5%, los funcionarios de la 4T, se vieron (por instrucciones de su jefe) obligados a reaccionar de manera inmediata, poco preparada y sin una claridad de a quién dirigirse en los EUA; es así que salieron encabezados por el supercanciller Ebrard que en compañía de otros altos funcionarios del gobierno arribó a Washington y que gracias a las acciones del yerno del presidente y asesor, Jared Kushner, fue posible abrir una agenda de trabajo. Cabe destacar la ironía de que sin las acciones del tan criticado Kushner la agenda de trabajo posiblemente no se hubiera concretado en tan corto plazo y que el supercanciller Ebrard y su equipo de trabajo deben reconocer que es un contacto heredado de la administración peñista y particularmente del ex canciller Videgaray.

De lo anterior partimos, que en lo negativo el gobierno de nuestro país ha demostrado que con una clásica táctica de negocios del presidente Trump se pone nervioso, reacciona al instante y sale disparado al encuentro con funcionarios que no se encuentran en su país, sin establecer un calendario de trabajo y dejando en una mala posición al canciller Ebrard, que sabe perfectamente que jamás se sale “corriendo” al momento de una crisis, nos deja un mal sabor de boca el poco protocolo que se maneja actualmente en la 4T. Lo positivo viene gracias a que se pudo realizar en un (muy) corto plazo una agenda de trabajo con el secretario de Estado, Mike Pompeo y seguramente no será la última vez que hagamos uso de este recurso. Lo deseable es que los funcionarios de la 4T, sean más conscientes en el futuro (ya que sabemos no será la única ocasión que se suscitará una situación diplomática de urgencia) que por algo existen protocolos entre funcionarios de alto nivel, la Embajada de México en EUA, ni sus luces y es la primera línea de contacto y negociación de nuestro país en Washington que a través de ella se establece una agenda de trabajo formal y se estructuran los puntos a negociar con nuestras contrapartes estadounidenses.

En otras ocasiones, hemos marcado énfasis en este espacio, que el presidente Trump, se encuentra en periodo de campaña política, su único objetivo es alcanzar la reelección y hará todo lo que se encuentre a su alcance para lograrlo. El tema arancelario, cuya imposición es unilateral y exclusivamente por disposición del Ejecutivo fue gracias a que utilizó la Ley de Poderes Económicos Internacionales de Emergencia (IEEPA) de 1977. Dicha ley le ha dado una palanca adicional de fuerza no sólo para estimular a su base política, sino para maniobrar con nuestro país a su complacencia en los temas que nos tienen vinculados como migración, seguridad, comercio, entre otros.

A partir de ahora le toca a México comprender que no existen garantías formales de que el presidente estadounidense no imponga aranceles en el momento que lo desee, hasta ahora como parte de los acuerdos alcanzados nos ha dado un periodo de gracia de 45 días (que anteriormente se dijo serían de 90 días) para que nuestro país controle el tema migratorio. No es de extrañar cómo es que un tema arancelario termina siendo resuelto con un tema migratorio –algo así como peras y manzanas del mismo árbol – pero como todo en política exterior, la mayoría de los temas tienen distintas variables y el pretexto arancelario fue para colocar un “muro” como lo desea el presidente Trump, pues no está satisfecho con la situación en su frontera sur con nuestro país y el masivo intento de migrantes Centroamericanos por llegar a los EUA, no pasará mucho para que exija a nuestro país convertirse en “tercer país seguro”.

Ahora se le ha encomendado a nuestro Canciller Marcelo Ebrard, no sólo frenar los embates con los EUA, sino también tomar control del tema migratorio en nuestro país, cuando es competencia de la Secretaría de Gobernación a través de su titular Olga Sánchez Cordero y en particular del INM.

Parte de los acuerdos alcanzados fue el envío de 6 mil efectivos de la Guardia Nacional a la frontera sur. Lo bueno es que la 4T ya está generando acciones para buscar una solución al tema migratorio que afecta a los EUA y a nuestro país. Lo malo es que es una acción –casi- inútil y que no resuelve nada, aunque se enviaran 10 mil efectivos ¿qué van a hacer cuando llegue una nueva caravana masiva?, utilizar el uso de la fuerza o entregarse a la población enardecida entregando sus armas, son opciones que nos dejarán en ridículo frente a otros actores internacionales y demostrarán que la presencia militar es fútil. Lo deseable es que la 4T, comience a utilizar todo esos recursos que ha estado acumulando en nombre de la austeridad y comience a buscar una solución de mediano y largo plazo en la frontera sur, inversión en infraestructura para un seguro y ordenado paso fronterizo de personas, bienes y servicios, cooperación conjunta con los países del triángulo del Norte y un acuerdo económico con los EUA para canalizar recursos adicionales para estancias migratorias conjuntas, seguridad en materia de armamento y estupefacientes y un control administrativo con tecnología de punta que registre los movimientos migratorios.

La tarea para el supercanciller no es poca y mucho menos sencilla, aparentemente el presidente López Obrador, se ha dado cuenta que en sus manos todos los asuntos en materia internacional estarán resueltos. Lo malo es que él (AMLO) es el presidente de la República, nadie sabe si no atiende la agenda internacional porque no le interesa o porque no la entiende y esperemos que el supercanciller haga nuevamente uso de su nueva influencia para hacerlo entrar en razón. Lo bueno, es que la diplomacia mexicana ha respondido acorde con los embates de nuestro vecino del norte, consiguiendo un terreno positivo. Lo deseable es que se haga entrar en razón a la 4T, que mientras más reaccionemos de manera inapropiada frente a nuestro vecino del norte, cada vez más nos pedirán “atender” asuntos que son más de su interés nacional que de nuestro país, hasta que lleguemos a un punto de quiebre donde todo lo negociado, alcanzado y analizado será inútil y volvamos a partir desde cero.

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