El medallista

Luis Miranda lo sustituye en la Sedesol. En tanto, el ahora ex titular de la SHCP no va al limbo, sino al taller de acuñación. ¿Cómo destemplar a uno de los pilares del proyecto Peña Nieto?

Compartir:

> En otro momento político y circunstancias, aunque la de la visita de Donald Trump a México fue la coyuntura, no habrían faltado al ágape Eruviel Ávila, Aurelio Nuño y Manlio Fabio Beltrones

En el deporte y en las andanzas arduas se acostumbra aconsejar el “más vale paso que dure y no trote que canse”.

O, como decía la antiquísima publicidad de las tiendas de ropa de don Arturo en Monterrey, para comprar ahora y pagar “paso a paso, despacito”.

El temple y constancia no son ajenos a la política. Vivimos tiempos de Olimpiada y Paralimpiada. En la primera, apenas hace unas semanas, no nos fue mejor que siempre; quizá algo peor, pero con el ingrediente de que el responsable de la Comisión Nacional del Deporte, Alfredo Castillo, se paseó, durante dos semanas, por Rio del brazo de su novia, coleccionando medallas de improperios por la actuación de la mayoría de la delegación mexicana.

Entonces, en el deporte mexicano no hubo medallero.

En cambio, en política hay quien casi se las cuelga todas. Bueno, hasta, ahora todas de plata, aunque muchos lo apuntan para la de oro.

Es José Antonio Meade, hoy Secretario de Hacienda, pero ex de Energía, Sedesol y Relaciones Exteriores. En Hacienda repite por segunda ocasión, primero con Felipe Calderón y ahora con Enrique Peña Nieto.

El 7 de enero de 2011, Calderón lo designó Secretario de Energía.

El 9 de septiembre del mismo año, ocho meses después de tomar las riendas de la Sener, el propio ex presidente panista lo nombra Secretario de Hacienda.

Concluye la administración de Calderón, el PRI retorna a Los Pinos con Peña Nieto, pero Meade no queda en el aire.

Fue el único colaborador de primera línea de Calderón que no hizo parada y que se integró al equipo de la nueva Alternancia.

El 1 de diciembre de 2012 inició como Secretario de Relaciones Exteriores dentro del gabinete del Presidente Peña, ya en funciones. Y le siguió de frente.

Como titular de Relaciones Exteriores fue reconocido por la revista “Foreign Policy” como una de las 500 personas más influyentes en el mundo.

El 27 de agosto de 2015, Peña realiza su primera ronda de modificaciones al Gabinete y lo designa Secretario de Desarrollo Social.

El pasado miércoles 7 de septiembre, el Mandatario federal lo vuelve a reubicar en la Secretaría de Hacienda.

En sus cinco carteras, Meade ha reemplazado a Georgina Kessel, en Energía, a Ernesto Cordero y Luis Videgaray, en Hacienda, a Patricia Espinosa, en Relaciones Exteriores, y a Rosario Robles, en Desarrollo Social.

Si hacer política fuera como patear el balón por los estadios, José Antonio, “Pepe”, como le llaman todos sus amigos, que rieron y convivieron con él (no ocurrió otra cosa) la semana pasada, cuando el Presidente anunció que aceptaba su renuncia (con un guiño de ojos, invisible, de por medio entre ambos), hoy sería el segundo Antonio “La Tota” Carvajal o “El Cinco Copas”, por ser el único mexicano que ha participado en cinco mundiales de futbol.

Meade, ¿“El Cinco Medallas”?

TRUMP, GRILLA, AZORO… Y ESTRATEGIA

Quizá en el contexto político debiéramos hablar de medallistas y no de “el medallista”. Vamos, junto a Meade incluir a Videgaray.

Tampoco dejar fuera, si debemos ubicar el contexto de su segunda llegada a la Secretaría de Hacienda, a Luis Miranda. Aunque el mexiquense apenas suba a los podios.

Más aún, “el medallista” o “los medallistas” son clave importante de cara a los compromisos de partido (PRI) que vienen.

Es decir, uno ya trae colgadas las medallas como “El Cinco Copas”; el otro, una, pero mucho metal sin acuñar, y va por las suyas.

En el podio del miércoles pasado no hubo caras largas. Todos los presentes entendieron la jugada-movimiento. De los no presentes, muchos contadores de historias también lo entendieron. Otros la vieron o usaron al revés, y unos más le creyeron a López Obrador o a Trump.

De hecho, en el evento faltaron sólo tres personajes más para redondear el ágape, más que, como muchos pretendieron encasillarlo, el entorno fúnebre.

Miguel Osorio estaba con presencia obligada. Uno de sus principales colaboradores, Miranda, era cedido para sustituir a Meade.

De haber sido otro el tiempo, y otra la circunstancia, que quizá no tarde en darse, y no la de la molestia fingida de muchos por la visita de Donald Trump a México, Eruviel Ávila habría estado ahí de manera natural. O Aurelio Nuño, quien sigue repasando lecciones. O Manlio Fabio Beltrones, quien aún permanece en pose zen (de meditación), pero los cambios en el Gabinete, la semana pasada, fueron ejecutados aprovechando la coyuntura facilitada por el mismo efecto Trump.

Permitiéndole todo el margen de triunfalismo (“la gente que arregló el viaje -a México- ha sido forzada a salir del gobierno. Así de bien nos fue”, dijo en un foro televisivo en Washington), Peña Nieto le arrebató el arma.

La dificultad para aceptarle la renuncia, una real y otra quién sabe, a Osorio, y la posible de Claudia Ruiz Massieu, se dio con demasiada facilidad con Videgaray. Es decir, diría la CNTE, se baja el cero y no contiene.

Pues, bueno, el suceso no tiene vuelta de hoja. Nada que ver con las modificaciones de agosto de 2015.

Esta vez, un asunto banal abonó a uno de trascendencia sexenal.

Esta vez, dos movimientos de talla olímpica ocurrieron. Meade alcanzó las cinco medallas y Videgaray, con la suya, de la mejor aleación, dicen, va al taller de acuñación.

De hecho, los cambios realizados, la semana pasada, por Peña no sirven para nada si de enmendar errores se trata, como lo asegurara Andrés Manuel López Obrador. Son cambios mínimos con metas máximas, sobre todo de reacomodo estratégico.

En otro artículo se dijo que, incluso, durante el anuncio de los cambios, a Videgaray no se le ve cara larga, sino, todo lo contrario, sonriente.

Pero el más feliz, creemos, era el medallista.

Porque todavía el viernes, después de cumplir, el jueves, su primer encargo como Secretario de Hacienda, el de entregar al Congreso la propuesta presupuestal para el 2017, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Mancera, preguntaba de qué se reía.

No creo que de los 239 mil millones de pesos de ajuste.

Tal vez, sí, de su facilidad para acumular medallas.

[email protected]

[email protected]

www.sextopatio.com.mx

Twitter: @RobertoCZga

Compartir: