El legado, paz laboral

Tras 26 años de dirigir el Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros, Carlos Romero Deschamps hereda el mejor incentivo para Pemex, un gremio institucional y disciplinado

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En su despedida de los 36 dirigentes de las secciones petroleras, Carlos Romero Deschamps agradeció a los trabajadores haberle dado la oportunidad histórica (‘¡única! ¡única!’) de haber sido su secretario general por 26 años, sin retroceso en las conquistas de los trabajadores

En el amenazante torbellino que caracteriza las vísperas del cumplimiento del primer año en el poder de la Cuarta Transformación, la única buena noticia que tiene el Presidente López Obrador es la paz laboral que hereda Carlos Romero Deschamps a Pemex, condición necesaria para hacer realidad la intención presidencial de que la empresa petrolera sea la pieza fundamental de la economía mexicana.

Romper esa paz laboral, conseguida durante lustros de contacto permanente con la base, de lucha, sin retroceso, contra administraciones y gobiernos de siglas de todo tipo, incluso las del PRI, que parecían amigas, pero no lo fueron, se traduciría en una catástrofe nacional irresponsable.

No es lujo que gobierno alguno se pueda dar.

La paz laboral que vivió Pemex durante los 26 años de Romero Deschamps al frente del sindicato no fue fácil de mantener. La organización debió enfrentar todo tipo de gobiernos y administraciones, algunas sin el mínimo conocimiento ni idea del encargo que les confiaron.

Fue mantenida a pesar de la persecución presidencial y penal desatada en la era panista, vía el llamado Pemexgate, en contra del dirigente y del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, y la indiferencia de la cúpula gobernante de Enrique Peña Nieto, que no los hizo partícipes de la Reforma Energética e incluso arrebató al gremio los cinco puestos que tenía en el Consejo de Administración de la empresa productiva del Estado.

Si a pesar de todo se mantiene ahora es gracias a la unidad monolítica que Romero Deschamps logró conformar en torno a su liderazgo, que el lunes pasado concluyó, formalmente, con 61 años de servicio y 26 de dirigente nacional sin retroceso alguno, como exclamó al decir hasta luego.

El Presidente ha dicho que ni él ni su gobierno se entrometen en la vida sindical; no quitan ni ponen líderes. Sin entrar en debate, por ahora, su entorno no debe perder de vista que el gremio petrolero se ha caracterizado, en los últimos 26 años, por su institucionalidad hacia Pemex y su amor por México, pero también por su unidad indiscutible. Parecerá paradójico, pero hoy lo está más que nunca.

 

LA PESADILLA QUE DEBE EVITARSE

En su despedida de los 36 dirigentes de las secciones petroleras, Romero Deschamps agradeció a los trabajadores haberle dado la oportunidad histórica, “¡única! ¡única!”, de haber sido su secretario general por 26 años sin retroceso en las conquistas de los trabajadores.

“¡Sin ningún retroceso!”, fue el reconocimiento unánime de los 36 secretarios de las secciones de todo el país.

Trágico sería que una mala decisión, más que por deseos o consigna del Presidente, por la ambición y desconocimiento de los muchos que pululan en torno suyo, sedientos de poder y de negocios que deberían ser ajenos a la austeridad y al combate a la corrupción, con la embestida que ya preparan convirtieran en realidad las peores pesadillas que no han dejado dormir a los mandatarios en los últimos cinco lustros: El paro de los petroleros por un día, sólo uno, ni siquiera dos o tres; vaya, la pura negativa de los trabajadores de trabajar turnos extras, mucho menos parar por semanas, como lo suelen hacer, con impunidad y ganancias, los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Tendrá que batallar mucho quien intente romper la unidad monolítica de las 36 secciones sindicales, cuyos dirigentes fueron electos en octubre de 2018, como lo dijo Francisco Araiza, de la Sección 40, por decisión de Romero Deschamps. Lo hicieron conforme a las reglas de López Obrador, no contempladas en el estatuto gremial, es decir, con votaciones libres y directas, vigiladas por la autoridad; en algunos casos se registraron hasta cinco planillas.

Esos liderazgos nacieron, crecieron y se consolidaron a lo largo de los cinco lustros de gestión nacional del dirigente que al anunciar su retiro el miércoles pasado, en la sede nacional del STPRM, le manifestaron su sentir a través de Alfredo Mier y Concha, de la Sección 35: “No queremos que te vayas, Jefe”.

El líder les explicó que no son tiempos de ser egoísta, que le resultaba evidente que su presencia al frente del sindicato no es grata para el nuevo grupo gobernante, por lo que, en beneficio de la organización que tanto trabajo costó construir, llegó el momento de hacerse a un lado para “que encuentre un nuevo rumbo”.

Sin embargo, dijo, esa cerrazón que hoy existe tendrá que cambiar, pues tendrán que darse cuenta de que nuestra empresa no funciona sin el sindicato.

