El hombre del presidente

Más que cualquier otro colaborador cercano de Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard es, hoy, la figura del momento. Su agenda abarca desde temas de diplomacia hasta migración, seguridad y más

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A su llegada a México, tras su traslado desde Bolivia, en un trayecto de vuelo accidentado, Evo Morales fue recibido por Marcelo Ebrard en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México

Recuerdo cuando Elba Esther Gordillo me lo presentó como la última reserva de la Revolución. Todos éramos jóvenes, pero Marcelo Ebrard lo era mucho más. Ahora está en los 60, pero entre 1988 y 1994 era el motor, con Manuel Aguilera, en la búsqueda de Manuel Camacho de la candidatura presidencial del PRI. Al final, todos perdimos con la muerte de Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas.

La Revolución dejó de existir porque en el sexenio anterior, según dijo Miguel Osorio Chong, no estaba contemplada en la agenda; hoy intentarán revivirla con un desfile que ya no será deportivo, sino militar, pero Ebrard permanece como reserva, no la única, pero sí de las escasas que tiene la Cuarta Transformación.

Las circunstancias, pero muy en especial la decisión de Andrés Manuel López Obrador de convertirse en líder continental de la izquierda, han presentado a Ebrard la invaluable oportunidad de ser eje político principalísimo en cuestiones fundamentales de la 4T que necesariamente lo colocarán en la antesala de lo que no pudieron conseguir Camacho contra Colosio y él mismo cuando en 2012, aun en el PRD, compitió y perdió con Andrés Manuel López Obrador en una encuesta de cinco preguntas.

Sin pretensión de exhaustividad ni de respetar el orden cronológico recordemos que es operador, por derecho propio, del nuevo estilo en cuestiones migratorias centroamericanas con destino a Estados Unidos y que esta circunstancia lo llevó a absorber funciones de secretarías como las de Gobernación y Seguridad y Protección Ciudadana, sin contar las de otras dependencias porque, necesariamente, cuestiones como las de los aranceles y el Tratado Estados Unidos-México-Canadá han pasado también por sus manos.

Luego vinieron las tragedias en El Paso, Texas, y en Sonora, que lo colocaron, de nueva cuenta, en primerísimo plano; sólo faltó que también hubiera tenido que ver con el “culiacanazo”.

Después de los hechos, ocurridos en Sonora, contra la familia LeBarón, el primero que acudió a la escena del ataque fue Ebrard

 

CAPACIDAD PARA REACCIONAR Y NEGOCIAR

Hoy, la crisis política de Bolivia le permitió mostrar a sus compañeros de gabinete su rapidez insuperable para reaccionar, así como su capacidad de negociación interna, pero también con mandatarios de diversos países sudamericanos con los que obtuvo permiso y ayuda para que un avión de la Fuerza Aérea Mexicana rescatara a Evo Morales, cuya integridad peligraba en Bolivia después de ser obligado a renunciar no sólo a la Presidencia, sino a su pretensión de eternizarse en el poder.

A todas luces, Marcelo se ha exhibido como la figura política más completa y mejor formada del gabinete del Presidente López Obrador, como por décadas lo fue Manlio Fabio Beltrones en el PRI.

Es apenas normal que luzca porque la mayoría de sus compañeros fueron designados más por agradecimiento del Presidente que por merecimientos profesionales, como ocurre cada seis años; nada nuevo, por cierto.

No por exagerar, pero es indudable que muchos de ellos habrían fracasado en la mayoría de las tareas encomendadas a Marcelo, en especial en la extracción del ex mandatario de Bolivia (la logística para surcar cielos hostiles y reabastecer con combustible una aeronave sin vuelo autónomo ha merecido crónicas enaltecedoras en la prensa mundial) y en la explotación mediática de este hecho singular, cobijado como acción humanitaria, pero que dio un viraje dramático a la política de no intervención en la autodeterminación de los pueblos proclamada, sistemáticamente, por López Obrador.

