El país caliente y la Segob avivando fuego

Una respuesta corregida, en horas, de Olga Sánchez Cordero desata controversia sobre estrategia de AMLO ante el crimen organizado

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Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, desató el nudo y la polémica

Las guerras, nos lo han enseñado la Historia y la Literatura, se ganan o se terminan sólo al cumplirse una de estas dos fases: Una de las partes resulta victoriosa o se firma un armisticio.

La primera es dolorosa y las consecuencias para el perdedor son, a veces, irreparables.

La segunda implica, necesariamente, la existencia de un diálogo.

En las dos últimas décadas del Siglo XX, y las dos primeras del XXI, las “guerras” más frecuentes han sido las que se libran hacia el interior de los países, por ideologías o por grupos de poder de facto, uno de ellos las mafias y cárteles de las drogas; otros las religiones.

México, como en su tiempo Colombia, ejemplo más preciso, ha librado, en los últimos años, una “guerra” con al menos cinco cárteles considerados de alta peligrosidad a nivel mundial. A partir de ellos, sobre todo del que encabezó Joaquín “El Chapo” Guzmán, estas agrupaciones se han dividido y diseminado; algunas han desaparecido o han sido aniquiladas a veces por el Gobierno, a veces por sus propios contrincantes, en una imparable encarnizada lucha territorial.

Sin embargo, bajo estos grupos armados delincuenciales, el crimen se ha atomizado. Como prácticas accesorias tienen el secuestro, la extorsión; a la que sigue una tercera capa que imita o se ve seducida por el libertinaje de las dos primeras e invade las ciudades más importantes con delitos considerados del fuero común, robo a mano armada (transeúntes, transporte, casa-habitación, restaurantes), violación sexual, secuestro exprés.

Todo es un molotov que al paso, ya, de dos sexenios completos, y casi un año de otro, sigue siendo el apuro más dramático del gobierno y la sociedad mexicana.

¿Y QUÉ SI HAY DIÁLOGO?

Después de nueve meses de gobierno, el punto sobre el combate a la violencia y la inseguridad en el país está en donde lo han venido colocando las propias autoridades: El enredo, las versiones diversificadas, cuestionamiento internacional y, lo peor, falta de resultados.

Atrás de todo, sin embargo, continúa la incógnita sobre la real estrategia contra el flagelo que ha mantenido al país sobre charcos de sangre la última década y media.

Ante los altos índices de delincuencia, sobre todo de grupos armados, cárteles o “autodefensas”, era cuestión de días, o semanas, para que el asunto reventara.

Cierto que el nivel de emergencia no es en todo el país, incluso, así lo hemos dicho, desechando hasta las advertencias de campaña política antes de que éste gobierno ganara la elección de julio del año pasado, cuando se repetía que México estaba en “guerra”.

El crimen (organizado o desorganizado), hasta ahora, ha ganado la partida a los tres niveles de gobierno diga lo que se diga, canse quien se canse.

Las autoridades no encuentran la cuadratura al círculo y los criminales sólo actúan donde ven la oportunidad y el modo.

Así, como lo reconoció el Presidente Andrés Manuel López Obrador hace algunas semanas, la delincuencia organizada pega a al menos 10 entidades (“las que alteran el promedio de homicidios”, dijo el 23 de julio pasado), entre ellas, por ahora la más afectada, Guanajuato, siguiéndole Veracruz, Morelos, Jalisco, Sinaloa, Baja California, Quintana Roo y otras.

Pero hay ciudades en donde se ensañan no grupos delictivos contra grupos delictivos, sino contra la ciudadanía. Eso ocurre, por ejemplo, en la Ciudad de México, en donde el asalto a cuentahabientes, conductores y restaurantes, así como la violencia contra las mujeres, parece deporte diario. Las balaceras son el pan de cada día.

Las últimas semanas, los resultados, a la vista, traen apresurados y medio vueltos locos a los encargados de la seguridad en la Capital del país.

Pero luego están el secuestro y la extorsión, que afectan también a ciertos estados en donde el crimen organizado aún no ha instalado sus cimientos.

Siendo la seguridad de los mexicanos una de las prioridades del gobierno, porque así lo asumieron todos los candidatos presidenciales antes del proceso electoral del 1 de julio del 2018, y porque quizá, junto con la baja calidad de vida, son lo más notable, hoy podemos mencionar los momentos más destacados, en nueve meses, sobre la acción del Estado para afrontar esta realidad:

1.- La promesa de una “amnistía” a grupos y miembros del crimen organizado, planteamiento que se fue diluyendo, modificando, negándose. Pero parte de él se incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo.