Esdras Romero Vega, de la emblemática Sección 1 de Tampico-Madero, interpretó el sentir de sus compañeros:

“Es difícil entender su decisión; nos duele… tantos y tantos logros. Nuestra sección, sin Usted, ya hubiera cerrado… no entendemos su renuncia; sólo Usted sabe lo que está viviendo, pero más allá de ser secretarios generales somos sus amigos de verdad. No le vamos a fallar. Usted ha sido nuestro padre, nuestro guía; hemos aprendido un sinnúmero de condiciones para poder interactuar con la administración… Usted antepuso todo para el bienestar de los trabajadores. En la última revisión contractual, contra su propia voluntad, tomó acuerdos y, al final, los trabajadores se lo agradecemos; obtuvimos beneficios como ninguna otra organización sindical…”.

Fue entonces que, acompañado por las “vivas” de sus compañeros, dijo: “No me despido; vamos a seguir con usted hasta donde lo permita… porque hoy más que nunca nuestra organización nos necesita unidos, fuertes, con la frente en alto…”.

 

‘GRACIAS POR LA LEALTAD…’

Edith Carrillo Díaz, de la Sección 31, señaló que “cada día te admiro y respeto más. Sé que esta decisión la has tomado por nosotros. Gracias por tu lealtad a la base trabajadora… por estas enseñanzas; esta unidad. Seguiremos luchando por poner en alto tu nombre porque tú nos enseñaste las palabras lealtad y unidad”.

Ana María Guevara, de la 33, le agradeció haberla enseñado a conducirse como dirigente.

Héctor Sosa, de la Sección 34, dijo lo mismo de otra manera: “Tenemos Carlos Romero para rato… estamos más que unidos por este hombre que entregó todo lo mejor; estamos fuertes; sólidos”.

“Jefe y amigo –añadió- es un día triste por la decisión que tomaste, pero ya basta de tanto ataque y hostigamiento a tu persona y familia cuando lo único que has hecho es sacar adelante a los trabajadores y sus familias… no aceptamos tu renuncia los 82 mil trabajadores que manifestamos nuestro apoyo en las urnas”.

Sergio Quiroz, de la Sección 30, de Poza Rica, le mencionó su admiración porque hasta en estos momentos difíciles demostró su grandeza: “Esta renuncia está más allá de lo que en alguna manera pueda perjudicarte, pero que no perjudique a la organización”.

Explicó que no hay sección que no pueda decir que Carlos no haya estado en su defensa. Más aún, “algunos no estaríamos si él no hubiera estado… eres una escuela, una institución; tu escuela debe rendir frutos; tenemos que demostrarlo en la unidad y haciendo bien las cosas… La era de Carlos Romero no reconoce ni un retroceso.

“En donde estés, cuenta con tus amigos ¡siempre!”.

Rubén Quintero, de la 46, de San Martín Texmelucan, se sumó a quienes se negaron a aceptar su renuncia. “Usted es historia que se está actualizando todos los días; sabemos que es una situación muy difícil, histórica, en el sindicato petrolero. Ojalá y su decisión sea meditada porque es un parteaguas en el sindicalismo nacional…

“La suma de sus logros está ahí: Pensiones, casas, préstamos, trabajo… Pemex está en condiciones difíciles, sin embargo, hasta hoy, ningún trabajador ha sido despedido… eso es lo que queremos siga existiendo…”.

Y por ese tenor siguieron las intervenciones de casi todos los asistentes a la emotiva reunión en la que Romero Deschamps anunció su retiro del liderazgo nacional.

Cerró la sesión el ex diputado Fernando Navarrete, calificando al 16 de octubre como un día triste para los petroleros, Pemex y el país.

“La mezquindad, la tortuosidad de espíritu, es implacable y avanza con sus oscuras sombras, pero contra eso, ante eso, tenemos el muy destacado ejemplo de dignidad y altura de miras; tu estatura como persona y dirigente, líder de una organización importantísima… hoy, lo menos que podemos expresar es nuestra gratitud por habernos permitido estar cerca de ti, conocer de tu compromiso, tu amor por Pemex; tu profunda convicción sindicalista, por el desarrollo del país, siempre indeclinable. Admirar al dirigente sensato, capaz, enterado de los quehaceres del país y de Pemex”.

Resumió lo dicho por los dirigente: “Carlos, puedes estar convencido que, hoy y por siempre, todos los petroleros estaremos detrás de ti para seguirte reconociendo y enalteciendo en tu vocación de dirigente del sindicato petrolero”.

Es necesario conocer este contexto a fin de que quienes pretendan aprovechar la circunstancia lo piensen seriamente porque el gremio petrolero salió fortalecido de la crisis del miércoles.

Y el gobierno sabe que para que Pemex pueda sortear los momentos que vive, quizás los más difíciles de su historia, necesita al sindicato unido e institucional, sobreponiendo a sus intereses los de la empresa y del país, incluso, como en los últimos 26 años.

Los planes presidenciales de convertir a Pemex, de nueva cuenta, en la piedra angular del desarrollo económico no incluyen una crisis laboral.

La paz laboral en Pemex vale todo.

 

UN AGRADECIMIENTO UNÁNIME:

Desde pedirle que no se fuera, hasta agradecerle su lealtad a los trabajadores, sus enseñanzas, sus logros y reiterarle una larga amistad, así se expresaron los dirigentes de las 36 secciones de trabajadores petroleros el pasado miércoles, en la sede nacional del gremio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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