Con independencia de las reacciones, en México, sobre las causas que motivaron la huida de Evo de su suelo patrio (el rechazo casi generalizado de los bolivianos a permitirle remendar constantemente la ley y cometer fraude electoral para mantenerse en el poder hasta que la vida se lo impidiera), por ahora, lo que aquí importa es la capacidad demostrada por el Secretario de Relaciones Exteriores para cumplir las órdenes del Presidente.

La eficacia de Marcelo se remonta a los tiempos del Presidente Carlos Salinas, cuando el entonces jefe del Departamento del Distrito Federal, Manuel Camacho, se convirtió en imprescindible para el mandatario.

Camacho fue un Secretario de Gobernación alterno que Salinas utilizó para desfacer entuertos, aunque Carlos tuvo varios más, Pepe Córdoba y Emilio Gamboa, por ejemplo.

Eran los tiempos en que por aquello de que don Fernando Gutiérrez Barrios parecía escaparse sin oposición, desde el inicio del sexenio, hacia la antesala de la candidatura presidencial le arrebataron el manejo de la policía política y la relación con los medios.

Manuel aprovechó la cercanía con su amigo de la Universidad y su capacidad de negociación para, como decía, convertirse en imprescindible. Cuando fue necesario creó conflictos para resolverlos y con ello impresionar a Salinas; en algunos participó, con sus huestes tabasqueñas, el entonces joven dirigente Andrés Manuel López Obrador, que ponía bajo asedio a la Ciudad de México en cada ocasión que era requerido a través, precisamente, de Marcelo.

Manuel Camacho Solís, ex Jefe del Departamento del Distrito Federal. Uno de los primeros en aprovechar la capacidad negociadora de Ebrard

Desde entonces, Andrés Manuel conoce las habilidades de Ebrard; por eso no es de extrañar que día a día lo utilice más y más en algunos asuntos ajenos a Relaciones Exteriores.

Digamos que, ante la evidente incapacidad de algunos miembros de su gabinete, Marcelo es usado como una especie de comodín.

Para los fines de gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador, Marcelo se ha convertido en eje político principalísimo en asuntos fundamentales de la 4T

 

LOS SECRETARIOS DE GOBERNACIÓN

Calentará al Presidente, para usar su verbo preferido, que diga aquí que en esto se parece un tanto a su villano favorito, Carlos Salinas, pues al igual que él tiene varios secretarios de Gobernación alternos. Marcelo no es el único; he visto operar a otros igualmente eficaces, si bien sin los reflectores mediáticos.

En esto reside el peligro que acecha al Secretario de Relaciones Exteriores.

Ebrard conoce, a la perfección, lo ocurrido a su mentor Manuel Camacho. Conforme a la leyenda, estaba destinado a ser secretario de Gobernación, pero, por alguna razón, Salinas optó por el gobernador de Veracruz, Gutiérrez Barrios, y lo puso a gobernar a los capitalinos, en donde en tiempos de Gustavo Díaz Ordaz ya había perdido la candidatura presidencial del PRI el regente Alfonso Corona del Rosal.

En la destrucción de su candidatura se unieron fuerzas como las de Córdoba, Gamboa, Beltrones y, posteriormente, la de Patrocinio González Garrido, convertido en Secretario de Gobernación. Al final aprovechó la rebelión del subcomandante Marcos para convertirse en candidato alterno en su condición de Comisionado para la Paz en Chiapas. Luego renunció al PRI cuando Ernesto Zedillo ocupó la candidatura vacante por la ejecución de Colosio.

Marcelo, que vivió todo aquello en carne propia, no puede darse el lujo de repetir la experiencia; nada es diferente; si acaso los nombres, pero lo que permanece es el celo que causa su capacidad de respuesta y eficacia cuando su jefe lo necesita, y también la capacidad de los contrarios para unirse y echar montón.

 

 

 

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