2.- El anuncio de la formal creación de la Guardia Nacional, que en su incipiente arranque, sin una capacitación real a la vista sobre los puntos concretos para los que, se supone, fue creada, sólo portando gafetes con las siglas GN, ha puesto en operación a miembros del Ejército, Marina y Policía Federal. Los resultados, sin buscar cifras, sólo viendo y conociendo hechos trágicos diarios, siguen pendientes. Existe mucha probabilidad de que éstos se den.

La Guardia Nacional, recién creada bajo conceptos distintos para enfrentar la inseguridad, uno de los primeros pasos para concretar la paz

3.- Un punto muy a favor del Gobierno Federal y, como los otros, bastante visible y de reconocer, el combate al “huachicoleo”, cuyos operativos, hay que decirlo, dieron resultados. Los grupos dedicados al robo de combustible están replegados.

4.- La prisa por conformar la Guardia Nacional generó un conflicto con elementos de la Policía Federal, a quienes, en un principio, se les intentó arrebatar ciertos derechos legales y obtenidos por años de labor, pero hasta ahora no han cedido; las manifestaciones continúan.

5.- El último movimiento, surgido de boca de la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, “sin querer queriendo”, es el que ha puesto sobre la mesa el verdadero nivel de la estrategia contra la violencia y la inseguridad.

Y a partir de su respuesta a la pregunta de un reportero que claramente se refirió a “crimen organizado” es que consideramos que estando el país caliente, por no decir, exageradamente, que en llamas, y ni siquiera admitiendo una “guerra” como tal, la encargada de los asuntos internos del país ha avivado el fuego.
Sánchez Cordero alborotó las redacciones el martes pasado, 20 de agosto, cuando a la pregunta: “Sobre este tema que hablaba usted, sobre los grupos del crimen organizado en Guerrero, ¿están buscando una tregua?”, respondió:

“No, estamos dialogando ahorita; estamos dialogando con muchos grupos, y… de verdad, nos han manifestado ya, que no quieren seguir en esta violencia, que ellos quieren deponer las armas y quieren caminar hacia la paz”.
La titular de la Segob nunca hizo hincapié en que ella se refería, para darle el beneficio de la duda, a grupos de “autodefensa”, es decir, hombres civiles armados para defender determinada zona o población, con o sin aprobación legal.

Y, entonces, ardió Roma.

Los redactores y editores dimos por un hecho que, por fin, el Gobierno Federal se abría y admitía una posición de intervención directa, mediante el diálogo o la negociación, por qué no, frente a los líderes del crimen organizado y cualquier otro protagonista de la violencia en México.

Pero partiendo de que lo que dijo no era lo que quería afirmar, o sea, referirse al crimen organizado, o pensando en una reacción negativa de sus oponentes, de los “conservas”, los neoliberales, o hasta del propio “pueblo sabio” o, más aún, en una respuesta demasiado anticipada, Gobernación enmendó rápidamente a partir de que la Agencia de Noticias del Estado (Notimex) difundió la nota ya casi entrada la noche de ese 20 de agosto.

“(Todo fue) producto de ‘una lamentable edición de declaraciones’ vertidas el día de hoy por la Secretaria de Gobernación”, cubrió la dependencia a su titular.

¿Cuál es el temor? Creo que si un diálogo termina con años de violencia, dolor y muerte, la opción no degrada; al revés, resulta la mejor.

‘ESTRATEGIA, NO OCURRENCIAS’

Entonces, ¿de qué estamos hablando?

El Presidente rechazó las dos opciones, ni con “autodefensas” ni con líderes del crimen organizado.
Negó las dos versiones de Gobernación. Primero la de Sánchez Cordero; luego la del subsecretario Ricardo Peralta, quien, además, acudió, de “motu proprio”, a La Huacana, Michoacán, a encabezar, acompañado de José Manuel Mireles, ex líder de “autodefensas”, el arranque de un parque agroindustrial en apoyo a esas agrupaciones.

Ricardo Peralta, subsecretario de Gobernación, acudió a La Huacana, Michoacán, a inaugurar una obra agroindustrial. Lo acompañó José Manuel Mireles, ex fundador de grupos de ‘autodefensas’

Sin embargo, el viernes por la mañana, en Villahermosa, Tabasco, el Presidente anunció que el próximo año iniciará el plan de pacificación del país, que incluye la amnistía a delincuentes.

