El petate del muerto

Imperativo ponerles orejas de burro a asesores en cuestiones legales y constitucionales

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Si usted oía a tía Marucha amenazar a sus hijos (siete discípulos de Atila), sentía compasión por esos muchachos. Pero quienes la conocíamos, sabíamos que eran como eran porque la tía era incapaz de darles un coco, ya no diga, jalarles las patillas, por más que vociferara que los iba a despellejar vivos, a dejarlos paralíticos con la tranca de la puerta. Nada, todo quedaba en gritos y los siete magníficos barbajanes, siguieron siempre siendo como eran. Ya casados se domaron. Cosas de la vida, ya sabe usted.
Leer hoy el discurso de protesta al cargo de Presidente de la República de nuestro actual Titular del Poder Ejecutivo, mueve a la compasión. Es un documento redactado sin duda, con las mejores intenciones… pero equivale a la descripción de cómo se va a cabalgar un caballito de carrusel de feria, siendo esta nuestra risueña patria, un caballo cimarrón (mesteño), dominante, de gran alzada, de doma muy difícil, mañoso, que tira coces, mordidas, corcovea, salta y ha sido tan lastimado, que no confía ni en la más suave doma india. Le han hecho de todo. No cree ni en las más tiernas palabras.
Declaró sinceramente en ese discurso asumiendo la inmensa responsabilidad de Presidente de México: “No tengo derecho a fallar”… no, señor Presidente, el derecho a fallar no existe (los que le escriben o deberían revisar sus discursos, ya podrían comprarse o pedir prestado un diccionario; en Internet, el de la Academia de la Lengua Española, es gratis). Aunque le parezca increíble, créalo: ningún Presidente ha creído contar con la facultad de fallar… y la mayoría ha fallado, quién más, quién menos y con sus honorabilísimas excepciones (casi en singuar), porque la realidad verdadera de esta nación es muy compleja.
No basta la buena intención ni muchísimo menos honestidad (que hemos tenido varios presidente no tan pocos, asómbrese, honestos a carta cabal: Calles, Ávila Camacho, Ruiz Cortines, López Mateos, De la Madrid, Calderón, por gordo que caiga a este su textoservidor, ladrón no fue), exactamente igual que la honorabilidad de una decentísima señora no la hace buena esposa, que puede ser una cochambrosa ama de casa, pésima cocinera, bulto en la cama y bigotona, que por honorable que sea, la bota el marido. Y al revés también; no basta que un señor sea trabajador y fiel para que por eso sea buen marido, que si es apático en las cuestiones de libídine, panzón, se rasca las narices en público, emite sonoras flatulencias en el lecho matrimonial y es una fábrica ambulante de mugre, igual la esposa lo deja o le corona la testa, recurso no tan excepcional, no se ande creyendo usted que aguantan a su orangután chancla pata de gallo por santas).
Se autoproclamó “(…) soy juarista y cardenista, también soy maderista y partidario del sufragio efectivo y de la no reelección”. Bueno, nomás faltaba que no. Hay aclaraciones que ponen los pelos de punta.
Dijo en referencia a lo anterior: “(…) dejo en claro que bajo ninguna circunstancia habré de reelegirme, por el contrario, me someteré a la revocación del mandato porque deseo que el pueblo siempre tenga las riendas del poder en sus manos. En dos años y medio habrá una consulta y se les preguntará a los ciudadanos si quieren que el Presidente de la República se mantenga en el cargo o que pida licencia, porque el pueblo pone y el pueblo quita (…). En beisbol (que tanto le gusta), eso es “strike”, abanicó gacho: ¿de cuándo acá tiene esa facultad el pueblo?… tal vez se la otorgue el Poder Legislativo, tal vez no.
Pero quedemos claros de una vez: si se autoriza en el Congreso nacional semejante esperpento, don Andrés nos va a dejar el país hecho tiras. Él va a ganar su ratificación de seguro, sin duda, pero los demás presidentes se van a dedicar los primeros tres años sólo a trabajar para ganar su segunda elección y los segundos tres años, son muy pocos para conseguir algo. Moderación, de rodillas se suplica: moderación.
Y lo de que “el pueblo pone y el pueblo quita”, aplica a otro tipo de regímenes, no al presidencialista que es el nuestro. En el parlamentario, cambian de gobierno y a nadie se le mueve un pelo del copete, pero es tan, pero tan absolutamente diferente a nuestro sistema que es dar pena usar esa frase en nuestro régimen de gobierno. (¿Qué de veras no tiene alguien menos populachero para hacerle proyectos de discurso?… ¿o los hará él personalmente?)
Todo esto viene a cuento porque el 8 de abril el Presidente afirmó que si los de la CNTE no aceptan la desreforma propuesta por él, la retirará del Legislativo para dejar vigente la reforma de Peña Nieto, cosa no tan fácil, porque ya es un hecho que está presentada; y luego, el 13 de abril, subió más la vara, en un mitin en Campeche, afirmando: “Nosotros vamos a estar dialogando con todos hasta que haya un acuerdo, pero si se tardan mucho y no hay ningún acuerdo voy a sacar un decreto abrogando, quitando la mal llamada reforma educativa (la de 2013, la de Peña Nieto, la vigente).
…¡chin!, con la pena: eso no lo puede hacer, va contra el segundo párrafo del artículo 49 de la Constitución: no puede quedar el Legislativo en un individuo, salvo en el caso de facultades extraordinarias al Ejecutivo de la Unión, conforme a lo dispuesto en el artículo 29 (casos de invasión, perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto), con la aprobación del Congreso de la Unión o de la Comisión Permanente y en ningún otro caso, salvo lo dispuesto en el segundo párrafo del artículo 131, que sí otorga facultades extraordinarias para legislar (pero habla de las cuotas de las tarifas de exportación e importación y cosas de esa materia). Nada de educación.
Señor Presidente: ya póngale orejas de burro a los que lo asesoran en cuestiones legales y constitucionales. Mejor: córralos. Porque aunque pudiera igual necesitaría la aprobación del Congreso.
¿Y qué es tardar mucho?
No sé a usted, pero a los de la CNTE no los asusta con el petate del muerto.

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