El líder culpa y perdona, en Palacio Nacional, con dos varas, una para cada moral

López Obrador no dudó en exonerar a Manuel Bartlett, a pesar de la evidencia de enriquecimiento inexplicable, una posición opuesta al enjuiciamiento moral contra los que considera ‘adversarios’ y opositores, contra los organismos autónomos y los medios de comunicación no alineados

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En ningún momento dudó Andrés Manuel López Obrador en denostar con información periodística, en una de las conferencias de Palacio Nacional, al ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Eduardo Medina Mora, que lo acusaba de enriquecimiento inexplicable.

Lo hizo a partir de datos falsos publicados, en El Universal, por Salvador García Soto sobre presuntas cuentas bancarias en libras esterlinas y dólares que al ser aclarado resultaron pesos mexicanos, esto es, al menos la vigésima parte de la acusación.

En esos momentos, la presunción de inocencia no le importó al Presidente; se trataba de golpear al Poder Judicial, en especial a la Suprema Corte, como parte de una estrategia para utilizar cualquier situación aprovechable para tales propósitos.

Una situación totalmente opuesta ocurrió en la conferencia mañanera del viernes.

El presidente no dudó en exonerar, de inmediato, al director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz, personaje central de un reportaje de Areli Quintero publicado por Carlos Loret de Mola, el cual registra evidencia suficiente sobre enriquecimiento inexplicable como para que el Ejecutivo ordene una investigación tratándose de uno de sus funcionarios más cuestionados hasta por los propios morenistas, como Tatiana Clouthier Carrillo, quien rechazó una subsecretaría en Gobernación por el nombramiento de Bartlett como titular de la CFE.

Al parecer, en la Cuarta Transformación, la presunción de inocencia es un beneficio para los amigos y para los miembros de la cofradía en el gobierno; así ocurrió con el superdelegado de Jalisco, Carlos Lomelí, a la postre insostenible en el puesto, renunciado por la evidencia de manejo oscuro de contratos en los que involucró a una red familiar.

El jueves, la Secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, defendió, en una entrevista casual, videograbada, al funcionario Bartlett Díaz sin siquiera molestarse en investigar los datos del reportaje antes de dar una opinión profesional como parte de la función principal de su Secretaría.

Las implicaciones son brutales. El presumible cambio de régimen, “y no sólo de gobierno”, como dice López Obrador, implementa una mecánica de persecución y absolución de acuerdo a quién se trate.

Bastaron unos datos superfluos para que la Unidad de Inteligencia Financiera de Santiago Nieto Castillo investigara, congelara cuentas y obtuviera una orden de aprehensión contra la madre del ex director de Pemex Emilio Lozoya Austin como resultante vengadora de la frustración al no poder capturar al presunto implicado y, así, forzarlo a entregarse a cambio de evitarle a su madre la humillación.

No les dio resultado.

No digo que Lozoya sea inocente; eso le corresponde a un juez, pero la ausencia de objetividad al adoptar una actitud inquisitoria en unos casos y piadosa en otros es totalmente perversa y va encaminada a justificar a la ineptocracia que estamos viviendo, terriblemente atorada en el tema de seguridad, como reflejo de la incapacidad para solucionar problemas.

Si comparamos los elementos de juicio para tomar la decisión de investigar a Medina Mora con recortes de periódico e información falsa, y exonerar desde el podio de Palacio Nacional a Manuel Bartlett, simplemente, porque el Presidente dice que le tiene confianza y que la publicación del reportaje de Loret de Mola corresponde a ataques políticos de sus adversarios y de los “conservadores” que no quieren que se construya el aeropuerto de Santa Lucía y están a favor de continuar el NAIM de Texcoco, pues sí, estamos en un problema de autoritarismo dictatorial sumamente peligroso.

¿A quién carajos le importa que el Presidente confíe en Manuel Bartlett si existe evidencia para investigarlo por enriquecimiento inexplicable y a partir de una red de corrupción familiar..?

Tampoco digo que el director de la CFE sea culpable de lo que lo acusa el reportaje de Carlos Loret; eso tendrá que investigarse y lo decidirá un juez, pero estamos viviendo tiempos en que desde Palacio Nacional se administra la justicia a partir de una óptica moral favorable a los amigos y desfavorable a los enemigos, y eso se llama terrorismo de Estado.

En este terrorismo de Estado totalmente ideologizado aparecen en medios de información personajes golpeadores externos como Epigmenio Ibarra, Abraham Mendieta, Antonio Attolini, Gibrán Ramírez y John Mill Ackerman Rose, esposo de Irma Sandoval, titular de la SFP, como avanzada para defender a la cofradía del régimen y, a la vez, como “sicarios” mediáticos contra los fantasmales adversarios, los organismos autónomos, como el Poder Judicial, el Instituto Nacional Electoral y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos -por poner sólo tres ejemplos-; los medios de comunicación no alineados, los librepensadores, etcétera.

Esta cofradía hace lo imposible por proveerse de herramientas legales de terror, como la Ley de Extinción de Dominio, y facultades para que el Ejecutivo someta a los organismos autónomos.

Por lo pronto, Manuel Bartlett resultó exonerado, el viernes, por un presunto líder que tiene dos varas, una para cada moral.

 

 

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