Aseguró que se trata de opciones de “inserción”, de quiénes podrán incorporarse y quiénes no. “Es una estrategia; no son ocurrencias”, expresó.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador dio el viernes ‘otro banderazo’ desde Villahermosa, Tabasco: El próximo año iniciará el plan de pacificación del país, que incluye la amnistía a delincuentes

Pero, entonces, ¿hay o habrá diálogo? ¿Comenzaron los acercamientos?

Preguntan que con quién. Pues con los líderes. Como se hace en países en donde existen mafias y crimen organizado, pero no desangran a la ciudadanía ni se acribillan en público.

¿O a poco debemos creer que a la Camorra, anterior a la Cosa Nostra (todavía incrustada en Estados Unidos, que muy calladito lo tienen), a la Tríada china o a la Yakuza japonesa, las borró del mapa una amnistía? Siguen vivitas y coleando, y surtiendo al gran mercado mundial de consumidores.

Sólo que para su actividad crearon códigos de honor, como cualquier “cártel” que cumpla los requisitos, aunque ilegales, para mantenerse en la clandestinidad, y en ello va la parte del Estado. El “Omertá” es uno de ellos.

Desde el martes pasado, las palabras de Sánchez Cordero desataron una nueva tormenta en el gobierno de López Obrador.

El ingrediente extra es que la inseguridad y la violencia no bajan.

Fernando Herrera, vocero del PAN, dijo que las reuniones del Gobierno Federal con grupos armados de Tamaulipas y de Michoacán son un hecho y que están plenamente documentadas.

Lo que está en duda, añadió, es el alcance de las negociaciones.

Fernando Herrera, vocero del PAN. Las reuniones con grupos armados, ‘autodefensas’ o delincuentes, asegura, están documentadas

Herrera debe tener información de primera mano, pues el Gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, es de extracción panista. En Michoacán, lo mismo, Silvano Aureoles es perredista.

De acuerdo al PAN, el gobierno de López Obrador mantendría desde febrero pasado, cuando el Presidente declaró que ya no había guerra con el crimen organizado, una amnistía de facto.

Aunque algo ha faltado (¿los códigos de honor?) o, de plano, a la mafia mexicana no le importa ser o parecer un poder vencido porque, durante este año, los hechos de terror hablan por sí mismos.

“La estrategia de seguridad del Gobierno de México se adentra ahora en el terreno de lo conceptual”, publica el periódico español El País.

“El anuncio, esta semana, de las conversaciones entre la administración de Andrés Manuel López Obrador con grupos armados ha desatado una pelea por la retórica. Autodefensas o crimen organizado. Diálogo o negociación. Criminales o estigmatizados”.

Y agrega el diario español: “Una serie de disyuntivas que ha puesto en duda la capacidad del Ejecutivo para trazar lineamientos claros sobre el proceso de pacificación: Con quién se va a dialogar y qué se va a ofrecer a cambio de que depongan las armas”.

En los últimos años, un personaje de la Iglesia Católica ha puesto el ejemplo no sólo a este gobierno, sino a los anteriores.

Salvador Rangel Mendoza, Obispo de Chilpancingo-Chilapa, en Guerrero, sugiere, como él lo ha hecho en su espacio clerical, que el Gobierno Federal enfrente el problema de la violencia “sin prejuicios”. Así se lo dijo al periódico El Universal en una entrevista.

“Es falso eso que dice el gobierno de que la institucionalidad no puede dialogar con delincuentes; ¿eso dónde está escrito; de dónde sale?”, expresó Rangel Mendoza.

“Como fraile franciscano siempre he apoyado el diálogo. Se tiene que hablar con todo el mundo, ya sea con las ‘autodefensas’ o con los grupos de narcotraficantes”, agregó.

Salvador Rangel Mendoza, Obispo de Chilpancingo-Chilapa. ‘Que el Gobierno Federal enfrente la violencia sin prejuicios’

La avalancha de reacciones, todavía el viernes, no paraba.

Y es que, tal vez sin querer o queriendo, Sánchez Cordero desató un nudo. Abrió la caja de Pandora.
Volvamos a lo de la guerra. La victoria es honrosa, pero para ella se debe pelear. Este gobierno ya no quiere pelear; así lo ha dicho. Además, puede perder.

Queda, entonces, el armisticio (¿bajo códigos de honor?). El diálogo, con el que, al menos, se frenaría el caudal de sangre. La afrenta.

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@RobertoCZga

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