El riesgo para las mujeres de volver a la ‘normalidad’

Es retornar a las lápidas de las muertas de Juárez. Entonces, ¿cuál es el siguiente paso?

Compartir:

Muchas veces hemos y nos han dicho que no dejemos las cosas a la desidia.
Y esa parece ser un signo distintivo del mexicano. El famoso “ay, al rato”.
No llegamos a tanto, pero tampoco nos acercamos a la filosofía cartesiana del “pienso y luego existo”. Acá desasociamos las partes de un razonamiento.
Sentimos la violencia, la rechazamos, protestamos (mujeres u hombres), luego seguimos existiendo, pero en el plano de siempre. No avanzamos.
Nos pasa seguido en cuestiones electorales. Somo el país, dicen, con el mayor catálogo de leyes sobre elecciones, reformas, códigos, siglas, pero los conteos muy seguido nos salen mal. Nos seguimos acusando mutuamente de tranzas. De comprar votos regalando tortas, refrescos, dinero, patos, chivos, gallinas, marranos, cochinos, cerdos.
Proclamamos la “transformación” y hacemos credo de “no somos iguales”, pero cada sábado y domingo hay catecismo para la causa, pidiendo que, ¡cuidado!, no voten por los malos, sino por los buenos (“¿Ya les llegó su beca, su mensualidad?”).
Eso mismo puede ocurrir con el objetivo de los que fueron días memorables para las mujeres.
Más allá de los rounds ideológicos del domingo y lunes pasado, de la guerra de posicionamientos, de la Ciudad vacía, de las bombas molotov, de los desaires del Presidente López Obrador, de las defensoras del oficialismo con banderas socialistas, ¿qué sigue en el tema de la violencia contra las mujeres? ¿O damos por un hecho que una súper marcha y un paro de labores, por un día, acaban las agresiones y extinguen el machismo?
Por si no se han enterado y analizado, López Obrador dijo el martes pasado en su conferencia matutina, apenas unas horas después de la proeza femenina, que él continuará en lo suyo, combatiendo los feminicidios “atacando las causas”.
Es decir, empezando por el Presidente de la República, nada cambia. Su posición ante las muertes de mujeres, los abusos sexuales, es la misma que hace 16 meses cuando arrancó su administración (sí, la de la “transformación”); esperará hasta que todos seamos buenas personas, nos portemos bien, amemos al prójimo, ya no existan violadores, ni asesinos, así de fácil y, para un líder nacional, como él, pues sencillito.
Solo que eso podría ocurrir dentro de algunos 100, 200 años, o nunca.
Podríamos vivir con la esperanza en el bolsillo e intentar una sociedad con más moral y ética; se podría, pero debería basarse no en la mal llamada Reforma Educativa, pero tampoco en la bien llamada. Para los fines purificadores de la sociedad mexicana, primero se requieren leyes fuertes y, después, una educación muy distinta a la que hoy se profesa con ideales de un sindicato disidente, cuyos miembros han pasado la vida sangrando a los gobiernos y desmadrando calles.
Y, aun así, sabrá Dios si las próximas 10 generaciones alcancen a ver un ligero cambio.
Entonces, para irnos rápido, el Presidente no va a hacer nada. Ni su Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo; ni su Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. Ni los congresos, ni nadie. ¿Por qué? Pues porque se combatirán las causas, no a los locos.
En eso mismo, y pasado el paro y la marcha, qué dirán ahora “las mujeres del Presidente” que, al menos 8 y 9, sacaron su bandera de reclamo a un movimiento que ellas miraban usurpado, como Irma Eréndira Sandoval, Olga Sánchez Cordero y Dolores Padierna.
Pero eso tal vez no importe tanto como el qué van a hacer ahora los millones de mujeres que se quedaron en sus casas este 9 de marzo, y las miles que marcharon eufóricas el 8 en todo el país.
¿Cuál es la siguiente propuesta, convocatoria, de “Las Brujas del Mar”, de todos los colectivos que las siguieron; de las universitarias, las amas de casa, las profesionistas, las niñas?
Porque volver a la “normalidad” es volver al 7 de marzo, y de ahí hacia atrás, hacia la suerte infame de Fátima, de Ingrid, de Abril, de Joseline, hasta dar con las muertas de Juárez.
A las miles, millones, de mujeres que pararon el 9 y que marcharon el 8, ¿quién las guía? ¿Quién hablará, reclamará, ahora por ellas?
Si la proeza del 8 y 9 se frena, quienes tienen la responsabilidad de hacer que las cosas cambien seguirán haciéndose pato (que conste que no dije ganso).
Ya que empezaron, las mujeres no deben bajar los brazos.
¿Pero qué sigue? El gran riesgo es volver a la “normalidad”.

[email protected]

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...